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La Habana.- EL 28 de junio de 1987 Mike Tyson le arrancó varios centímetros de la oreja derecha a Evander Holyfield en uno de los duelos más “sonados” en la historia del pugilismo profesional.
Varios medios recuerdan hoy que fue el momento estelar de la temporada. Y también el mejor pagado hasta entonces, pues Holyfield cobró 35 millones de dólares y su agresor 30, aunque la multa por conducta antideportiva le costó tres millones.
«Yo no pensaba en el boxeo cuando lo mordí... Me volví loco... Solo pensaba en las drogas», confesó después el polémico pegador estadounidense, que a los 53 años, y tras 15 de su última subida al ring, dice estar apto para enrolarse en un combate de exhibición.
«No estoy buscando nocauts y no voy a más de tres rounds de tres minutos. Lo haremos de manera adecuada. Pero voy a estar en buena forma», aseveró quien el 22 de noviembre de 1986 se erigió en el más joven monarca universal de la división máxima del circuito rentado.
Su anuncio estremeció a simpatizantes y detractores, con matices que van desde el posible rival hasta el interés por comprobar la forma alcanzada por el hombre que solo tenía 20 años, cuatro meses y 22 días cuando despachó a Trevor Berbick por la faja de la WBC.
Antes había optado por llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, pero cedió dos veces en las eliminatorias ante Henry Tillman, finalmente rey de los 91 kilos allí.
Sus biógrafos aseguraran que esos desenlaces compulsaron el salto a los combates por pago, donde debutó el 6 de marzo de 1985 con crédito en el asalto inicial sobre el puertorriqueño Héctor Mercedes.
En lo adelante tejió una leyenda marcada por su fogosidad sobre entre las cuerdas y abundantes escándalos personales, porque tocar la gloria no le bastó para despojarse de la pésima conducta fraguada desde una infancia que a los 13 años le había dejado 38 arrestos.
En un centro de detención juvenil escuchó una charla de Muhammad Ali, y en una penitenciaria conoció al ex boxeador profesional Bobby Stewart, quien había llegado a ser campeón nacional aficionado y lo entrenó durante unos meses.
En marzo de 1980 este le presentó al famoso estratega Cus D'Amato, clave en su tránsito hacia el estrellato, pero el vínculo se deshizo cuando una niña de 11 años, hija de otro técnico, acusó a Tyson de comportamiento sexual inadecuado.
Con ese y otros episodios sobre sus espaldas, el 19 de julio de 1991 citó a la suite 606 del hotel Canterbury de Indianápolis a la estudiante de 18 años Desiree Washington, y terminó acusado de violación.
Siempre lo negó, pero el 26 de marzo de 1992 la juez Patricia Gifford sentenció al pugilista a seis años de prisión y 30 mil dólares de indemnización a la víctima.
Salió por buen comportamiento luego de tres años y ocho meses, mas eso no significó que fiestas, drogas, alcohol, depresión, sobrepeso y otros incidentes delictivos dejaran de ser parte de su vida.
El reencuentro con el éxito tuvo un bache el 9 de noviembre de 1996: Holyfield lo superó por nocaut técnico en once asaltos, convirtiéndose en el segundo triple campeón mundial de los pesos pesados.
La revancha llegó el 28 de junio del siguiente año, promocionada como “La Sombra y la Furia”, y fue comprada por 1.99 millones de televidentes.
Las reseñas precisan que al comienzo Holyfield fue sancionado por constantes cabezazos, lo que enfureció a Tyson, quien apeló a las mordidas y perdió por descalificación, aunque también estaba debajo en las boletas.
Un trozo de oreja de Holyfield fue encontrado en el ring, pero no se le pudo coser.
Ahora el episodio recobra actualidad en medio del interés despertado por los vídeos que muestran a un veterano Tyson sorprendentemente ágil y sólido en sus entrenamientos, pero nada será suficiente para echar a un lado las sombras que opacan su luz como atleta.
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