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UNA PRUEBA de natación en aguas abiertas, prevista el próximo lunes en el río Sena, fue cancelada debido a las fuertes lluvias caídas durante las últimas horas, anunciaron hoy los organizadores de los Juegos Olímpicos de París 2024.
El emblemático río acogerá la ceremonia de inauguración de la cita multideportiva más importante del planeta, así como las pruebas de esa modalidad de la natación y el triatlón.
Las abundantes precipitaciones pueden provocar un aumento de la contaminación en el Sena y las autoridades advierten que podrían desbordar el sistema de alcantarillado de la capital francesa.
El nivel del agua del río antes del evento recién cancelado se encontraba 349 metros cúbicos por metro cuadrado, muy por encima de los 100 deseados para las actividades relacionadas con la cercana justa olímpica.
No es la primera vez que un percance de este tipo sucede, pues un ensayo para la ceremonia inaugural programado el pasado mayo se pospuso hasta el 17 de junio, solo cinco semanas antes del inicio de los Juegos.
Aunque a finales de abril se inauguró una nueva planta de tratamiento de agua en la parte alta del río que corre por la zona de París, aún no ha entrado en servicio otro importante proyecto de infraestructura hídrica de extrema importancia para el buen desarrollo de las competencias en esa emblemática vía fluvial.
Se trata de la nueva y gigantesca instalación subterránea de aguas pluviales, situada cerca de la estación de tren de Austerlitz, en el este de París, que almacenará agua para evitar vertidos al río. Se espera que su puesta en marcha ocurre en el transcurso del presente mes.
La limpieza del Sena se promociona como uno de los principales legados que dejará París 2024. Anne Hidalgo, alcaldesa de la ciudad, prometió que al finalizar las competencias quedarían disponibles tres lugares para que los parisinos pudieran bañarse sin preocupaciones durante los próximos tres años.
Las autoridades francesas han gastado alrededor de 1 400 millones de euros en mejorar las instalaciones de tratamiento de aguas residuales y aguas pluviales en los alrededores de París, con el fin de reducir la cantidad de materia fecal no tratada que fluye hacia el río y su principal afluente, el Marne.
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