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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
VIERNES 9
DICIEMBRE, 2022
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La Habana
Año 64 de la Revolución
Mercedes Pérez Hernández
“Mamita” Pérez y sus eternos rematazos por Cuba

Tras casi dos décadas en la selección cubana de voleibol y varios años como entrenadora, su condición de jubilada no la ha separado del deporte que ama.


Por: Lisset Isabel Ricardo
(lisset.ricardo@inder.gob.cu)
martes, 23 de agosto de 2022

Trayectoria...

Campeona mundial en 1978. Tres veces reina panamericana y centrocaribeña. Asistió a tres ediciones de los juegos olímpicos.

En la actualidad...

Jubilada. Profesora de educación física en la Escuela Primaria Vo Thi Thang.


La Habana.- ESTA FORNIDA mujer parece detener el paso de los años con su cálida sonrisa y andar ligero. Todavía trata de aportar al desarrollo del voleibol en Cuba, deporte que abrazó desde niña y en el cual se convirtió en una de sus mayores leyendas.

Mercedes Pérez Hernández, más conocida por “Mamita” Pérez, debutó en la selección nacional durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan 1966, en Puerto Rico.

Apenas siendo una adolescente vivió aquella hazaña relevante del Movimiento Deportivo Cubano, pues la delegación llegó a la sede a bordo del buque mercante Cerro Pelado ante la negativa del gobierno de Estados Unidos de permitirle su presencia en la lid.

Con impresionantes fortaleza física y poder de salto, las habilidades técnico-tácticas adquiridas bajo la tutela de Eugenio George la convirtieron en una de las más virtuosas jugadoras de la época, cuando por sus logros internacionales las integrantes de aquel equipo fueron bautizadas como las Espectaculares Morenas del Caribe.    

Esta capitalina, hija de padres espirituanos, sumó 18 años en la escuadra de lujo. Compartió triunfos en los más importantes torneos, el más sonado aquel 6 de septiembre de 1978, cuando se erigieron campeonas mundiales y ella la más destacada en la lid celebrada en Moscú. Ese año la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) la seleccionó además como la atleta más completa del planeta.

En su cofre atesora otras medallas: las de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974, 1978 y 1982; en los Juegos Panamericanos de 1971, 1975 y 1979, antecedidas por la de bronce en los de 1967. Además guarda otras preseas en múltiples torneos internacionales.

No pudo alcanzar el podio olímpico en los tres juegos a los que asistió: Múnich 1972 (sexto), Montreal 1976 (quinto) y Moscú 1980 (quinto). Sin embargo, resultó una de las 21 candidatas de la FIVB a la elección de la mejor jugadora del siglo XX, distinción que recayó en su compatriota Regla Torres, triple campeona olímpica.

Otra excepcional atleta de la Isla aspirante a esa nominación, Mireya Luis, fue precisamente la que ocupó el lugar de Mamita tras entregarse en cuerpo y alma por casi dos décadas al equipo nacional, en especial a aquel titular del orbe que agrupó a jugadoras de la talla de Nelly Barnet, Mercedes Pomares, Lucila Urgellés, Ana Ibis Díaz, Mavis Guilarte, Imilsis Téllez, Ana María García, Sirenia Martínez, Maura Alfonso y Erenia Díaz. 

«En 1983 Eugenio fue poniendo a Mireya en mi posición y en 1985 me sustituyó como atacadora auxiliar titular. Dos años después parí y me dediqué a mi hija», cuenta.

Mamita quiso estudiar medicina, pero debido a las exigencias del deporte solo cursó dos años y se graduó de técnico medio en laboratorio clínico. Entonces se decidió por la carrera de periodismo y tras el retiro del equipo se incorporó a la redacción de Tele Rebelde.

«Casi tres años después Eugenio me pidió que lo ayudara con las nuevas generaciones en la escuela Cerro Pelado. Trabajé varios cursos con las cadetes y juveniles junto a su hermano Eider. Fuimos a varias competencias internacionales», relata.

