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La Habana
Año 68 de la Revolución
ENTREVISTA
Luis Gustavo: «Mi vida es el deporte y la sicología»

Acaba de recibir la Orden Carlos Juan Finlay y se acoge a una jubilación activa. 


Por: Tony Díaz Susavila
(antonio.diaz@inder.gob.cu)
martes, 12 de febrero de 2019 12:32 PM



Foto: Calixto N. Llanes

La Habana.- SE GRADUÓ como sicólogo clínico en 1974 en la Universidad de La Habana, pero paradojas de la vida hicieron que desarrollara casi toda su vida profesional entre atletas, colegas y docentes desde el prestigioso Instituto de Medicina del Deporte (IMD).

«Quería ser sicólogo clínico, pero la vida me deparó algo que obviamente me enorgullece», dijo en amplio diálogo con JIT el Doctor en Ciencias Sicológicas Luis Gustavo González Carballido.

Recientemente ha sido galardonado con la orden Carlos Juan Finlay, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba a investigadores nacionales y extranjeros, y a colectivos científicos, por sus méritos y aportes al desarrollo social y económico de la humanidad. Ante ello se siente sumamente comprometido.

«El IMD me lo ha dado todo. Fue creado en 1968. Allí me recibió el doctor Arnaldo Pallarés, entre otros. Entré más impulsado por lo que allí podía investigar. La primera aproximación fue buena. Me gustó lo que vi porque intuí que se podía aplicar la clínica», destacó.

«La clínica no es hacer terapia, como pensaba cuando egresé de la Facultad de Sicología, en la época en que quería ser sicoterapeuta. En el ámbito del deporte no se hace terapia. No es ese el fuerte, pero como método de abordaje e investigativo sí se aplica y me sirvió de mucho», explicó.

De adolescente le fascinaba la siquiatría, de ahí la pasión por la sicología clínica, pues guarda relación con el estudio de la subjetividad del ser humano.

«Pero, cuando supe —a través de mi papá, quien me llevó a hospitales— que para ser siquiatra había que estudiar Medicina y después esa especialidad, desistí. Además descubrí mediante un libro que existía la sicología como especialidad», contó.

Llegado al IMD, le insertaron de inmediato en el equipo de atletismo, con el cual solo estuvo un año en una primera etapa. Luego, apoyó la preparación sicológica del equipo nacional de baloncesto que había ganado la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972.

«Entre aquellos jugadores estaban Pedro Chapé y Alejandro Urgellés, ambos ya desaparecidos. Todavía algunos me vienen a consultar, como Ruperto Herrera», abundó. Con Carmelo Ortega, director del plantel, y sus muchachos, recorrió medio mundo.

«Cuando más enamorado estaba del baloncesto, el doctor Pallarés me convidó a trabajar con el tiro deportivo. Me convenció con una frase sumamente inteligente: «uno se enamora de lo que quiere enamorarse, en cuanto a profesiones se refiere. Yo sé que le encontrarás el atractivo necesario al tiro». Y así fue. Estuvo cuatro años en medio de balas y dianas.

DÉCADA Y MEDIA CON EL ATLETISMO

Practicar esgrima en el nivel secundario y en la Universidad, como parte de los Juegos Caribes, le sirvió para conocer de la voluntad, la entrega, los sinsabores, el sacrificio y el denuedo de los deportistas.

Su desempeño como sicólogo del deporte hizo que lo destacaran entre 1985 y el 2004 en el atletismo. Eso, si no es un récord para la historia, está bastante cerca para un profesional de su especialidad.

«Atendí a varios recordistas, titulares mundiales y olímpicos. Fue una etapa de duro andar, pero reconfortante», admitió.

De ello pueden dar fe los plusmarquistas y multicampeones Javier Sotomayor e Ioamnet Quintero, saltadores de altura, el “saltamontes” Iván Pedroso y los triplistas Yoelvis Quesada, Aliecer Urrutia y Yoel García.

