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La Habana.- EL PARIS Saint-Germain de Luis Enrique inscribió su nombre con letras de oro en la historia moderna del fútbol.
Este sábado revalidó el título de campeón de Europa ante un Arsenal colosal, que vendió carísima su derrota, imponiéndose en una tanda de penaltis agónica (4-3), tras un igualado 1-1 en el tiempo reglamentario y la prórroga.
La suerte, esquiva con los gunners, volvió a sonreír a un PSG que ya es dinastía.
El libreto que se presuponía saltó por los aires a los cinco minutos: en una acción desgraciada para la zaga parisina, un mal despeje de Marquinhos golpeó en Trossard y el rechace le cayó franco a Kai Havertz.
El alemán, especialista en grandes citas, se lanzó a la espalda de Achraf Hakimi y, con una sangre fría impropia de un minuto tan temprano, fusiló a Safonov por el palo corto.
El cañonazo silenció a la hinchada francesa y elevó al éxtasis a Londres. El Arsenal era el aspirante, pero su mordiente era la del campeón.
El golpe dejó aletargado al PSG. Los de Luis Enrique, habitualmente avasalladores, se mostraron espesos e imprecisos ante la presión ordenada del entramado de Mikel Arteta.
La pareja de centrales de los Gunners, Gabriel-Saliba, sencillamente imperial, maniató a Kvaratskhelia y Doué durante toda la primera mitad.
El portero David Raya fue un espectador de lujo. El plan de Arteta, técnico de los ingleses, funcionaba a la perfección: un partido trabajado, físico, donde el tiempo corriera a favor de los suyos.
El PSG, sin embargo, es un monstruo competitivo mutante. En los días de gala, encuentra la forma de golpear.
En una de las pocas veces que Kvaratskhelia logró zafarse de la marca de Mosquera, el defensa español trabó al georgiano dentro del área. Daniel Siebert no dudó. Era penalti.
Ousmane Dembélé, con un temple innegociable, engañó a Raya en el minuto 64 para establecer el empate y devolver la vida a un equipo que deambulaba sin brújula.
El gol liberó al PSG y sumió al Arsenal en un túnel de dudas. Luis Enrique olió la sangre.
Con la entrada de Barcola y el paso adelante de Vitinha, los parisinos comenzaron a correr y a encontrar los espacios que antes no existían.
Kvaratskhelia se topó con el poste, Raya sacó una mano milagrosa ante Barcola y Vitinha rozó el gol por milímetros. El Arsenal, sin Odegaard en el campo tras su sustitución, perdió el rumbo y se aferró a la resistencia física para llegar vivo a la prórroga.
El tiempo extra fue un espejo del agotamiento. Los jugadores, con el mundial a la vuelta de la esquina y las piernas cargadas, priorizaron no cometer un error fatal.
El destino, como en todas las finales de esta temporada para el PSG, quiso que la Copa de Europa se decidiera desde los once metros. Ahí, los de Luis Enrique son infalibles.
La tanda fue un drama dickensiano: Eberechi Eze erró su cobro y David Raya mantuvo con vida al Arsenal deteniendo el lanzamiento de Nuno Mendes, pero la historia pesó como una losa insoportable sobre los hombros gunners.
De manera fatídica, Gabriel Magalhaes mandó su lanzamiento a las nubes de Budapest. El fallo del central brasileño, héroe en mil batallas, resultó la estocada definitiva. El PSG, implacable, no perdonó y sentenció su segunda Champions consecutiva.
Luis Enrique agranda su leyenda. Con esta victoria, el técnico asturiano iguala la gesta del Real Madrid de Zidane en la era moderna como único equipo capaz de ganar la Orejona en dos años consecutivos y mira de cerca el récord de tres.
Para el "Spanish Arsenal" de Arteta, la derrota resultó un golpe cruel, un récord de cero derrotas en el torneo que se queda en nada.
Tras eso, y 139 años después, la Copa de Europa seguirá sin viajar al norte de Londres, mientras que en París, los Campos Elíseos se preparan para otra fiesta eterna.
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