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Asunción.- POCOS días han necesitado los miles de visitantes llegados a esta ciudad con motivo de los a los II Juegos Panamericanos Júnior para percibir que los paraguayos son personas muy amables… y que en sus vidas no puede faltar el tereré.
Las muestras de cordialidad se suceden en cada intercambio y sentirse bienvenido es inevitable ante el interés por hacerte sentir como en casa, o que descubras cada detalle de esta nación, aun cuando para alguien llegado desde el Caribe no es fácil asimilar gélidas temperaturas en pleno mes de agosto.
Cada intercambio en medio del ir y venir entre los escenarios competitivos es un momento de aprendizaje sobre la cultura y las tradiciones, en las que ocupa un lugar especial la extendida costumbre de tener a mano un termo de agua fría y la típica guampa, esa combinación de la que nace el tereré.
Por regla general es un paquete único. Existen de todos los tonos, tamaños y hasta con exóticos diseños, que van desde la imagen de un dibujo animado de moda hasta el logo o eslogan de una marca famosa. Pero también los que son verdaderas obras de arte, en los que sobresalen el cuero tallado o las telas bordadas de llamativos colores.
¿Pero qué es el tereré? La respuesta más sencilla sería que se trata de una bebida fría preparada a partir de la mezcla de la yerba mate con otras plantas, generalmente medicinales. Sin embargo, es mucho más que eso. Representa la identidad, tradición e historia de un país, como quizás el café para los cubanos.
«Desde niños nuestros abuelos nos enseñan a tomarlo. Nosotros no imaginamos la vida sin consumirlo», dice Ángel, uno de los choferes que por estos días cubren la ruta entre las instalaciones del Parque Olímpico acompañado, justo al lado de su asiento en el minibús, de su inseparable tereré.
«En las mañanas lo tomamos para tener energía y siempre tiene que ser frío, con hielo, no importa si estamos en invierno», aclara mientras sonríe, porque seguramente ha tenido que dar la misma explicación desde que comenzó la cita multideportiva que ha reunido a jóvenes de 41 naciones.
«Y las guampas, aunque las hay muy modernas, de plástico o metal, son mejores si están hechas de cuerno de vaca o tallados de palo santo», agrega el conductor, al que le fascina conversar sobre las tradiciones guaraníes.
Incluido en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, el tereré constituye parte de la filosofía de vida para los paraguayos. Consumirlo en grupos de amigos o familias es como crear un ambiente de unión, de intercambio y de complicidad, una especie de rito que los habitantes de estas tierras consideran como único e identitario.
Cuentan que su historia se remonta a la época precolombina, pues se supone que, debido al calor extremo del verano en esta región, sus habitantes idearon esta infusión fría. Los expertos aseguran que su verdadera difusión comenzó en el siglo XIX, pero que no fue hasta principios del XX que se popularizó en todo el país.
Existen imágenes de los soldados de la Guerra del Chaco portando en la cintura bolsitas con la hierba para el tereré, que no solo los ayudaba a hidratarse, pues también les proveía energías para encarar los rigores de las batallas.
Con el paso de los años evolucionó su sabor, ampliándose a partir de las mezclas de diversas hierbas. Los hay desde medicinales, como el tereré jorador para aliviar la “resaca”; el tereré pantano, con sabor intenso por combinación de sus ingredientes o el tereré albañil, que se prepara en recipientes improvisados y debe su nombre a que casi siempre se consume los obreros en las labores de construcción.
Cada último sábado del mes de febrero se celebra en Paraguay el día nacional del tereré, una fiesta que llega hasta cada rincón del país, en el que se considera «una bebida fría, que se toma al calor de la amistad».
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