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RESEÑAS de la época destacan que era «alto, fornido, de brazos largos como ramas de almendro», y publicaciones especializadas coinciden en asignarle un lugar destacado entre los inmortales de la esgrima.
Ramón Fonst Segundo nació en La Habana el 31 de julio de 1883, en el seno de una familia con los recursos necesarios para enviarle a estudiar a París, donde conquistó el reinado nacional con solo 11 años de edad.
Tenía 17 cuando se coronó en los II Juegos Olímpicos «a pesar de la franca y potente hostilidad de los jueces, que no solo veían en mí a un extranjero, a un latinoamericano, a un intruso, sino a un muchacho que debía únicamente estar estudiando en liceo y no derrotando a ídolos consagrados».
Resultó el único exponente de la isla en la cita organizada en la propia Ciudad Luz y ejerció liderazgo en espada individual y plata en la modalidad para maestros profesionales de esa propia arma, saldo con que rubricó el lugar 12 por naciones.
Aunque podía pelear a una u otra mano utilizó mayoritariamente la zurda, convertida en arma que muchas crónicas califican de «letal», al tiempo que elogian su «fuerza y resistencia extraordinarias».
Más hecho como atleta, brilló con mayor intensidad en la versión estadounidense de San Luis 1904.
Repitió supremacía en espada, la ejerció también en florete individual e integró el equipo vencedor en esa última arma, aunque el oro terminó por no ser oficializado.
Los reportes consultados precisan que ganó sus 24 asaltos sin ser “tocado” para aportar un importante realce a la hazaña de tres monarquías y un subtítulo.
En general su esgrima selló allí balance de 4-2-3 y Cuba escaló a un sorprendente tercer escalón, solo superada por Estados Unidos y Alemania.
El hombre que aprendió los rudimentos de ese deporte con su padre Filiberto Fonst Branly fue considerado «un creador que revolucionó muchos de los cánones imperantes en la espada a comienzos del siglo XX».
Según su propio criterio, «el verdadero esgrimista debe ser apto en el manejo de las tres armas» y resulta imprescindible «no perder un instante la observación a la reacción del competidor».
Además practicó tiro, boxeo francés y ciclismo, lo que dice de su integralidad.
Barrió en las tres pruebas individuales de los I Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 1926, y brilló en florete y espada en la segunda versión de esos encuentros, en La Habana, cuando ya contaba 47 años.
Y volvió a los Juegos Olímpicos en París 1924, donde avanzó hasta cuartos de final.
«En guardia horizontal no respetaba los ataques contrarios y colocaba la punta de la espada dondequiera que encontrase un estrechísimo espacio, especialmente al brazo o al antebrazo, y no podía ser tocado», escribió uno de sus biógrafos.
«Cuando todavía no existía el florete o la espada eléctrica, sino que se entintaba la punta del botón del arma, se veían en el traje los puntos marcados y el de Ramón Fonst terminaba la competencia siempre inmaculado», escribió la colega Irene Forbes. bystolic free trial coupon bystolic coupons for free how much does an abortion pill cost saiftec.com abortion clinics in baltimore
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