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LA CONQUISTA de ocho títulos olímpicos y 37 llegadas a los podios mundiales convierten a la kayakista alemana Birgit Fischer en una de las atletas más destacadas de todos los tiempos.
Completada con un cuarteto de subtítulos, su cosecha en lides bajo los cinco aros le ubica como la segunda fémina más laureada a ese nivel, solo superada por la gimnasta artística soviética Larisa Latynina, quien selló saldo de 9-5-4.
Nacida el 25 de febrero de 1962 en la ciudad de Brandeburgo, Fischer cubrió una extensa carrera coloreada por premios en seis Juegos Olímpicos: Moscú 1980, Seúl 1988, Barcelona 1992, Atlanta 1996, Sydney 2000 y Atenas 2004.
«El desafío de conseguir una octava medalla de oro era muy motivador y aún no puedo creer que lo haya logrado», dijo en la capital griega tras integrar el k-4 ganador a la distancia de 500 metros.
«Todo el mundo me había deseado suerte antes de la carrera», sostuvo tras el que resultó su momento cumbre en un certamen que también le vio acceder a plata en el k-2 a 500 metros.
«Sus 1,73 metros de estatura y 68 kilos de peso solo son meras herramientas al servicio de una tenacidad y una técnica fuera de lo común, forjadas en la estricta disciplina deportiva de la antigua RDA», reseñó desde allí el enviado especial de El Mundo Deportivo.
Veinticuatro años antes la bella urbe moscovita había sido testigo de su encumbramiento inicial en esas lides desde el k-1 a 500 metros y la conquista de un segundo escaño en el k-2 a similar distancia.
En Seúl sus reinados fueron dos (k-2 y k-4 500 m) y otra vez añadió plata (k-1), y en la Ciudad Condal española lideró en el k-1 y tributó al segundo escalón alcanzado por su nómina en el k-4, ya en las filas de la actual Alemania.
Otro liderazgo (k-4) y un nuevo baño plateado (k-2) constituyeron su saldo en la fiesta del centenario, celebrada en Estados Unidos, y mejor aún fue la organizada en la isla-continente: coronas en k-2 y k-4.
La única dama conquistadora de medallas olímpicas con tantos años de diferencia (1980-2004) fue también inigualable en reaparecer luego de cuatro “adioses”, porque al decir de un colega era «incapaz de saciar su hambre de gloria».
Pero su palmarés no se limitó a las justas cuatrienales, y quien lo dude sepa que acaparó 27 trofeos, seis platas y cuatro bronces en confrontaciones universales entre 1979 y 2005.
Quienes le conocen aseguran que disfruta de la música clásica y la lectura, siempre ajena a las poses que suelen acompañar a los “semidioses”.
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