|
Basterre.- LA SELECCIÓN de Cuba firmó una victoria contundente y muy trabajada, 3-0 ante Granada, en un duelo de la Liga de Naciones de Concacaf celebrado en el NBG Technical Center, de San Cristóbal y Nieves.
El resultado final, más abultado de lo que se podía prever al descanso, esconde una historia de paciencia, superioridad y lectura táctica impecable por parte del conjunto cubano.
Granada salió con una idea clara: hacer daño con balones aéreos, aprovechando su superioridad de estatura. Durante los primeros compases, los intentos de los Spice Boyz lograron incomodar a la zaga cubana, aunque sin generar una claridad real de gol.
El plan defensivo de los dirigidos por Pedro Pablo Pereira se mantuvo firme, y a medida que pasaban los minutos, comenzaron a imponer su guion sobre el césped.
Los cubanos sabían perfectamente a qué estaban jugando y no pensaban abandonar su libreto. Sin embargo, el primer gol llegó de una manera fortuita, inesperada.
Una comba desde el costado de Eloy Nebreda, con la complicidad de una pierna rival, dejó al portero granadino colgado y con el balón dentro de su propia portería.
Las estadísticas oficiales de la Concacaf acreditaron el tanto como un autogol de Greg Sandiford al minuto 19. Ese golpe de suerte, nacido de una jugada que buscaba un centro, fue un golpe anímico para el rival y otorgó a Cuba tranquilidad inmediata.
A partir de esa ventaja, Cuba empezó a manejar el balón con calma ante la pasividad de una Granada que, sorprendida, no lograba apretar la salida del rival. El partido entró en una fase en la que el dominio era claramente cubano, pero faltaba el gol que diera la seguridad definitiva.
En el complemento, Pedro Pablo Pereira ajustó las piezas. Cuba encontró la fórmula para neutralizar los balones aéreos de Granada con duelos individuales por delante y una cobertura constante por detrás. El juego cubano era superior en volumen, en posesión y en oportunidades generadas, pero el gol de la tranquilidad se resistía.
El técnico cubano movió entonces su banquillo con criterio. Mandó al campo a un nueve puro como Daniel Díaz para finalizar las oportunidades creadas y fijar centrales rivales, tan agotados que el derecho pidió cambio desde el césped.
Además, refrescó las piernas con los cambios de Eloy Nebreda y Diego Catasus, dos que viajaron desde Europa. La entrada de Michael Camejo y Didier Reinoso, sumados a un Dairon Reyes que ya estaba en el campo, convirtió a Cuba en un equipo con tres mediaspuntas de perfil ofensivo. El mensaje era inequívoco: el golpe que venía era alevoso y premeditado.
Las piernas de los defensores granadinos empezaron a mermar, lo que redujo su capacidad para defender la profundidad. La urgencia por empatar los obligaba a adelantar líneas, dejando espacios sensibles a sus espaldas.
Ahí apareció la lectura de Marcos Campos, quien encontró el pase vertical perfecto para dejar solo a Daniel Díaz ante el portero. El delantero cubano, con la confianza por las nubes, no perdonó y puso el 2-0 en el minuto 90+1.
Pero la gesta no había terminado. Michael Camejo se inventó un taco que dejó descolocados a los defensores granadinos y, acto seguido, recibió el balón al espacio después de correr por la banda derecha como un bólido.
Con tiempo para avanzar metros valiosos, levantó la cabeza y sirvió un centro preciso al debutante Didier Reinoso, quien la remató de primera, como si llevara siglos haciéndolo para firmar el 3-0 definitivo en el minuto 90+4.
El desenlace final fue contundente e invita a pensar con ambición. Cuba demostró que tiene un plan, que sabe sufrir y que posee recursos en el banquillo para cambiar el ritmo de un partido.
«Estamos satisfechos con el partido, obviamente tenemos que fijarnos en algunas cosas para retocar, pero es una cuestión comprensible siempre en un primer partido luego de algún tiempo sin reunirnos», confesó a JIT el seleccionador cubano.
«Se pueden hacer muchas lecturas de lo visto hoy, probablemente las más alentadoras son la capacidad de corregir algunos elementos dentro del mismo partido y la disposición y la calidad de los que están en la banca para cambiar lo que sucede dentro del terreno», explicó Pereira.
«Teníamos en frente al que quizá era el rival más difícil que enfrentaríamos en el grupo, aunque considero que todos merecen respeto, y sabíamos que podían complicar las cosas. Tuvimos algunos minutos de impresiones, pero se resolvió a nivel defensivo anulando el ataque rival que consiguió solo disparar una vez entre los tres palos, y prácticamente sin peligro para nuestro portero y pudimos convertir delante y sumar tres goles que también es importante para un hipotético desempate en el futuro», profundizó.
Y en efecto, los cubanos doblaron a sus rivales en posición 64% a 36, en pases con casi 500 y un extraordinario 90% de efectividad, nueve disparos dentro de los tres palos, por uno solo de los granadinos, 20 disparos totales a 10, y casi todos los aspectos medibles del juego, lo que demuestra una superioridad abrumadora que justifica el marcador.
Más allá del resultado, la irrupción de jóvenes como Didier Reinoso y la madurez alcanzada por otros como Daniel Díaz anuncian que hay un futuro prometedor, y mucho, para esta selección cubana.
|