Foto: www.olympic.org
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LA IDEA defendida años antes por el Barón Pierre de Coubertin terminó por empañar los II Juegos Olímpicos de la Era Moderna, porque su coincidencia con la Exposición Universal de París le aportaron más de un mal momento.
El Comité Olímpico Internacional cedió el control de la lid a un grupo que supervisaría toda actividad deportiva relacionada con la referida muestra, y el calendario definitivo (14 de mayo-28 de octubre) provocó ausencias de muchos interesados inicialmente.
A diferencia de lo acontecido en Atenas 1896 las ceremonias de apertura y clausura brillaron por su ausencia, muchos ganadores no recibieron medallas, sustituidas por copas, trofeos u otros objetos, y el programa acogió eventos inusuales, solo incluidos entonces.
«Me rendí, y fue incorrecto hacer eso», reconoció Coubertin al analizar las consecuencias del desorden generado. «Ha sido un milagro que el movimiento olímpico haya sobrevivido a estos Juegos», sentenció.
Pero no todo quedó en los capítulos para olvidar, porque crecieron los competidores (997) y los países representados (24), así como el número de deportes (19) y eventos (95) olímpicos.
Y lo más importante: debutaron las féminas, que fueron 22, con la tenista del Reino Unido Charlotte Cooper convertida en la primera campeona de la historia.
Entre los héroes de aquella justa destacó el estadounidense Alvin Kraenzlein, cuatro veces triunfador en el torneo de atletismo al dominar las pruebas de 60 m, 110 m/vallas, 200 m/ vallas y salto largo.
Sus compatriotas Jesse Owens (Berlín 1936) y Carl Lewis (Los Ángeles 1984) también accedieron a la cuarteta de cetros en una misma confrontación, pero ninguno fue vallista. Ambos lo hicieron en 100 m, 200 m, relevo 4×100 m y salto de longitud.
La llamada Ciudad Luz también abrió sus puertas a disciplinas convocadas como “no oficiales”, incluidas pesca, aeronáutica, bolos, life saving (salvamento), carreras de coches y carreras de motos.
Los impactos de la desorganización se hicieron sentir especialmente en la maratón, pues el pésimo marcaje del trayecto provocó que muchos corredores se perdieran y necesitaran retroceder para reencontrarse con el camino correcto, además de las interferencias de autos, bicicletas, transeúntes y animales.
«El honor francés parecía haber sido salvado cuando Michel Theato cruzó la meta en primer lugar y una banda militar tocó La Marsellesa pero investigaciones modernas han descubierto que Theato nació en Luxemburgo y mantuvo la ciudadanía luxemburguesa durante toda su vida», reseña Wikipedia sobre ese agotador evento.
Cuba vivió su estreno allí y tributó al primer monarca de Iberoamérica gracias al talento del muy joven esgrimista Ramón Fonst, quien reinó en espada individual y fue segundo en la modalidad de espada para maestros profesionales.
La llegada del evento a Francia mostró la voluntad del COI de no satisfacer la aspiración griega de organizarlo permanentemente en Atenas, pero el saldo distó de lo deseado e hizo tambalear su prestigio.
Quedan para el anecdotario curiosidades como su larga duración, las donaciones realizadas para estimular a los ganadores, la utilización del río Sena para la natación y el polo acuático, y el niño local convertido timonel de una tripulación holandesa coronada en el remo.
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