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París.- LUIS Alberto Orta engrandeció su historia personal, y de paso la de Cuba, al conquistar hoy la presea de bronce en la división de 67 kilogramos, durante la última fecha de la lucha grecorromana de los Juegos Olímpicos que en esta ciudad avanzan hacia su punto final.
El gladiador habanero llegó avalado por el título de los 60 kilos conquistado en Tokio 2020, pero en su segunda presentación el iraní Saeid Esmaeili se interpuso en el camino hacia un nuevo reinado, aunque le quedó el paso por el repechaje como fórmula de redención.
Del inesperado tropiezo salió Orta con más bríos, con las correcciones necesarias para “espantar” del colchón situado en la Arena Campo de Marte todo lo que se le cruzara en la ruta hacia el podio.
Su primera víctima de la jornada resultó el argelino Ishak Ghaiou. Sufrió la furia contenida y terminó abrumado por la superioridad (9-0) de un rival empeñado en dejar claro que seguía estando en la élite.
Horas después le tocó el turno al armenio Slavik Galstyan, más grande y con rango de cuarto puesto del ranking mundial, pero nada de eso le sirvió para hacerle frente a un Orta dispuesto a todo para no regresar a casa con las manos vacías.
Con el orgullo herido, pero con el talento intacto, el cubano estuvo a punto de despachar también antes de tiempo a su nuevo oponente, quien se salvó por la revisión en video de la acción que hubiese sentenciado una derrota mayor (7-0).
Así, Orta se sumó al ilustre listado que antes formaban tres gladiadores clásicos cubanos con más de una medalla bajo los cinco aros: Mijaín López (cinco oros), Filiberto Azcuy (dos oros) y Juan Luis Marén (una de oro y otra de bronce).
«No estoy conforme, pero sí feliz de esta medalla de bronce. Trabajamos duro durante muchos meses, sobre todo en la última parte en Europa, para lograr el objetivo y creo que se cumplió», fueron sus primeras palabras después del combate, aunque su cara denotaba cierta resignación.
Más allá de ese lógico sentimiento, porque se sabía capaz de reinar nuevamente, a Orta le queda el orgullo agregado de que su desempeño le ratifica en la élite de su división, y por haber formado parte de una generación que pudo compartir con Mijaín López, el más grande luchador de su estilo en la historia.
«A Mijaín lo vieron sobre el colchón, es un gigante, es un orgullo formar parte de su vida y del equipo que somos y creo que se va a retirar porque le da la gana. No hay un 130 kilos que le gane», expuso ya más relajado, como clara muestra de admiración hacia el más laureado de los deportistas cubanos en citas bajo los cinco aros.
El equipo de lucha grecorromana se despide de París 2024 con la satisfacción de haber protagonizado el mayor aporte de medallas a la delegación cubana. Además del disfrutado cetro del Gigante de Herradura, quedaron los bronces de Orta y Gabriel Rosillo (97 kg) como muestra de que el grupo tiene motivos suficientes para celebrar.
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