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QUISO la historia que Félix Savón ganara su primer título mundial en el mismo escenario donde Teófilo Stevenson completó la tríada con que dijo adiós a su prestigiosa carrera.
Sucedió en 1986, en la ciudad estadounidense de Reno, y devino símbolo de relevo y continuidad entre dos astros del boxeo cubano, aunque el primero peleaba en la categoría crucero y Teófilo lo hizo en la supercompleta.
Seis años después Savón llegó como gran favorito a la fiesta olímpica de Barcelona 1992 luego de sumar otros varios éxitos, incluidas las coronas universales de Moscú 1989 y Sydney 1991.
La Ciudad Condal española fue testigo de esa mezcla de ímpetu, sólida pegada, empuje y energía inacabable con que besó la fama que nunca le privó de su natural humildad.
Solo el expresidiario estadounidense Danell Nicholson le complicó en algo su llegada al centro del podio, pero un tercer asalto de leyenda permitió al antillano borrar la desventaja y celebrar votación de 13-11 y acceder al bronce.
El holandés Arnold Van Der Lijde nada pudo hacer para evitar el 23-3 y algo parecido sucedió en la final al nigeriano David Izonritei, “apaleado” hasta que los jueces decretaron fallo de 14-1.
El tránsito hacia la versión de Atlanta 1996 dejó al caribeño otro par de tronos mundiales (Tampere 1993 y Berlín 1995) que engrandecieron la condición de número uno defendida con maestría sobre el encerado del Alexander Memorial Coliseum.
Allí debutó con crédito de 9-3 a costa del kirguiso Andrei Kumyaavka, necesitó menos de un asalto para noquear al sueco Kwamena Turkson y llegó al medallero con alegrón de 20-4 a costa del georgiano Georgi Kandelaki.
El alemán Luan Krasniqi no se presentó a semifinales y Savón avanzó sin sudar a su duelo conclusivo contra el canadiense David Defiagbon, convertido en su víctima 20-2.
«Yo sé que Cuba es un país pobre, pero me siento bien con el cariño de mi pueblo al que no puedo defraudar... Yo me conformo con ganar mundiales y olimpiadas. No me interesa el profesionalismo...
»Trataré de llegar a las olimpiadas de Sydney 2000 para igualar los galardones olímpicos de Stevenson», comentó.
Y lo logró pese a derrotas que generaron dudas en quienes no sabían a plenitud sobre su capacidad de entrega, igualmente necesaria para pasar sobre la intervención quirúrgica en una mano.
La bella urbe australiana le recibió como abanderado de su delegación meses después de que la justa retirada de Cuba del Campeonato Mundial de Houston le dejara con deseos de superar en la final al estadounidense Michael Bennett, declarado monarca.
El Centro de Exhibiciones de Sydney le vio estrenarse como verdugo del nigeriano Rasmus Ojemaye (RSC-2) y despachar por la misma vía en el tercer acto al propio Bennett para tapar la boca a todos los que pronosticaron lo contrario.
Por plata sacó del camino al germano Sebastian Köber (14-8) y el 30 de septiembre cumplió el sueño de igualar las tripletas de coronas completadas en épocas distintas por el húngaro Laszlo Papp y Stevenson.
El ruso Sultan Ibragimov exigió todo el tiempo y hasta provocó una herida en el rostro del gran campeón, pero este volvió a crecerse como tal y el 21-13 de los oficiales no dejó margen a las dudas.
Cerró así un palmarés igualmente realzado por seis fajas del orbe (Reno 1986, Moscú 1989, Sydney 1991, Tampere 1993, Berlín 1995 y Budapest 1997).
Triple rey en Juegos Panamericanos (Indianápolis 1987, La Habana 1991 y Mar del Plata 1995) y campeón de los Juegos Centroamericanos en Santiago de los Caballeros 1986, México 1990, Ponce 1993 y Maracaibo 1998, brilló en otros muchos escenarios y jamás perdió el vínculo con sus raíces.
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