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ÚNICO pelotero con asistencia a cuatro Juegos Olímpicos, el cubano Pedro Luis Lazo Iglesias (15 de mayo de 1973) es reconocido entre los más grandes lanzadores de todos los tiempos.
Máximo ganador en las series nacionales (257) y segundo en ponches propinados, el “Rascacielos pinareño”, como fue inmortalizado, es todo simpatía para con su pueblo y quienes aman la disciplina de las bolas y los strikes en cualquier lugar del orbe.
Nacido en Río Feo, en la occidental provincia de Pinar del Río, no tuvo los inicios deseados en la disciplina que terminó por acogerle en su cúspide, pues de adolescente debió abandonar la Escuela de Iniciación Deportiva por bajo rendimiento.
Años más tarde, en la temporada de 1990-91, debutó con el conjunto Forestales, entonces segundo de esa región para las campañas de la isla, e integró el equipo Cuba de la categoría juvenil.
Desde 1995 fue llamado al de mayores y protagonizó numerosas hazañas que apuntalaron su selección entre los 100 mejores atletas cubanos del siglo XX.
En su amplia hoja de servicios en la arena internacional sobresalen dos títulos olímpicos (Atlenta 1996 y Atenas 2004) e igual cantidad de preseas plateadas (Sydney 2000 y Beijing 2008).
Con el número 99 a sus espaldas, el gigante de 1,92 metros de altura y 236 libras de peso es especialmente recordado por garantizar el pase de su elenco a la final del I Clásico Mundial, donde se proclamó subcampeón al ceder frente a Japón.
En lides foráneas laboró en 22 partidos, de los cuales solo perdió dos, y salvó 31, lo que dice de su maestría, entrega y coraje sobre el box.
Dueño de un control envidiable y de probada serenidad en los momentos más difíciles, es múltiple ganador de campeonatos mundiales, copas intercontinentales y juegos panamericanos.
Resultó arma secreta que la selección nacional guardaba para la hora de un relevo trascendente, lo cual, según sus propias palabras, era lo que más disfrutaba.
Tradicionales rivales de Cuba en el terreno, los equipos estadounidenses pudieron muchas veces dar fe de ello al no lograr descifrar los lanzamientos de quien dijo adiós a los certámenes domésticos el domingo 26 de diciembre de 2010.
Entonces el mismo público que le siguió durante 20 series nacionales colmó su casa, el estadio Capitán San Luis, escenario de varias de sus hombradas.
El tirador más destacado en los play off cubanos con 29 victorias, siete juegos salvados, seis lechadas y 311 ponches propinados, fue verdugo de los bateadores a quienes sirvió dos mil 426 ponches, cifra solo superada en la isla por otro renombrado pinareño: Rogelio García (2 499).
Tras el retiro entrenó al equipo juvenil de la franquicia Piratas de Campeche, de la Liga Mexicana de Béisbol. Y en la campaña del 2012 participó como miembro de la armada oficial.
De modo que llegó como entrenador y pasó a cerrador, confirmación de que su poderosa recta y su buena slider todavía tenían pólvora para decisivos combates.
Actualmente asesora al béisbol de su provincia, subcampeona vigente de la Serie Nacional, y es padrino de una casa de niños sin amparo filial.
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