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Santo Domingo.- UN DOMINICANO, de algo más de 50 años, cuyo nombre supe después que era Domingo, observaba nuestra entrevista con la judoca Maylin del Toro. Ella, con su rostro húmedo por las lágrimas, se reprochaba no tener la medalla de oro en su pecho, en el cual brillaba la de bronce.
Domingo se nos acercó para decirnos que "tienen que aprender a disfrutar ese bronce, un cuarto o un quinto puesto. Todo lo que ustedes hagan aquí vale doble, porque son un referente, no solo en el deporte sino también de hidalguía para todos nuestros países".
Entonces él, comenzó a aplaudir.
Cuba llegó a los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, con el propósito de terminar tercera en el medallero, y lo cumplió. Pero ya proponerse esa cota era un premio, una expresión de la voluntad de no rendirse por grandes que fueran los obstáculos. Se sabía que la preparación estaba lastrada por la actual situación del país, generada por el imperio más poderoso que ha conocido la humanidad.
Carencia de recuperantes, déficit de calorías para un atleta de alto rendimiento, dificultades con medicamentos y otros insumos que tributen al control médico del entrenamiento; los apagones que deterioran la relación trabajo-descanso, dificultades para adquirir implementos para la competencia, lo cual pone en desventaja al atleta, son solo algunos de los males que se enfrentaron en la preparación de los que participaron en estos Juegos.
Por eso Domingo aplaudió cada salto, carrera o lanzamiento cubano, terminara o no en el podio; porque el deporte es una batalla silenciosa contra uno mismo, y no siempre se gana con medallas.
Aplaudió porque los deportistas cubanos y sus entrenadores jamás bajaron la mirada, porque las 51 medallas de oro que se alcanzaron son un símbolo de resistencia, pero también de un país que no ha renunciado ni lo hará a seguir siendo un faro del deporte en América Latina y el Caribe.
Claro que tenemos que aplaudirlos, porque el verdadero triunfo está en el esfuerzo que han hecho para competir, que es de por si un acto de valentía y de compromiso.
Sí, es esta la edición de menos medallas de oro de una delegación cubana desde 1970. Pero es también una de las delegaciones que deja una historia, no en las estadísticas o en los récords; pero sí en la memoria de quienes la vieron darlo todo.
Las medallas se oxidan y los récords se rompen; sin embargo, el ejemplo permanece, y el de esta delegación inspira, porque ha tenido que crecerse, multiplicarse ante los demonios.
Está claro también que no son solo las adversidades las que nos privaron de un mejor resultado, o de estar más cerca del entorno de los 65 títulos, que era lo previsible en Santo Domingo 2026.
Hay deportes que, con el mismo compromiso, entereza y virilidad que sus atletas encararon estos Juegos, han de analizar las razones por las cuales quedaron por debajo en sus pronósticos precompetencia.
No esconderse detrás de las dificultades, que son reales y lacerantes para todo el pueblo cubano, es también un acto digno y consecuente con nuestra resistencia y convicción de victoria.
Es también una expresión de honor, de seguir el pensamiento de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el año de su centenario.
Él, desde el 2008 advirtió que nos hemos dormidos en los laureles, y aquella frase ha sido una sentencia, pues en este mismo escenario se los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 2014, después de no participar en el 2010, ya México se quedó solo a siete lauros áureos de la comitiva de la Mayor de las Antillas, y ya llevamos dos ediciones en el tercer puesto, por demás ahora asediado.
En Santo Domingo, hay que reconocerlo, hemos visto a otra Centroamérica y el Caribe. La evolución de naciones como la misma República Dominicana es de admirar, o las de Venezuela y Puerto Rico, para no hablar de México, o de una Colombia que cada vez asombra más.
En esta capital la familia centrocaribeña compitió más que con los atributos, con su sencillez, su humildad y su belleza. Fidel, que amó estos Juegos, hubiera dicho de los atletas de la región, lo mismo que en 2008: para el honor de los deportistas, medalla de oro.
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