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París.- LA TORRE Eiffel es el símbolo de esta ciudad, de toda Francia y de los Juegos Olímpicos del 2024, que acontecerán aquí salvo que un “meteorito impacte a la tierra antes del 13 de septiembre venidero”.
Comoquiera que los astrólogos desestiman tal posibilidad, la 130 Asamblea General del Comité Olímpico Internacional (COI), a celebrarse ese día en Lima, Perú, hará válido el trascendido acuerdo de que la Ciudad Luz y del Amor acoja la fiesta del 2024 y la estadounidense Los Ángeles la del 2028.
Las autoridades galas, encabezadas por el presidente Enmanuel Macron y la alcaldesa de la urbe, Anne Hidalgo, han expresado que París solo compite por la cita que marcará el centenario de la similar acogida aquí mismo en 1924.
Los organizadores norteños, por su lado, asintieron a la opción de llevarse la lid prevista cuatro años más tarde, dejando la escena lista para que el COI mate “dos pájaros de un mismo tiro”.
El titular de ese organismo, el alemán Thomas Bach, ha dicho que la doble asignación respondería a las fabulosas candidaturas de dos grandes países, pero hay mucha más verdad envuelta en este rolletín.
De la presente candidatura se despidieron antes de tiempo las urbes de Roma, Budapest y Hamburgo, claro síntoma de que la carestía de estas empresas y sus cuestionables legados preocupan a habitantes, autoridades y empresarios. En estos casos la mayor parte de los ciudadanos dijeron NO y ahí mismo se “apagó” la flama olímpica.
El visto bueno a la aventura parisina ocurrió después de que una investigación fijara en 6200 millones de euros el costo de la cita, pero que la mayoría de ese presupuesto –llegado del sector privado, la ciudad y el COI- se emplearía en renovar la ciudad y las instalaciones deportivas ya existentes.
Por eso, París 2024 es un movimiento para hacer de esta urbe un lugar aún más bello, moderno, seguro y amigable, y que de paso acogerá a los deportistas que buscarán la gloria bajo los cinco aros.
Cuando uno recorre París por estos días, y ve la televisión local, descubre que el ambiente no es de candidatura, sino de anfitriones consumados. No hay tensión, ni miedo a perder porque eso, sencillamente, parece imposible.
La televisión local entrevista a los adolescentes y jóvenes que potencialmente representarían a Francia dentro de siete años, y además ofrece detalles del proyecto olímpico y las obras a remozar o levantar.
Se insiste en que las competencias serán el colofón de un proceso que relanzará internacionalmente a la capital francesa, con una renovación urbana que costará tres mil millones de euros.
Desde el bus, el metro o caminando se percibe que las labores constructivas han comenzado, sobre todo en el sistema de transporte, los edificios emblemáticos y la zona más turística. Grúas, verjas, anuncios y equipos especializados “adornan” hasta los lugares más glamorosos de la villa.
En el expediente de candidatura se señala que el 70% de las sedes se localizarán en el Centro de París y en el Gran París, incluyendo sitios paradigmáticos como el Campo de Marte (voleibol de playa), la Torre Eiffel (maratón, marcha y triatlón), los Campos Elíseos (ciclismo de ruta), el Gran Palacio de París (esgrima y taekwondo), la explanada del Palacio de los Inválidos (tiro con arco) y el Palacio de Versalles (equitación y pentatlón moderno).
También detalla que recintos deportivos legendarios ofrecerán sus facilidades e historia para las justas, como el Stade de France-Saint Denis (atletismo y ceremonias), el Parque de los Príncipes (final del fútbol), el Complejo Roland Garros (tenis y boxeo), la Accord Arena (judo y lucha) y el Estadio Pierre de Coubertin (baloncesto), entre otros.
De las 40 infraestructuras deportivas a utilizar ya existen 29, de las cuales solo nueve requieren remodelaciones. Otras nueve serán temporales y apenas habrá que levantar para la posteridad el Centro Acuático de Plaine Saulnier en Saint-Denis y una segunda Arena en Bercy.
Fuera de eso, los grandes retos estarían en la Villa Olímpica de los atletas y una más pequeña para los periodistas.
Luego de la “elección” del 13 de septiembre venidero, esta vez desprovista de las grandes tensiones y expectativas de otras veces, acá seguramente comenzarán a pisar algo más el acelerador de un “auto” ya en movimiento.
Ese día, lógicamente, habrá festejos en Campo de Marte, la Torre Eiffel y los Jardines de Trocadero. La victoria será un premio frente a las decepciones sufridas en 1992, 2008 y 2012.
Mas, por ahora hay “tranquilidad” en los alrededores de la majestuosa obra de hierro pudelado, construida hacia 1889 por el famoso ingeniero Alexandre Gustavo Eiffel.
Allí, en la primera planta, ondea una bandera con el identificador de la inminente sede olímpica; una cafetería funciona sobre un pasto sintético donde relucen los logos de varios deportes y otras alusiones al tema. Se puede leer el slogan de los Juegos: «Hecho para compartir».
Uno siente que visita el epicentro, el punto cero de la que promete ser una gran fiesta del deporte universal.
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