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Bydgoszczc, Polonia.- UNA CIUDAD de nombre “impronunciable” en español, bordeada por ríos y asiento de espléndida arquitectura clásica de la antigua Europa, con grandes castillos incluidos.
Así es la polaca Bydgoszcz, que por estos días regala su mejor imagen a los competidores de más de 150 países asistentes al Campeonato Mundial de atletismo para juveniles con acciones en el Estadio Zawisza.
Aunque fresco para los llegados desde el Caribe, el verano polaco se suma ahora a la fiesta deportiva, con flores que enseñan todo su esplendor y la claridad del día se torna perezosa para “irse”.
Iglesias, palacios imperiales y estatuas que subsisten desde el siglo XIX o antes se integran a la modernidad aportada por los habitantes de una urbe crecida en los últimos años pero aún apacible.
Y es tal vez ese “toque” de tranquilidad un importante atractivo añadido a lo fascinante de un centro de calles adoquinadas y surcadas por longevos trenes eléctricos que resultan cómodos y habituales medios de transporte.
Los historiadores narran que fueron los hermanos Byd y Gost quienes la fundaron en la Edad Media al encontrar aquí una ubicación satisfactoria para el pueblo soñado a orillas del río Brda.
Su cercanía a otros afluentes le convirtieron en enclave importante para el comercio fluvial, y prosperaron los grandes graneros para almacenar el trigo, fundamental en estos países.
Muchos de esos almacenes todavía existen, algunos en desuso y otros reconstruidos a la luz de la contemporaneidad que se mezcla con lo antiguo.
La impresionante iglesia de los apóstoles San Pedro y San Pablo, el lujoso hotel Sloneczny Mlyn, el Ayuntamiento y el inmenso edificio de la ópera son otros elementos seductores de la urbe que vio destruido parte de su patrimonio con la II Guerra Mundial.
Una de esas tristes páginas hizo desaparecer la estatua de la fuente Potop, que databa de 1897 y fue fundida por los alemanes para obtener metal en 1943, aunque afortunadamente en el 2004 nació una copia idéntica a la original.
Aquí se hizo fuerte la ocupación nazi, tanto que una cuarta parte de la población falleció durante el holocausto, y en la plaza Stary Rynek se erigió un monumento como homenaje a las víctimas.
Otro símbolo que se roba la atención del visitante es la estatua del equilibrista que cuelga sobre una cuerda de acero sustentada de un lado a otro del río Brda.
La pequeña Venecia, zona surcada por canales que hacen recordar al “original” italiano, pintorescos puentes y gran desarrollo cultural son otros sellos de la ciudad.
A pocas horas al norte de Varsovia, paradójicamente no es muy promocionada como destino turístico, pero su gente aprovecha estos días para acercarse a los animadores de la fiesta atlética entre menores de 20 años.
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