«Me pusieron en el área de saltos, cuando ya Sotomayor era campeón mundial juvenil. Su entrenador, José Godoy, me pidió ocuparme de aspectos concretos de su preparación sicológica y lo asumí con mucho gusto», recordó con brillo en los ojos.

«Sotomayor fue uno de los deportistas más esforzados. No quiero comparar, ni establecer parangón alguno con otros, pero esa combinación de esfuerzo sin medir costos, disciplina, motivación e inteligencia, pocas veces la he encontrado», aseguró.

«Cuando evalué a Sotomayor, a su personalidad, me sorprendí del aprovechamiento intelectual que tenía. Las dos pruebas de inteligencia de mejor rendimiento que he visto en mis 45 años de práctica son la de Sotomayor y la de un tirador de fusil llamado Raúl Llanos», memorizó.

«Lógicamente, tengo centenares de momentos y anécdotas inolvidables con ellos, como la noche previa a una final en que Ana Fidelia Quirós no podía dormir y tuve que hacer maravillas para que conciliara un sueño reparador», ejemplificó sonriente. «Me siento parte de la familia del atletismo», agregó.

Luis Gustavo igualmente atendió la lucha libre, especialmente al rey olímpico Yandro Quintana, y a los medallistas Alexis Rodríguez e Iván Fundora.

UN DOCTORADO DIRECTO

«Como brigadista técnico-juvenil obtuve cinco medallas Forjadores del Futuro y me abrieron el camino al doctorado, algo que para entonces era complejo, pues se tenía un concepto distinto al de hoy. El derecho a hacerlo llegó casi junto con un automóvil otorgado por el Consejo de Estado, debido a la labor como investigador y brigadista», evocó con un tono de sorpresa.

«El doctorado se podía hacer en el extranjero, pero yo quise realizarlo en Cuba. La Doctora en Ciencias Sara Saragosi fue mi tutora. Había acabado de regresar de la Unión Soviética. Le agradezco mucho, porque en el ámbito del deporte no habían doctores en Ciencias Sicológicas», rememoró.

Tal vez por eso, tiempo después, en el 2008, cuando ya era presidente de la Sección de Sicología del Deporte de la Sociedad Cubana de Sicología, Mario Granda, director del IMD, le propuso ser subdirector del IMD para atender ese ámbito.

«Realmente lo pensé, porque nunca creí ser un cuadro administrativo, valoré más ser un profesional. No obstante, vi una posibilidad de ayudar al desarrollo de la sicología deportiva en general. Entonces hubo un éxodo de sicólogos de experiencia y eso terminó por decidir que asumiera la responsabilidad. La verdad es que quise dar un impulso», argumentó.

El IMD fue el único centro laboral de este capitalino de Marianao, nacido en 1952, quien tiene el orgullo de «no haberme amedrentado por contar con pocos especialistas como la doctora Luisa María o el doctor René Barrios, quienes todavía están allí.

»Esas circunstancias me llevaron incluso a hacer una asignatura optativa de la especialidad en la Facultad de Sicología de la Universidad de La Habana.

»Primero fue un curso de verano, del cual salieron varios jóvenes que actualmente están en el IMD. De hecho, me jubilé hace pocos meses y me sucedió el licenciado César Montoya, egresado de aquella experiencia», alertó.

JUBILADO, NO RETIRADO

«Me contraté como investigador titular y estoy asesorando varios doctorados, siguiendo la línea de toda mi vida. Me propusieron integrar el Tribunal Nacional de Grados Científicos de la Cultura Física, fundado en el año 2000. El Dr. Cs. Iván Román lo preside y soy uno de los vicepresidentes. Ya son más de 200 los que ostentan el grado de Doctor en Ciencias en nuestro país», detalló con satisfacción.

Luis Gustavo tocó la gloria con su desempeño día a día, aunque la orden Carlos Juan Finlay se encargue ahora de sentenciar esa verdad inobjetable.

«Para mí es un compromiso inmenso. Finlay representa mucho para todos los que se consideran hombres y mujeres de ciencia. Me honra y compromete este premio. Mi vida es el deporte y la sicología».

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