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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación (INDER)
ANIVERSARIO 60 DEL CERRO PELADO
José Verdecia y el día que Fidel le preguntó por sus goles

A sus 74 años, el exdelantero de la selección cubana de fútbol rememora la epopeya del Cerro Pelado y su posterior encuentro con el líder de la Revolución.


Por: Roberto Ramírez
(roberto.ramirez@inder.gob.cu)
viernes, 12 de junio de 2026 02:08 AM



Foto: JIT Colaborador

La Habana.- JOSÉ Verdecia habla de su participación en la epopeya del Cerro Pelado sin esconder la sonrisa.

Mira hacia la nada, como si detrás de la pared blanca del salón de su casa, ubicada en el capitalino municipio Boyeros, se pudiera ver todavía aquel barco meciéndose en alta mar.

Tiene 74 años, es de Las Tunas, de Manatí. Es padre, abuelo, esposo y nunca, ha dejado de ser futbolista.

«Siempre delantero», dice con una seguridad que el tiempo no ha logrado desgastar.

Su memoria es prolija, pero no confía del todo en ella. Por eso, cuando comienza su diálogo con JIT, saca una hoja de papel doblada donde tiene anotados datos importantes. Teme olvidar. Son varias décadas y muchas batallas.

Entre las más importantes cuenta la primera medalla del fútbol cubano después del Triunfo de la Revolución. Precisamente el metal de bronce conseguido en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico, en 1966.

«Antes hubo una medalla centroamericana en 1930. Pasaron 36 años. La próxima a esa instancia la cogimos nosotros», dice Pepe, como cariñosamente lo llama su compañera de vida, y en su voz hay un orgullo que no necesita estridencias.

Según rememora, ningún miembro de la delegación que asistiría a la lid regional en territorio boricua sabía que viajarían en barco.

«Desde el principio el Comandante en Jefe había dicho que como quiera, caminando, nadando, pero íbamos a estar en la competencia. Y así fue», certifica.

En la travesía entrenaban. El barco se movía de un lado a otro, el balón rodaba descontrolado y ellos corrían tras él como si la cancha estuviera firme.

«Hacíamos resistencia a la velocidad, velocidad, resistencia general. De todo lo que se podía».

Era la primera vez que José montaba un barco, mas no se quejaba. Nadie se quejaba.

«Nunca vi a nadie de la delegación, y éramos más de 300, triste, preocupado o con miedo, ni siquiera cuando llegamos y los aviones enemigos empezaron a sobrevolar por encima del barco. Todo era chiste, risas, entrenamiento duro, juegos. Cubanos siendo cubanos», alega el exgoleador.

«Y todas las noches, de ocho a once, música y bailes con Pacho Alonso. Para mí un placer porque me encanta bailar», confiesa Verdecia, y por un instante es otra vez aquel muchacho de 24 años.

La competencia fue intensa. Se enfrentaron a seis equipos profesionales. Pero Cuba logró el tercer lugar tras perder dos partidos contra México y Antillas Holandesas. Y él, delantero de raza, quedó líder de goleo.

Ante la pregunta por los goles que convirtió en aquel torneo, echa un vistazo al papel entre sus manos, y responde satisfecho: «Seis».

El regreso a la Isla fue apoteósico. Tras la travesía de vuelta llegaron a Santiago de Cuba, y desde allí recorrieron el país en tren.

«En cada recibimiento no podíamos casi ni bajar a los andenes, porque el pueblo se agolpaba a felicitarnos. Todo el mundo arriba de nosotros: "¿Y tú quién eres?", "¿Y cuál es tu deporte?"», cuenta.

No había televisión que mostrara sus rostros, pero la gente los esperaba igual. Los abrazaban. Los cargaban.

«El pueblo colmó todas las terminales», recuerda Verdecia. Su voz se quiebra apenas un segundo, y regresa la sonrisa.

No obstante, lo más grande, lo que José Verdecia guarda como un tesoro que el tiempo no puede oxidar, ocurrió después: el encuentro con Fidel.

El líder histórico de la Revolución Cubana saludó a cada deportista por separado.

«Cuando le tocó el turno al equipo de fútbol, preguntó: “¿Dónde está Verdecia?”. Yo salí. “Dígame, comandante”. Me tendió la mano y lo escuché decir: “Al fin conozco a Verdecia. Tú metes muchos goles. Siga así, que va muy bien”. «Gracias, comandante», alcanzó a balbucear.

El exdelantero se toca las manos al contar la anécdota. Hace una pausa, suspira, y parece que aún siente aquel apretón.

«Yo por Fidel me muero. Y al decir Fidel, estoy diciendo Cuba», asevera.

En la actualidad, José Verdecia sigue pendiente del fútbol nacional y extranjero. También es fiel seguidor del béisbol.

«El fútbol y el deporte en general son mi vida», afirma.

Ya no pisa las canchas, pero se siente pleno y feliz de estar en su país y haber formado parte de la historia que lo engrandece.

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