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JUAN Luis Marén Delís es un hombre historia. Sus resultados en la modalidad grecorromana son expresión de cualidades que lo hicieron grande entre los grandes, hasta inscribirse como uno de los mejores luchadores cubanos de todos los tiempos.
Llegó a este deporte por casualidad, a los 11 años de edad, cuando iba en busca del tatami de judo y encontró el colchón donde comenzó a labrar su ascenso a la gloria.
Nacido el 20 de agosto de 1971 en Santiago de Cuba, fue un atleta disciplinado, analítico, de gran capacidad técnico-táctica, todo un estratega en sus combates.
De 1,73 centímetros de estatura, el ahora entrenador atesora dos platas y un bronce en Juegos Olímpicos, par de terceros puestos en campeonatos del orbe, y cetros en cuatro juegos panamericanos, dos juegos centroamericanos y del Caribe e igual número de copas del mundo.
Se proclamó 14 veces monarca de casa y dominó en 10 oportunidades en los certámenes continentales de la disciplina.
Sus sobresalientes actuaciones en juegos escolares y juveniles le permitieron ascender rápidamente a la ESPA Nacional en los 58 kilos.
Durante esa etapa fue campeón mundial juvenil en Viena 1988 y plateado en Budapest 1989, esa en 62 kilos.
Lesiones, decisiones cuestionadas o la necesidad de lidiar con otros “monstruos” no fueron obstáculos suficientes para hacerle desistir, aunque le privaron de proclamarse rey olímpico en una división de las más complicadas por la calidad de los adversarios.
En Barcelona 1992 (bronce) cedió frente al ruso cuatro veces campeón mundial Serguey Martinov, uno de sus principales contrarios, en Atlanta 1996 (plata) perdió con el polaco Woldzimerz Zawadzki y en Sydney 2000 (plata) con el ruso Varteres Samurgachev, también estelares que coincidieron en época donde ganaban y perdían entre ellos.
Marén también es recordado como víctima de uno de los mayores despojos en la historia de la otrora Federación Internacional de Lucha (FILA), en la actualidad United World Wrestling (UWW).
Sucedió en el Campeonato Mundial de Estocolmo 1993. Le ganó bien a Martinov en el primer combate, pero más tarde revocaron el resultado sin que nadie supiera por qué y concluyó en bronce.
En declaraciones a la prensa consideró que todo fue una maniobra para que Cuba no liderara por equipos y él fue la víctima, privado de la medalla de oro que hubiera sido la cuarta de la isla, sumada a las de Wilber Sánchez, Néstor Almanza y Raúl Martínez.
Las lesiones le persiguieron mucho y no pocas veces tuvo que pelear infiltrado y hasta adaptarse a los dolores constantes.
En Atlanta, por ejemplo, en el combate inicial con el iraní Ahad Padzaj sufrió la más severa de todas en su columna.
Una sacrolumbalgia le impidió imponer la velocidad y versatilidad que le caracterizaban, y por si fuera poco no podía trabajar abajo y tenía que marcar los puntos en la posición de pie.
Entonces necesitó una vez más de su voluntad probada y el apoyo de compañeros de equipo que le alentaron en los momentos más difíciles, como Héctor Milián, Filiberto Azcuy, Martínez, Wilber y otros.
Espectadores y conocedores de esta disciplina lo recuerdan como muy completo, que tiraba mucho, especialista en el volteo de cabeza y brazos.
Hoy, luego de trabajar siete años en Francia, la UWW lo escogió como uno de los preparadores del Centro de Entrenamiento de América radicado en Brasil, y allí transmite sus conocimientos.
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