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San José.- NO BASTÓ con el dominio absoluto en la primera mitad, ni con la energía desbordante del segundo tiempo. La selección cubana Sub-21 cayó derrotada en su segundo amistoso ante Costa Rica, mas el 1-0 final apenas cuenta la historia de una tarde donde el fútbol cubano fue fiel a sí mismo: pundonoroso, valiente y ahora también alegre y ordenado.
Desde el pitazo inicial, los pupilos de Pedro Pablo Pereira embotellaron a Costa Rica en su propia área. La posesión fue cubana, la intención también, y las oportunidades llovieron sobre la meta tica.
Diego Catasus volvió a tener un mano a mano ante el portero, pero el arquero local, igual que en el primer amistoso, salvó su arco con una intervención milagrosa luego de que el medio cubano apuntara a su anatomía.
La más clara, sin embargo, llegó en los pies de Alessio Raballo: sin portero, con el arco a su merced, el delantero cubano mandó el balón fuera. El fútbol, ese viejo oficio que nunca perdona, escondió la factura para después como castigo implacable.
El viejo adagio futbolístico se cumplió sin demora. Cuando no haces los goles, te los hacen. Costa Rica encontró el tanto en apenas su segunda llegada al arco de Yorlan Urgellés, y el marcador se puso cuesta arriba para los cubanos.
LA MANO DEL ÁRBITRO: DOS EXPULSIONES Y UN PARTIDO ROTO
La segunda mitad fue un calvario para el orden táctico. El árbitro, lejos de dejar fluir el juego, se convirtió en protagonista absoluto con dos expulsiones fulminantes para Cuba.
La primera cayó sobre Urgellés y la otra sobre Camilo Pinillo, quien ni siquiera había participado en la jugada donde Elvis Casanova cometió una falta sobre un local, ni en la reyerta posterior que desató el defensor costarricense Keymar Mclean.
Mclean hizo de todo amparado por la permisividad del principal, aunque finalmente también fue a las duchas. Con 9 hombres en la cancha, los cubanos se replegaron y se interesaron por el orden defensivo.
PEREIRA: «EL MARCADOR ES SECUNDARIO»
Al entrenador cubano no le tembló la mano: en lugar de aferrarse a la resistencia, decidió cambiar a todos los titulares.
«Aquí vinimos a aprovechar la oportunidad de preparar el equipo, el marcador es secundario, nos interesa tener un recambio apto para los Juegos Centroamericanos y podemos decir con certeza que lo tenemos", explicó Pedro Pablo Pereira sin que la vanidad del resultado nublara los objetivos de construir y ensayar.
LA REBELIÓN DE LOS 9
Incluso con inferioridad numérica, los de la Isla se las arreglaron para crear preocupaciones a domicilio.
Primero, soportando al rival necesitado de marcar por tranquilidad y también por inconformidad con lo mostrado en la cancha; luego, atacando a discreción.
Con uno de menos, Cuba también tuvo intención y peligro. El empate estuvo más cerca que nunca cuando una falta grosera de la zaga tica contra Aniel Casanova, manos en el cuello, y derribo flagrante y evidente, no fue pitada por el principal, al que faltó esta vez la determinación que le sobró para romper un partido disputado con expulsiones. Para los ticos, el silencio del árbitro fue más efectivo que su defensa.
El último minuto y el silbato de la sentencia
Cuando se jugaba el último minuto, en el enésimo derroche de denuedo y fútbol de los cubanos, justo cuando Roberto Carlos quedaba en posición de entrar al área y enristrar su disparo al portero, el árbitro decidió sonar su silbato y apagar la rebelión cubana y alivió los pesares de la defensa costarricense: fin del partido.
DECLARACIONES FINALES DE PEREIRA
«Para nosotros fueron muy provechosos estos partidos, se dieron circunstancias que nos obligaron a tomar determinaciones y llegar a la conclusión de que estamos listos para enfrentarlas en juego real», afirmó el técnico para JIT al concluir el encuentro.
«Me quedo con el trabajo colectivo y con la comprensión táctica de las distintas situaciones, además de la voluntad de todos y la vocación de sacrificio. Nos vamos muy contentos con el trabajo realizado aquí», agregó.
Costa Rica se llevó la victoria, pero Cuba se llevó la certeza de que, incluso ante la adversidad, este equipo tiene fútbol, orden y alma para soñar en Santo Domingo 2026.
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