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Toronto.- ACOMPAÑADO de un contagioso ritmo caribeño, el gigante Mijaín López entró bandera cubana en mano liderando su delegación en el Rogers Centre de esta ciudad, escenario perfecto para el disfrute de una noche mágica, divina y única, como buen augurio de los XVII Juegos Panamericanos que ya son realidad.
Ondeando la enseña de la estrella solitaria con su mano derecha, el doble campeón olímpico y sus compañeros se pasearon en un recinto iluminado no solo por el artificio -que fue mayúsculo-, sino también por los presentes en cada momento de la historia contada.
Una puesta en escena que hizo trasladarse al espectador desde el despertar de la tierra por el nacimiento de los dos fuegos, el carnaval powwow, el bosque boreal y un tren para la vida, todo de la mano del inigualable Circo del Sol.
Mítica fue la presencia del monarca de Atlanta´96, Donovan Bailey, llegado tras lanzarse fuego en mano desde una CN Tower testigo de lujo para completar la magnificencia de un estadio acostumbrado a grandes momentos, y que este viernes se colmó con 45 mil espectadores.
El exvelocista aterrizó en el mismo centro del espectáculo y junto a sus compañeros en el relevo olímpico de hace casi 20 años traspasó la llama a la joven clavadista Fith Zacharias, como simbólica continuidad del deporte y la actividad física para la vida.
Una a una, fueron sucediéndose las 41 delegaciones presentes en la cita. Todas, acompañadas de sus ritmos autóctonos, dijeron presente con la numerosa Argentina a la vanguardia, y le siguieron otras menos concurridas, pero igualmente “ruidosas” y felices, como la propia Cuba, que fue la número 13 en recibir el caluroso aplauso de los presentes.
Después del desfile fueron colmándose los asientos dispuestos para que todos los atletas formaran parte de un espectáculo con el que interactuaron como casi nunca había sucedido en estas citas.
Lo insólito convertido en realidad brotó de la imaginación del Circo del Sol, hilo conductor de una fantástica trama de color, movimiento y alegría como es el deporte en sí.
Juegos de luces que transportaban a otra dimensión, acrobacias y una línea de fuego que simbolizó el cambio de la juventud a la adultez, emocionaron a los millones de espectadores a los que llegó la señal de la trasmisión televisiva.
La guardiana del Salto Largo contorsionó a 12 metros de altura, el de la Lucha lideró a los jóvenes para que encontraran la confianza y el del Disco les llevó a conectarse con sus destinos. En resumen, una bella historia que, como habían anunciado sus creadores, tuvo principio y fin sin pausas. Fue como disfrutar de una obra de teatro contada sin palabras, solo apelando al universal lenguaje de la música y los gestos.
El gobernador de Canadá, David Johnson, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, y Julio Maglione, titular de la Organización Deportiva Panamericana, estuvieron presentes en la ceremonia.
Se agradeció a los organizadores, a la ciudad y a los que han contribuido con esta realidad. Además, se escuchó el juramento de los atletas y los jueces, y se recordó el legado del fallecido Mario Vázquez Raña, alma de la ODEPA y en general, de estas citas por casi cuatro décadas.
Como justo colofón de una velada imperecedera llegó el momento del encendido del pebetero, con fuego trasladado de mano en mano hasta las del exbasquebolista Steve Nash, último portador de una llama que de manera peculiar no arderá en ninguna instalación con acciones competitivas.
En las afueras del Rogers Centre, a los pies de la CN Tower, quedó dispuesta como un símbolo que será guía y orgullo de los torontinos durante los próximos 16 días. I cheated on my wife read here women looking to cheat
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