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La Habana
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ANÁLISIS
Vinicius contra un silencio también racista

Los actos contra el jugador brasileño han desatado la polémica sobre este fenómeno en el fútbol de España.


Por Raúl Hernández Lima
viernes, 26 de mayo de 2023 10:54 AM



Foto: Tomada de internet

La Habana.- UN GRAN poder conlleva una gran responsabilidad, reza un antiguo adagio que hace alusión a la espada de Damocles.

Lo entiende a la perfección Vinicius, quien decidió pulsear contra las pasiones más bajas del ser humano y, peor que eso, contra quienes las normalizan o se niegan a verlas.

Cuando el jugador brasileño señaló al aficionado que le insultaba llamándole "mono" en Mestalla, indicaba al cafre que profería la agresión racista, pero se quejaba de algo más sórdido (nunca mejor dicho): el silencio.

Veámoslo así: alguna postura considera que sobre el jugador recae una inquina futbolística y eso lleva una gran dosis de razón. Sin embargo, que se apele a un flagelo como el racismo no puede tener justificación en "castigar" sus maneras de retador preciosista.

El problema entonces no está en que le chiflen, ni siquiera en el inadaptado que le llamó mono, sino en el consenso abrumador para el denuesto de toda una grada. Y peor es que sucedió diez veces en escenarios distintos.

El crack del Real Madrid no hizo más que advertir una miopía selectiva de quienes debieron, según él, parar este fenómeno muchísimo antes y rompió el silencio.

La vocación incontrolable de regatear defensas en el campo le llevó a gambetear a Javier Tebas, presidente de La Liga, quien respondió a la queja de Vinicius en Twitter y no salió muy bien parado. 

Eso sí, pronto aparecieron los primeros pasos: el cierre de una grada, una multa al Valencia Fútbol Club y retirar la roja con que se amonestó al joven futbolista.

Pero no olvida el extremo madridista que juega un partido extra con un fenómeno ante el que quienes no lo padecen prefieren callar, o peor, justificarlo con el hecho de su actitud desafiante en el campo. 

Vinicius encara, deja rivales tirados, va sobrado de regates, marca goles y todavía tiene el descaro de celebrar bailando samba (entiéndase el sarcasmo). 

Es lógico que merezca el repruebo de la grada porque no se comporta con austeridad. Vinicius debería comportarse como si fuera "blanco", esa debe ser la lógica de quienes disculpan el improperio y el insulto con sus actos.

No puede de ninguna manera interpretarse el racismo o la homofobia o cualquier otra estupidez de la peor naturaleza humana como el resultado de la actitud del otro... Y ese fue el error de quienes debieron poner freno diez cánticos atrás, quizá hasta mucho antes.

Porque no se queja Vinicius del VAR miope ante las mil patadas que recibe, de la tolerancia arbitral. Se queja de la impunidad para agredirle de la forma más cobarde.

El mayor reto del futbolista es desmontar el andamiaje al que se adhiere incluso la máxima dirección de La Liga, cuando le ha pedido cordialmente que no provoque, y el colegio de árbitros que sucumbe ante la narrativa de que lo inocente es lo culposo como lo bueno es lo malo; de que lo reprochable son los regates y no las patadas.

Y luego está quien entiende excesiva o exagerada la reacción de Vinicius: si es negro no tiene que molestarse en que le canten negro, no debería ofenderse.

Habría que explicar que él no porta el estandarte de las ideologías Woke, es víctima de una "mayoría silenciosa" muy mal educada que cree que con la entrada al estadio compra también el derecho de proferir insultos.

Hay muchos más ejemplos, pero quizá Diakhaby (jugador franco-guineano del Valencia que sufrió recientemente ofensas racistas) no posee el peso específico del madridista, que lo ha ganado todo con el club blanco.

Los responsables del fútbol tienen que disfrutar del festín con la precaución casi angustiosa de la espada de Damocles colgando sobre sus cabezas, por aquello de las responsabilidades que entraña el poder, visto desde la óptica del poder (y deber) ejecutar y actuar para el bien.

No había que esperar que las proyecciones más abyectas se convirtieran en tradición futbolística del peor gusto, ni que colgaran un muñeco negro con la camiseta del 20 en un puente a modo de Ku Klux Klan moderno. 

Afortunadamente el hecho destapó una enorme ola de reacciones condenatorias que van desde el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, hasta Gianni Infantino, presidente de la Fifa. 

Por esta vez los autores del mutismo selectivo, los que justificaron las "reacciones", el VAR ciego, los árbitros tolerantes con la intolerancia que jamás pararon un partido y perdonaron todas las patadas, los que aluden a la provocación como instrumentalización del racismo, han perdido la batalla de relato porque la voz de Vinicius es muy alta y porque la razón imprime una fuerza incomparable.

El brasileño tiene que seguir bailando por el bien del fútbol y marcar muchos goles. Aunque quizá su gol más importante ya lo hizo y fue el de demostrar a todos que no basta con no ser racistas, las circunstancias demandan ser activamente antirracistas. 


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