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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
MIÉRCOLES 24
JULIO, 2024
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La Habana
Año 66 de la Revolución
PARÍS EN EL HORIZONTE
Ramón Fonst: pionero y campeón eterno

El primer medallista olímpico cubano y de Latinoamérica resultó un apasionado de varios deportes, pero fue desde la esgrima que dio una estocada a la gloria.


Por: Tony Díaz Susavila
(antonio.diaz@inder.gob.cu)
lunes, 24 de junio de 2024 09:23 AM



Foto:

La Habana.- EL ESGRIMISTA cubano Ramón Fonst Segundo, quien estrenó a Latinoamérica en el medallero olímpico, mostró impecable ética como atleta y caballerosidad sin tacha a lo largo de sus 76 años de vida.

Las reseñas de entonces precisan que cuando venció en los Juegos Olímpicos de París 1900, lo hizo tocando tres veces a su rival, aunque por reglamento solo necesitaba hacerlo en una ocasión.

Veía como muy difícil que se reconociera vencedor en tan importante justa a un hispanoamericano nacido en La Habana, por lo que su éxito debía quedar fuera de toda duda.

La velocidad de sus desplazamientos infundía pavor, al igual que la flexibilidad y el dinamismo que le facilitaban temibles tiradas a fondo.

Así desarrolló el estilo con el que trascendió hasta merecer el sobrenombre de Zurdo de Oro.

El récord de 24 asaltos consecutivos sin ser tocado le convirtió prácticamente en un inmortal a los ojos de los más exigentes, especialmente por haberlo conseguido ante hombres que en su época fueron considerados entre los mejores del planeta.

Con 48 años, hizo trizas esa cota más de un cuarto de siglo después, cuando en los I Juegos Centroamericanos y del Caribe de México 1926 eslabonó 25 asaltos sin recibir un solo impacto, para proclamarse rey en florete, sable y espada.

AMOR POR EL DEPORTE

El deporte cautivó a Fonst desde temprano, aunque a pesar de su impecable trayectoria siempre se consideró un aficionado. La maestría del padre en las artes de la esgrima y el tiro con pistola se convirtió en referencia para el vástago, que pronto quiso imitarlo.

El joven Fonst, zurdo y de elevada estatura, vivía en Francia cuando su progenitor le llevó a ser entrenado por el galo Juan Ayat y el italiano Antonio Conte, ídolos de la esgrima en París.

Su primer éxito importante lo consiguió con solo 16 abriles, en una lid de florete organizada en el liceo Janson de Sailly. Sin embargo, fue en la segunda cita olímpica de la era moderna, celebrada en 1900 en la llamada Ciudad de la Luz, donde su nombre alcanzó notoriedad.

Allí besó la gloria enfrentado contra viento y marea a siete locales y un argentino (y a los jueces). Ganó cuatro de sus seis desafíos para conquistar el primer título para Cuba y Latinoamérica en citas bajo los cinco aros, como rey en la espada individual, y quedó subcampeón en esa misma arma entre amateurs.

Sus incursiones en esas lides dejaron una hoja de servicios extraordinaria. Redondeó un quinteto de preseas con las tres coronas disfrutadas en San Luis 1904.

Entonces brilló en florete y espada individual, y como parte de un equipo cubano-estadounidense de florete, aunque el Comité Olímpico Internacional terminó por no oficializar esa presea para la Isla. 

Sus biógrafos han destacado que además de la esgrima fue un ferviente practicante del boxeo francés, ciclismo y tiro. En 1938, a la edad de 56 años, cruzó aceros oficialmente por última vez.

RETADOR NATO

Fonst retó a duelo a más de 100 personas en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, España, Bélgica y Cuba; pero solo una aceptó enfrentársele en el campo del honor.

En entrevista concedida a fines de 1958 confesó que «muchas personas, por envidia u otras razones, quisieron hacerme daño. Yo respondía invariablemente con un reto».

Pero insistió en que lo hizo para defender su dignidad. «Siempre estuve dispuesto a batirme con cualquiera. Claro, en aquellas circunstancias en las que creía que yo tenía la razón», argumentaba.

«Con el esgrimista francés Adolfo Kerchoffer había tenido ciertas diferencias en Francia. Supe de su estancia en La Habana y aproveché la ocasión para que me diera explicaciones o me acompañara al campo del honor y dirimir así nuestros problemas por medio de las armas.

»¡Sorpresa! Recibí del señor Kerchoffer una respuesta inesperada. En un acta que suscribieron mis representantes, los señores Carlos Mendieta y Orestes Ferrara, ambos coroneles del Ejército Libertador y figuras prominentes de nuestra vida política, se deshacía en explicaciones y disculpas».

Ramón Fonst Segundo nació en la capital cubana el 31 de agosto de 1883 y falleció en la propia urbe el 10 de septiembre de 1959, víctima de un coma diabético.

Colocó a su país en el panorama deportivo internacional y es todavía un referente que genera orgullo.

 

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