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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación (INDER)
Alfonso Urquiola: yo quiero morir en un terreno de pelota

El avezado mentor habla de su regreso al banquillo de Pinar del Río para la próxima Serie Nacional de Beisbol.


Por: Raul Hernández Lima
(raul.hernandez@inder.gob.cu)
lunes, 27 de abril de 2026 10:38 AM



Foto: Inder

Pinar del Río.- ALFONSO Urquiola nació para el beisbol, encontrarlo no demanda otro esfuerzo que llegar al estadio Capitán San Luis en la mañana. Abordarle resulta más cómodo que lo que supondría cualquiera, si valora su jerarquía dentro de este deporte.

Se las arregla para saludar a todos, el que pasa y se anima a saludarle, o al que le pregunta lo mismo de beisbol que de otro tema. Él responde siempre con gracia y naturalidad. 

Ante el periodista que le ha contactado elije responder de pie, al amparo de un frondoso árbol que le baña de flores amarillas el hombro, sin protocolos.

Habla de la disciplina ante la grabadora de JIT. «Nadie está por encima del equipo», sentencia a sabiendas de la contundencia que tiene su discurso, más ahora que ha sido nombrado como director de la selección de Pinar del Río para la próxima Serie Nacional de Beisbol.

Acto seguido comienza un soliloquio, como quien encuentra filosofando el preámbulo perfecto para entrar en materia beisbolera, y evitar así que se distraiga la atención hacia la hojarasca del bombazo y el sensacionalismo.

Se confiesa metódico para descartar la mística religiosa que suponen algunos tras sus éxitos: «yo me levanto de madrugada a escribir la planificación del día, a estudiar los bateadores del otro equipo, a pensar en las posibles situaciones del siguiente juego», y se desliga así de la improvisación.

«El beisbol es como una partida de ajedrez: en un mal movimiento puedes perderla, lo mismo que en un juego de pelota que se puede perder en un pitcheo, por eso hay que estar concentrado todo el tiempo», sentencia.

Reitera, con énfasis, que «en el beisbol no está permitido improvisar, lo errores se pagan caro»

Sin embargo, eso no es una camisa de fuerza, hay observaciones que se hacen dentro del partido que debe valorar un director. ¿Es así?, le preguntamos.

«Es cierto, a veces el primer emergente que tenías planificado tuvo un problema con el que no contabas, y debes tener en cuenta y observar a aquellos que andan con un bate en la mano, hay que mirar sin prejuicios, con agudeza. Hay veces que dicen que yo estoy loco, y que después tengo suerte cuando sale una jugada, pero yo no estoy loco. Todas esas decisiones están sustentadas en análisis, no en corazonadas ni nada parecido», explica.

¿Eso quiere decir que la disposición y actitud también son esenciales más allá de las estadísticas?

Efectivamente, no se puede ser conservador; a veces dices, me la juego con tal jugador que no me van a criticar porque se supone que era el indicado según la opinión de otro. Pero en el partido de pelota hay que pensar en ganar, no en justificar la derrota», dispara con agudeza.

¿Es eso lo más difícil en un partido de beisbol?

«Es complicado, pero los juegos se ganan en cambiar los lanzadores en el momento adecuado, que también demanda análisis complejos. Hay ocasiones en que los lanzadores te piden una oportunidad, pero uno tiene que saber cuando él ya cumplió, porque nunca se le debe dar un lanzamiento de más», apunta.

«La experiencia me indica que no puede evaluarse la decisión con sentimentalismo, porque a ese mismo lanzador le dan un jonrón y no lo ayudaste. Eso lo aprendí con hechos, hay ocasiones en que en el ining anterior ese lanzador sacó tres outs con pocos lanzamientos, pero le dieron; no tienes que esperar que esas conexiones que salieron de frente piquen en el próximo», e insiste en que el apellido del lanzador no puede pesar en la decisión, entonces uno entiende cuánto pesa la autoridad de alguien como él. 

La confirmación de su regreso genera la expectativa de qué retoques dará al equipo atendiendo a la campaña anterior en que no se alcanzó la clasificación a los playoffs. 

¿Qué importancia le concede a la confección de un equipo?

Los campeonatos se ganan en el entrenamiento, y es ahí, precisamente, cuando uno decide quién se queda finalmente en el último corte.

Cada uno debe tener un rol en el equipo, aunque eso no puede ser estricto, porque durante un torneo largo la actuación de cada pelotero puede indicar un cambio de estrategia; pero sí debes tener claro qué aportan y con qué cuentas, para en base a eso hacer la planificación y proyectar la estrategia para la competencia», afirma.

¿Podría explicar eso en el caso particular de Pinar del Río, y a partir de lo que ve a priori hacer un pronóstico?

