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POR SEGUNDA vez los Juegos Olímpicos llegaron a la isla continente, pero en más de 40 años el mundo había cambiado mucho y este fue un claro ejemplo del panorama que se afianzaría en el entonces recién estrenado siglo.
Si las dificultades para acceder a Australia redujeron considerablemente la asistencia a la cita de Melbourne 1956 la de Sydney 2000 rompió récord de participación con 10 651 competidores de 199 países.
Aunque se disputó del 15 de septiembre al primero de octubre para ubicarla en el verano austral, las acciones extendidas a 28 deportes encontraron clima agradable y no hubo otro “calor” que el nacido de la afición.
Sydney se mostró como una de las grandes ciudades del planeta, aplicó avances tecnológicos que permitieron augurar el futuro cercano y sobre todo fue ejemplo de la globalización anunciada como fenómeno del actual milenio.
Los reportes fijan en 3 500 millones el número de personas que siguieron el evento por televisión, pero muchos millones más se apoyaron en Internet, la red de redes que se adueñaría muy pronto del planeta.
La ceremonia inaugural se distinguió por el desfile unido de las dos Corea y el mensaje de reconciliación dejado por el encendido del pebetero, asignado a la velocista Cathy Freeman, descendiente del pueblo aborigen.
Hicieron su debut deportes como el triatlón y el taekwondo, las mujeres se estrenaron en pesas y triatlón moderno y sumaron 35 los tramposos detectados como fruto del incrementado control antidopaje.
En ese triste capítulo el nombre de la rumana Andrea Raducan pasó a los libros como la primera gimnasta perdedora de sus premios por ingerir una sustancia prohibida.
Entre los protagonistas de grandes hazañas estuvieron el nadador local Ian Thorpe, ganador de tres oros con récords del mundo, y el remero británico Steven Redgrave, que completó reinados en cinco ediciones consecutivas.
Cuba dependió de la delegación más numerosa de su historia (238) y fue novena con 11 títulos, cuatro de ellos firmados sobre el ring.
El pugilista Félix Savón igualó la hombrada de tres fajas para sumarse al húngaro Lazslo Papp y su compañero Teófilo Stevenson, y el voleibol femenino también celebró por tercera ocasión con figuras emblemáticas como Mireya Luis, Regla Torres y Ana Ibis Fernández.
Movido a una división inferior el luchador clásico Filiberto Azcuy volvió a hacerse del centro del podio como en Atlanta 1996, el vallista Anier García dejó detrás a favoritos estadounidenses e Iván Pedroso besó la gloria con salto final de 8,55 metros que deshizo las esperanzas del anfitrión Jai Taurima y sus seguidores.
Legna Verdecia y Sibelis Veranes se doraron en el judo y Ángel Valodia Matos dominó en la primera aparición del taekwondo en el escenario olímpico.
La gran decepción fue el béisbol, que tras ganar en Barcelona 1992 y Atlanta 1996 cedió en la final ante Estados Unidos y terminó en plata, pero el saldo general satisfizo en medio de mucha rivalidad.
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