Foto: Mónica Ramírez
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México DF.- EL VENEZOLANO Harold Díaz es un hombre feliz, porque cumplió sus sueños desde la profesión que siempre amó y considera de las más bellas del mundo.
Ayudar a los demás, según dice, era su meta. Quería ser útil y lo consiguió con el añadido de combinarlo con otra de sus pasiones: el deporte.
Ahora está en esta gran urbe como jefe médico de la delegación de su país asistente al Festival Deportivo Panamericano iniciado hace unos días y cuyo programa crecerá desde el próximo martes.
Con apenas 35 años y un físico que recuerda que practicó kárate y baloncesto recorre las instalaciones del Centro de Entrenamiento del Comité Olímpico Mexicano como si fuera un atleta más, aunque nunca alcanzó el nivel competitivo deseado.
Hasta aquí su historia parece común, pero el interés periodístico crece cuando conocemos que su formación es producto de la primera graduación de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) radicada en Cuba.
«Me dio la oportunidad de encaminar mi vocación, llegó en un momento en que estaba buscando qué hacer, y cuando gané la beca dije “Qué mejor manera de ayudar que siendo médico”, recordó a solicitud de JIT.
«Estuve desde 1999 hasta el 2005, como parte de un grupo de 1 536 alumnos, 51 de ellos venezolanos», continúa como parte del recuento en relación con esos tiempos de cambios y novedades, pero sobre todo de experiencias no imaginadas.
«El régimen de la escuela fue intenso, estábamos todo el tiempo concentrados de lunes a viernes, y solo descansábamos el fin de semana... La primera promoción es siempre la más complicada, la de echar a andar muchas, cosas, y fuimos los pioneros», aseveró.
La vinculación con la isla se extendió mucho más cuando luego de convertirse en Médico General Integral (MGI) y vivir cuatro años intensos entre los estados Amazonas y Vargas regresó para hacerse especialista en medicina del deporte.
«Cuando uno no es campeón ni olímpico ni mundial, pero practica deportes, busca otra vía para seguir vinculado, y esta fue mi manera de ayudar a todas las personas que están en el alto rendimiento, desde el área científica», consideró sin ocultar su sano orgullo.
«Se me hizo muy fácil la especialidad tras haber hecho la carrera en Cuba. Solo éramos dos residentes y teníamos toda la atención para nosotros», indicó agradecido.
«Además contamos con excelentes profesores, porque el personal cubano siempre ha tenido la virtud de ayudar a quien lo necesite», puntualizó antes de mencionar nombres como el del experimentadísimo Doctor Ricardo Pérez, de quien aprendió mucho en el atletismo.
No es casual que en su anecdotario abunden pasajes vinculados a esa etapa de trabajo con el área de las vallas, el triatlón y la lucha libre.
«Con los luchadores fue con quienes más tiempo estuve, al principio incluso discutían entre ellos y no querían creer que era venezolano, y decían que era un guajirito santiaguero, y tuve que sacar mi pasaporte para que me creyeran», comentó entre risas.
Ahora en suelo mexicano dirige un equipo completado por otros tres médicos y cuatro fisioterapeutas para atender a los más de 100 integrantes de una delegación que concursará en 11 de los 23 deportes convocados.
«En esta primera etapa vamos a estar en levantamiento de pesas, lucha, tenis de mesa, tiro con arco, pentatlón y taekwondo, repartidos entre el DF y Puebla, que son los asentamientos más grandes», sostuvo al confirmar que al igual que Cuba utilizarán la cita como preparación para Veracruz.
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