Este, como casi todos los equipos, tiene su base, no vengo con ideas de championismo. Por eso hay que tener en cuenta el talento joven, hay cosas que mejorar, pero es muy pronto para hacer pronósticos, yo me centro en prepararlos y dotarlos de las herramientas para que hagan lo mejor que puedan, ese es mi rol.

Eso debe medirse constantemente, lo que demanda de un análisis permanente de muchas variables. Es complejo, en la medida que logres tener la mayor cantidad de atletas disponibles tendrás más éxito: no se puede llegar a un play off y darle responsabilidades a un joven que lo tuviste en el banco durante todo el torneo, hay que darles participación a todos.

¿Qué variables mide para proyectar la alineación del primer partido? 

La alineación del primer día se define en el entrenamiento, en el modelaje competitivo, yo no puedo entrar ahora con una perspectiva de que va a ser de tal forma y cuando empecemos a entrenar eso cambie. Todos los que empiezan a entrenar tienen las mismas posibilidades y depende de ellos ganarse el puesto, aunque luego pesan elementos como la experiencia obviamente, pero hay que saber mirar la calidad y las potencialides e incidir en ellas, explotarlas.

En esencia habla de talento, y sabe que puede aparecer en cualquiera y en cualquier momento si se sabe mirar, y sin desdén al consagrado.

«Yo respeto a los grandes porque si son peloteros que se lo han ganado es por algo, pero el nombre no gana juego, tienen que jugar mientras estén en forma. Pero cuando no rinden hay que darle oportunidad al talento nuevo.

Preguntamos entonces si Pinar del Río tiene el talento necesario para, con su guía, regresar a los playoffs

Exhala del tabaco y suelta una bocanada de humo blanco y espeso que demora en disolverse y responde audaz.

«No haremos pronósticos, cada cual sale a ganar, y en esta ocasión intentamos crear una buena dinámica de grupo dentro y fuera del terreno». Hace una pausa y afirma que «nunca les digo a mis atletas que vine aquí a ganar, les digo que mi rol es darle las herramientas para ganar los juegos de pelota».

¿Y le acompaña la salud para eso?

Por lo menos tengo la mente lúcida, la diabetes me ha maltratado, pero tengo la disposición y trato de mantenerme saludable para hacerlo bien». 

¿Qué le hace volver a Pinar del Río?

No vengo a buscar protagonismo, no tengo nada que demostrar. La principal motivación es la gente, el pueblo que hace rato que me lo pedían, y eso es lo que me da la vitalidad.

Siento la admiración y el respeto de ese pueblo, y hay que retribuirlo. El aficionado también es parte del equipo porque un estadio vacío no tiene sentido. Regreso por sentido de pertenencia, porque sé lo que uno representa, y por esos aficionados que vienen a verte.

Es ese sentimiento el que trato de transmitir a los atletas: que respeten siempre el terreno de juego, que se entreguen, los juegos se ganan y se pierden, pero cuando el público ve que no se pudo aunque lo diste todo, lo comprende, lo que no perdona es la apatía.

¿Le motiva particularmente el público pinareño?

«Todos merecen el mismo respeto, pero a nivel emocional Pinar del Río para mí es lo máximo, vestirme de verde para mí es lo más importante, y el mayor logro que considero que tuve en el béisbol fue en la serie 50 por el impacto social que tuvo.

En ese momento, cuenta, «los pronósticos nos daban entre los últimos del campeonato, y eso mismo lo aproveché para motivarlos a revertir esa predicción», rememora con notable emoción.

Sabe que hoy el escenario es distinto, probablemente el solo hecho de que su figura encabece al equipo merecerá más peso que en aquella ocasión.

«No me preocupa mucho eso, vamos a entrenar y trataremos de sacar lo mejor de los peloteros, pero también nos proponemos entrenarlos en valores. Si al final de la temporada ellos son mejores peloteros y mejores hombres también estaremos satisfechos».

Lo interrogamos sobre sl le gustaría dirgir la selección nacional. 

«Mi mente está enfocada al 100 % en Pinar del Río, en este equipo».

Claro que también habló de su hijo, Alexander Urquiola, quien estuvo al frente de los Vegueros por cinco años.

«Estoy muy orgulloso de Alexander. Desde la posición de padre te puedo decir que es maravilloso como hijo y como persona, y como técnico lo hizo muy bien, creció, tuvo excelentes resultados. Ha hecho muy buen trabajo y logró cosas muy importantes como ganarse el cariño de los atletas», expresa sin condescendencia. 

«Es difícil para él por las expectativas que le genera el apellido. Yo le consulté para esto, él quería descansar pues llevaba cinco años con el equipo y eso desgasta, pero se ofreció para ayudarme».

Detiene abruptamente su discurso para mirarlo, y se atreve a dejar salir algo que el periodista adivina como una confesión: «primero no quería, pero luego me dijo que él sabe que yo quiero morir en un terreno de pelota».

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