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LOS JUEGOS Olímpicos de Amberes 1920 marcaron el regreso de estas citas luego de ser interrumpidas por la primera gran contienda bélica mundial y dejaron una importante huella de simbolismo pese a su discreción económica.
En 1919 la negociación de la paz entre vencedores y derrotados dio inicio a una nueva etapa en el contexto universal, incluida la transformación del mapa europeo, mientras la cotidianidad intentaba retomar su rumbo.
En ese contexto el movimiento olímpico apostó por la reanudación de su máximo evento, pactándolo del 20 de abril al 12 de septiembre en suelo belga como retribución al sufrimiento de su pueblo durante la ocupación alemana.
La sobriedad se adueñó de la celebración en medio de la destrucción y las todavía existentes trincheras y alambradas, pero hubo un estadio olímpico de nueva construcción, con tribunas de madera, techo de metal y capacidad para 30 mil personas.
Allí se izó por primera vez la bandera olímpica, que representa a todos los continentes con sus cinco aros de colores entrelazados, y se escuchó como novedad el juramento atlético, leído por el esgrimista y polista anfitrión Víctor Boin.
La ceremonia inaugural también acogió como novedad la ejecución del himno olímpico y tuvo un momento muy aplaudido cuando fueron liberadas dos mil palomas como señal del retorno de la paz.
El torneo de velas se disputó en costas holandesas, lo que convirtió a esta versión en la primera con acciones en dos países diferentes.
Los organizadores negaron la participación de los derrotados en la guerra, razón que dejó fuera a Alemania, Austria, Bulgaria, Turquía, Rumania y Polonia, y debido a conflictos internos tampoco asistió Rusia.
En definitiva quedaron en 29 las naciones, 2 mil 626 los atletas (65 de ellos mujeres) y 156 las pruebas disputadas en 22 deportes.
Antes de la inauguración en la Catedral de Amberes se ofició una celebración de acción de gracias y fue leída una larga lista de deportistas fallecidos en la terrible contienda que imposibilitó la edición de 1916.
Competitivamente hubo varios destaques, incluidos los del esgrimista italiano Nedo Nadi, quien ganó cinco de las seis pruebas en que participó, y el tirador estadounidense Willis Lee, también quíntuple dorado y dueño de una plata.
El arquero local Hubert Van Innis cosechó cuatro coronas y dos subtítulos, en la natación el príncipe hawaiano Duke Paoa Kahanamoku registró récord mundial en los 100 metros y la norteamericana Ethelda Blebtrey destrozó las marcas en 100, 300 y la posta 4x100.
Pero un nombre pasó por sobre todos a la historia: el del finés Paavo Nurmi, quien vivió allí su primera presentación a ese nivel con apenas 23 años de edad.
El luego apodado “Finlandés volador” se agenció medallas de oro en 10 000 metros, 10 km cross country y en la posta de 10 km cross country, además de la plata en 5 000 metros.
La hazaña quedó registrada como nacimiento de un grande en la historia olímpica que volvió a brillar cuatro años después en París.
Sin embargo, más allá de sus protagonistas, la cita de Amberes quedó registrada en la memoria colectiva como la del retorno de la paz y demostración de que el mundo podía volver a la normalidad y reponerse del dolor. bystolic free trial coupon bystolic coupons for free
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