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La Habana.- LUDIA Montero recuerda sus inicios en el levantamiento de pesas entre el entusiasmo y las postergaciones propias de quien evadía serios prejuicios.
En un ambiente conservador y tradicionalista como el reinante en el municipio granmense de Río Cauto, lo pensó tres veces antes de adentrarse a lo que muchos calificaban como un «deporte de machos».
La inquietud de esta joven nacida para las pesas se estrellaba cada día contra el muro de consejos que la invitaban a renunciar a esa carrera, que ahora sabemos le reservaba por lo menos medallas mundiales y centrocaribeñas, y la participación en la final olímpica de Tokio 2020.
Ese es un deporte para hombres, te deformará el cuerpo, vas a parecer un macho… Cosas como esa escuchaba y por supuesto se resistía a practicarlo, recuerda quien en 2019 obtuvo dos medallas de plata en el certamen mundial celebrado en Tailandia.
Pero Ludia tuvo la suerte de encontrar en su camino a Alexander Mendoza, un entrenador que le tendió la mano en medio de su indecisión y la llevó a una competencia de habilidades en que solo debía mostrar la técnica.
De aquella lid, a la que llegó para completar un equipo, salió como la única electa para ingresar en la Eide Pedro Batista Fonseca. No tardaría en llegar al alto rendimiento y de ahí a la cumbre de este deporte en Cuba.
Con los triunfos quedaron atrás los complejos y la influencia de viciados juicios establecidos en el modelo de belleza regente a nivel global. Una pesista campeona es también una mujer que se admira a sí misma, lo cual no tardamos en notar cuando conversamos con ella y la vimos desenvolverse entre discos y barras.
«Es un mito que las pesistas perdemos feminidad. Lo pueden notar en nosotras las cubanas. También lo es que este deporte sea solo para hombres. Podemos practicarlo, tenemos iguales derechos y demostramos que lo hacemos bien», asegura.
«Igual pasa con los deberes y derechos en la sociedad en general. Algunos intentan relegar a las mujeres a las labores domésticas, marginarlas de ciertas actividades o señalarlas por tomar un camino determinado. Por suerte en Cuba cada vez se ven menos esas cosas», reflexiona.
Entonces se hace pertinente saber qué opina sobre el nuevo Código de las Familias la subcampeona del envión en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018. Ese importante documento se discute democráticamente en la Isla desde hace varias semanas.
«Me parece muy bien que se atiendan los derechos y deberes en igualdad para todos. Las que hemos sido víctimas de alguna forma apoyamos un Código que vaya en esa dirección. Quiero que desaparezcan las discriminaciones y no existan frenos al desarrollo de las niñas de hoy y mañana. Deseo que se sientan realizadas y hagan lo que les gusta sin sufrir rechazos», concluye.
Entonces se le escapa una sonrisa. Sus heridas sanaron hace tiempo a fuerza de éxitos y con el cariño que estos despiertan. Le queda, sin embargo, la responsabilidad de influir en aquellos que todavía se privan de la felicidad por dogmas del pasado.
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