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Santiago de Chile.- LOS SEGUIDORES de la lucha grecorromana en este país se frotan las manos por el posible enfrentamiento de Oscar Pino y Yasmani Acosta en la final de los 130 kg en el torneo correspondiente a los XIX Juegos Panamericanos.
La noticia de que el tetracampeón olímpico Mijaín López no participaría en la justa corrió como pólvora en los medios de comunicación chilenos.
De un lado porque se bajaba de la lid una figura legendaria, y del otro porque parecían abrírsele las puertas del trono a Acosta, un cubano que desde hace años representa a esta nación austral.
Acosta atesora varias medallas a nivel panamericano, pero sobre todo el quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y el metal de bronce en el certamen mundial de París 2017.
Frente no tendrá al gran Mijaín, pero sí al muy talentoso Oscar Pino, en cuyas vitrinas guarda cuatro medallas mundiales (0-1-3), ocho a nivel continental, incluidos varios títulos, y el reinado en los XXIV Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023.
Todos saben que el plus de la localía no debe alcanzarle a Acosta para protagonizar algo inédito para Chile: ganar una corona a este nivel en este deporte. Incluso porque no vive sus mejores días, nótese que en los dos últimos certámenes mundiales acabó en las posiciones 17 y 26.
Pino y los recientes monarcas del orbe Luis Orta (67 kg) y Gabriel Rosillo (97 kg) encabezan una nómina llamada a dominar el estilo clásico en Santiago 2023.
Pino tratará de seguir el camino de Mijaín, quien no perdió desde Santo Domingo 2003 hasta Lima 2019. Rosillo buscará reeditar su corona de hace cuatro años y Orta es superfavorito a la faja que le fue esquiva en la edición precedente (tercero).
Esas tres coronas parecen inapelables para Cuba, de modo que Kevin de Armas (60 kg), Daniel Grégorich (87 kg) y Yosvanys Peña (77 kg) tienen la tarea de superar la cosecha anterior.
Los dos últimos ganaron metales de bronce en la capital peruana, pero sus experiencias alcanzan para superar a estadounidenses, canadienses, boricuas y venezolanos, a priori los principales rivales en el Centro de Entrenamiento Olímpico de Ñuñoa los días 3 y 4 de noviembre.
En el estilo libre repiten por Cuba sus dos campeones de 2019, los veteranos Alejandro Valdés (65 kg) y Yurieski Torreblanca (86 kg). Hay que contar con sus talentos de cara al oro, aunque el elenco de Estados Unidos siempre sale con etiqueta de favorito en todas las divisiones.
De los restantes cuatro convocados, tres debutan a este nivel, a decir Osmani Diversent (57 kg), Arturo Silot (97 kg) e Ibrahin Torres (125 kg). Talento a borbotones, pero rivales de mucha consideración.
El otro integrante del grupo es el experimentado Franklin Marén (74 kg), ganador de un metal de bronce a nivel mundial en 2018 y del subcampeonato en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Difícil la tarea para él en esta oportunidad.
En cuanto a las chicas del profesor Filiberto Delgado, solo Yusneylis Guzmán (50 kg) repite del grupo que conquistó cuatro medallas en la edición precedente de los juegos panamericanos. Ella, por ejemplo, alcanzó plata y esta vez vuelve a mirar con fuerza a la final.
El resto de las convocadas guarda una pieza de lujo, la campeona mundial juvenil y sub-23 años, además de dorada olímpica de la juventud, Milaymis Marín Potrillé (76 kg). Acabada de clasificarse a los Juegos Olímpicos de París 2024, tiene potencialidades para buscar la final del evento y hasta reinar.
Laura Herin (53 kg), Ángela Álvarez (57 kg), María Fernanda Santana (62 kg) y Brenda Elizabeth Sterling (68 kg) forman parte de la nueva hornada cubana en esta disciplina, muy talentosa y prometedora. Sin embargo, la fuerza de Estados Unidos, Canadá y Colombia, entre otras individualidades, hace difícil pensar en coronas y hasta en podios.
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