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La Habana.- LA DELEGACIÓN cubana de balonmano tiene clara su hoja de ruta para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026, tras la revelación oficial de la composición de los grupos para el certamen.
Las selecciones nacionales saben ya a qué rivales deberán medirse en la fase inicial de un torneo en el que parten, una vez más, con el cartel de máximas favoritas.
La capital dominicana acogerá la justa del 24 de julio al 8 de agosto, concentrando la actividad del balonmano en su segunda semana: las damas lucharán por las medallas del 29 de julio al 5 de agosto, mientras que los caballeros lo harán del 30 de julio al 4 de agosto. En ambos torneos, ocho equipos divididos en dos llaves buscarán el billete a la fase decisiva.
Las féminas, vigentes monarcas de San Salvador 2023, han quedado encuadradas en el Grupo B. Su calendario preliminar incluye a México, Costa Rica y Venezuela. Sobre el papel, el duelo ante las aztecas se perfila como el mayor desafío de la etapa clasificatoria, un choque que medirá el temple del equipo insular frente a un rival de constante crecimiento.
Costa Rica y Venezuela, si bien plantearán resistencia, no deberían poner en riesgo la clasificación cubana a semifinales si el equipo impone su ritmo físico y su velocidad de transición característica.
Por su parte, los muchachos, también defensores del oro regional, comparten el Grupo B masculino con rivales casi idénticos en nombre: México, Costa Rica y Guatemala.
Aunque la historia y la potencia del plantel cubano los colocan un escalón por encima, la experiencia reciente exige cautela: México suele vender cara la derrota con un estilo de juego combativo. La clave para Cuba residirá en imponer su explosividad atlética desde el pitido inicial para evitar sustos que compliquen el cruce en la siguiente ronda.
La distribución de los grupos deja un dato claro: el camino de Cuba, al menos en preliminares, evita a priori a los anfitriones dominicanos y al siempre aguerrido Puerto Rico, ubicados en el Grupo A de ambas ramas. Esto configura un escenario en el cual la verdadera prueba de fuego para los equipos cubanos llegará en las semifinales y la hipotética final.
Cuba aterrizará en Santo Domingo con un objetivo irrenunciable: revalidar los dos cetros conseguidos en 2023 y mantener su estatus como potencia histórica del balonmano regional.
La tradición avala el optimismo: el balonmano cubano ha sido sinónimo de podio y dominio en cada cita centroamericana durante décadas, sustentado en una escuela que combina preparación física privilegiada y un instinto táctico depurado.
No obstante, el coro de aspirantes al trono ha afinado sus voces. República Dominicana, jugando en casa y con el calor de su público, emerge como el principal antagonista, ya se vio cómo derrotaron a las cubanas en la recién finalizada Copa Caribe de la disciplina realizada en la capital dominicana. Puerto Rico, con su pujante liga, y un México que busca romper el techo histórico, intentarán desbancar a la Mayor de las Antillas.
El talento joven de los planteles cubanos y su manejo de la presión en instancias cumbre representan las herramientas definitivas para que el "son" del balonmano siga sonando en lo más alto del podio.
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