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Doha, Catar.- LA ÚLTIMA final que se vive cada noche en el Khalifa Stadium es todo un espectáculo. Sobrepasa los límites de lo transcurrido hasta entonces en el Campeonato Mundial de Atletismo y en la ciudad, aun cuando en esta hay mucho para asombrar a los visitantes.
Por un instante todo queda a oscuras… de repente las luces de colores se adueñan de la pista, la recorren como si fueran las que disputaran el oro, carteles lumínicos reflejan los nombres de los concursantes y el audio local aporta una presentación majestuosa… tanto que, con palabras, es casi imposible describir lo que acontece en escasos minutos.
Pero eso es apenas un reflejo de lo que mantiene sin aliento al visitante en cualquier rincón de esta urbe. No importa desde qué parte del planeta haya llegado, incluso quienes viven en megaciudades se deslumbran ante lo conseguido por los cataríes en su empeño de ser diferentes.
Una imagen futurista que en las noches se colma de luces de colores por doquier, nada escapa a los rojos, azules o verdes brillantes, decenas de rascacielos son iluminados como gigantes árboles de navidad… grandes avenidas parecen estar a plena luz del día y hasta las palmeras se muestran orgullosas “enredadas” en guirnaldas fosforescentes.
La zona de La Perla es un archipiélago artificial de aproximadamente cuatro millones de metros cuadrados. Un espacio robado al mar para crear islas artificiales y convertirlas en el más lujoso de los centros residenciales y hoteleros del planeta.
Allí se reúnen casi todas las compañías importantes en el sector turístico y conviven muchos de los occidentales radicados aquí por trabajo. Es la zona más internacional de la ciudad, en la que se hace menos estricto el uso de las prendas tradicionales, en medio de una sociedad muy cerrada a cualquier tipo de influencia extranjera.
Doha es también una ciudad en obras. Ninguno de sus espacios vacíos escapa a la construcción, y si en estos momentos son cientos sus altísimos edificios, en apenas unos años la cantidad será “aplastante”.
El circuito del nuevo Metro anda igualmente a medio terminar, dicen que se estrenará para la Copa Mundial de Fútbol en el 2022, e incluso ya fueron edificadas la mayoría de las estaciones, todas idénticas con la gran M de diseño árabe que identificará aquí el modo de transporte más popular en muchos países del mundo.
Todo es lujoso, al parecer los cataríes no conciben nada de pequeñas dimensiones, los centros comerciales se convierten en su lugar de vida social preferido y semejan ciudades, eso sí totalmente climatizados porque caminar por los exteriores es imposible a casi 40 grados Celsius la mayor parte del día.
Intentar respirar una bocanada de aire fresco en medio de la calle es una misión imposible… permanecer más de 30 minutos en algún área exterior te hace pensar en el interior de un horno gigante… y solo lo hacen quienes realizan los trabajos de construcción, jardinería u otros servicios públicos.
Por cierto, estos siempre emigrantes. Filipinas, India, Bangladesh o Pakistán son regularmente los países de orígenes. La población nacional es reducida, apenas llegan al millón de habitantes y reciben todo tipo de beneficios que van desde altas pensiones vitalicias hasta el uso gratuito de luz, gas y educación.
Ellos presumen de poseer la renta per cápita más elevada del mundo. Basaron su desarrollo en el comercio de perlas y la pesca en el Golfo Pérsico, hasta que descubrieron incalculables reservas naturales de gas y petróleo.
Su altísimo nivel de vida lo reflejan en todo momento. Autos lujosos, tiendas de famosas marcas en las que gastan fortunas en joyas y ropas –que las mujeres solo exhiben en familia– y hasta a los servicios sociales se ha trasladado su pasión por la ostentación.
Poseen un grandioso Museo de Arte Islámico, encargado a Ileoh Ming Pei, arquitecto de la pirámide del Louvre, y cuyo hermoso diseño de arcos representa los ojos de las mujeres islámicas tras el niqab o velo.
El más reciente Museo Nacional es una sobredimensionada rosa del desierto y aunque por el momento su colección no destaca entre las mejores del mundo, la jequesa Sheika Al Mayassa, hermana del actual emir, tiene la misión de convertir a Doha en la capital del arte mundial y dicen que invertirá 700 millones de euros anuales con ese objetivo.
Así es Doha a muy grandes rasgos, una ciudad deslumbrante, con pasión por las luces y combinación de la arquitectura occidental, en medio de su apego a las tradiciones.
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