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La Habana.- LAS CITAS mundiales de atletismo tuvieron su segunda edición a mediados de 1987 en Roma, donde se consolidaron un poco más sus bases, aunque lamentablemente terminó marcada por uno de los escándalos de dopaje más famosos de la historia.
En el Estadio Olímpico de la capital italiana se dieron cita mil 141 atletas de 157 países, y la entonces República Democrática de Alemania volvió a ocupar la cima del medallero con terna de 10-12-12, dejando a la armada de Estados Unidos como escolta con 10-4-7.
El mítico Carl Lewis repitió oros en 100 metros, salto de longitud y el relevo 4x100, pero el primero de esos cetros le llegó con carácter retroactivo, al descubrirse en 1988 el dopaje de Ben Jhonson.
El canadiense fue –inicialmente- el campeón del hectómetro en la llamada Ciudad Eterna, con récord mundial de 9.83 segundos, considerado entonces de otra galaxia. Sin embargo, la magnitud de la hazaña se desvanecería un año después, cuando en los Juegos Olímpicos de Seúl quedaran al descubierto sus trampas.
Restos de estanozolol se encontraron en su muestra de orina, tres días después de vencer en la capital sudcoreana. Y aunque alegó su inocencia en un primer momento, más tarde confesaría su culpa y hasta el consumo de esteroides durante la justa romana.
De esa manera, Lewis obtuvo la razón para sus palabras, pues más de una vez alertó sobre el uso de sustancias prohibidas, que aunque sin mencionar nombres hacían evidente referencia a los habituales “buenos” registros del canadiense nacido en Jamaica.
Tras aquel suceso quedó como único récord de Roma los 2,09 metros de altura saltados por la búlgara Stefka Kostadinova, vigente 32 años después.
La carrera de los 400 metros con vallas para hombres se convirtió en otro momento espectacular de la justa, por el segundo trono consecutivo del estadounidense Edwin Moses, quien pasó la línea de meta con crono de 47.46 segundos, apenas dos milésimas por delante de su compañero Danny Harris y del alemán Harald Schmid. Por cierto, ese podio resultó idéntico al de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.
Cuba aumentó a dos sus premios, ambos de bronce, con la repetición del discóbolo Luis mariano Delís y el debut de la cuarteta de 4x400 integrada por Leandro Peñalver, Agustín Pavó, Lázaro Martínez y Roberto Hernández.
Para la Isla fue cita de estreno de figuras que luego escribirían relevantes historias en estos eventos: el saltador de altura Javier Sotomayor acabó noveno con 2,29 metros, un año antes de convertirse en recordista mundial; y la ochocentista Ana Fidelia Quirós terminó cuarta con 1:55.84 minutos.
Aliuska López no pudo superar las semifinales de los 100 metros con vallas; Maritza Martén finalizó novena del disco con 62 metros y Roberto Hernández ancló en el cuarto escaño de los 400 metros, dueño de 44.99 segundos.
La veterana María Caridad Colón no clasificó a la discusión de las medallas en la jabalina, pero Ivón Leal se encargó de mantener a Cuba en la élite de la prueba con un octavo lugar gracias a 64,90 metros.
Eusebia Riquelme inició el 4x100 femenino, ganador de un buen sexto puesto, que además incluyó a Aliuska, Susana Armenteros y Liliana Allen.
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