En el curso 1991-1992 George la solicita oficialmente para apoyar en la preparación de la selección que se preparaba con vistas a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. De paso le sugirió que estudiara cultura física. Cinco años después Mamita hizo su segunda graduación universitaria.

«Tuve la satisfacción de entrenar a ese grupo junto con Eugenio y Ñico Perdomo. No fui a los Juegos, pero con que ganaran el oro fue suficiente. Ayudé al equipo, me sentí muy bien y ellas conmigo. Las acompañé a la preparación de 21 días en la altura mexicana y a algunos torneos», destaca.

«Valió la pena esa etapa, para mí la clave del triunfo fue la fuerte e intensa preparación en la altura. Eugenio trabajaba duro dos sesiones diarias, no había sábado ni domingo libres. Las muchachitas se entrenaron muy bien y se portaron excelentes, muy concentradas», reconoce.

Recuerda también con cariño los cuatro años con el equipo de las Morenas del Caribe Retiradas, bajo la tutela de Andrés Machito Hevia.

«Nos entrenábamos en la Ciudad Deportiva. Fuimos a República Dominicana e Islas Caimán y ganamos los dos torneos. Después que Andrés falleció no tuvimos a alguien que quisiera comprometerse con esa tarea», afirma.

Mamita se fue a México de misión… «Trabajé cuatro años en Campeche, de 1998 a 2002. Logramos lo que nadie pudo en ese estado y me volvieron a pedir por igual tiempo. Me entregaron el Gran Premio del Honor Deportivo. Después estuve ocho años en Venezuela. Aquí en Cuba no lo pude hacer más como en aquella época con Eugenio», lamenta.

Ya hace casi una década que se jubiló, «pero no me adapto, necesito estar en movimiento. Una atleta de alto rendimiento siempre tiene que estar “arriba de la bola”, como decimos. No puedo estar siempre en casa», comenta.

Quiso ser útil en algo más, dar clases, enseñar a los niños. «A la vez quería ayudarme físicamente, mantener activo mi cuerpo, así que me reincorporé en la escuela primaria Vo Thi Thang en Miramar, donde me siento muy bien», abunda.

La directora de ese centro, Mirta Friol, comentó que «es la primera en los círculos de interés y en todo, es muy emotiva y disciplinada, los niños se sienten muy satisfechos. Es atenta y muy puntual. Tiene un régimen de vida muy organizado y se lo transmite a los alumnos. Es muy humilde a pesar de su grandeza deportiva».

Mamita imparte actividades de iniciación deportiva de forma recreativa y enseña todo tipo de juegos de ludoteca, así como dominó, dama y ajedrez. En cada curso elige a los mejores para el Combinado Deportivo Pablo de la Torriente Brau, donde los preparan para los torneos pioneriles dos entrenadores especializados.

«Pienso que se puede mejorar el voleibol para féminas, pero se necesitan entrenadores capacitados y ejemplares, para que las atletas los respeten. Hacer cosas nuevas, cambiar métodos y procedimientos y ser más exigente», opina.

Se refirió a que en el sistema de vale todo la forma de entrenar es distinta: «se requiere de más técnica. Antes, con el cambio de bola, se combinaba ese aspecto con la preparación física. Ahora es mucha técnica y táctica. Igual las muchachas de hoy tienen otras necesidades, no es la misma época. Hay que sacrificarse, nada les va a caer del cielo».

«Para ser una Morena del Caribe hay que ganárselo, como lo hicimos nosotras con mucho sacrificio y tesón. Existían entrenadores muy competentes, Eugenio, Ñico, Luis Felipe Calderón, ya todos desaparecidos», recuerda.

También opinó sobre la necesidad de mejorar el trabajo en la base, «casi nulo por las carencias de balones y net. Los profesores no son los culpables. Tampoco se instrumentan torneos como antes entre las escuelas. Eso motivaba muchísimo a que desde quinto o sexto grados se estuviera compitiendo».

«El voleibol me da la satisfacción máxima: que el pueblo me quiera y reconozca por lo que fui e hice. Eso es muy lindo», concluye.

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