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La Habana.- CUANDO María Clotilde Pérez Consuegra decidió cambiar las barras asimétricas por un par de patines, Cuba aún no sabía lo que era el patinaje artístico.
Había sido campeona nacional de gimnasia artística de la mano de las entrenadoras Teresa Oliva y Lilia Gómez. De esa etapa rememora con orgullo su incursión en los primeros Juegos Escolares Nacionales.
También vistió la franela tricolor en los Juegos Centroamericanos de Panamá 1970. Allí obtuvo la medalla de oro por equipos, siendo la más joven entre las gimnastas cubanas.
Una lesión la alejó de la competencia activa, pero no de los tablones. Por 15 años María Clotilde fungió como entrenadora de la selección juvenil de gimnasia, en la modalidad artística.
Entonces, llegó la idea de insertar el patinaje artístico en el programa de los Juegos Panamericanos de La Habana de 1991 como deporte de exhibición.
«Un año antes de la cita continental no había entrenador y decidí dar el paso, porque siempre me gustó mucho el patinaje sobre hielo», recuerda en conversación con JIT.
El reto era mayúsculo, pero la intrépida habanera, gimnasta curtida en la alta competencia, no dudó un segundo en lanzarse a la aventura.
La senda fue tan ardua como apasionante. Sin un referente local, la capacitación llegó de la mano del propio presidente del comité internacional de este deporte.
Así, con una matrícula inicial de cerca de 10 muchachos, María Clotilde se convirtió en fundadora de una disciplina que, poco a poco, empezó a ganar adeptos en la Mayor de las Antillas.
«La modalidad me enamoró, porque también es una disciplina de arte competitivo, un deporte espectáculo complejo, pues se trata de un patín con cuatro ruedas y cada una con una función diferente. Me tocó estudiar mucho para aprender», detalla la entrenadora.
Tras casi 60 años vinculada al deporte —contando su etapa como gimnasta—, la hoy septuagenaria mujer reconoce que mantener el patinaje artístico en pie durante más de tres décadas en Cuba no ha sido tarea sencilla.
«En lo personal me tocó formar a todos los entrenadores que me han sucedido en esta labor, incluso fuera de la capital del país», afirmó, consciente de que el éxito de su obra radica en haber sembrado conocimiento donde no lo había.
El fruto de esa siembra, según sus propias palabras, es una gran experiencia. «Formar patinadores es lo mejor que me ha sucedido. Ellos llegan a convertirse en parte de tu familia, porque es mucho el tiempo que compartimos juntos», expuso.
«Uno como entrenador se siente satisfecho de moldear a ese muchacho o muchacha porque el deporte educa, desarrolla la voluntad, que es la capacidad de lograr lo imposible, sin sobreprotecciones, pues detrás de cada sacrificio, dolor físico, lágrimas o limitaciones, está el éxito, la medalla, el himno y la bandera», apuntó la capitalina.
Una de las máximas pruebas de ese trabajo fue la presea de bronce del patinaje artístico cubano en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla 2018. Un logro que se suma a la larga lista de satisfacciones de una mujer que hizo del deporte un asunto familiar.
«Mi trabajo lo realicé con mucho amor, y entre los buenos sabores que me dejó está el haber implicado a mi familia en esta obra. Primero mi esposo, quien me ayudó durante todo el camino y luego está el hecho de haber dejado en manos de mi hija, Liuba de Quisqueya Lleonart, las funciones como entrenadora del equipo nacional de patinaje artístico», aseveró.
Aunque está jubilada, la conexión con el deporte que fundó sigue intacta.
"He seguido yendo a los entrenamientos y los disfruto, aunque cada vez voy menos, pero me gusta continuar involucrada con ese mundo que amo tanto". Retirarse fue una decisión difícil, "tanto que me demoré 10 años en dar el paso, pero es algo que inevitablemente tiene que llegar y el descanso se necesita", alegó.
Ahora, desde la distancia que da el deber cumplido, María Clotilde observa con ojo crítico y esperanzador el futuro del patinaje cubano, que se prepara para los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.
Sabe cuál es el reto.
"Para estos Juegos aspiramos a tener tres representantes. Colombia debe ser el rival más potente, pero tenemos opciones de lograr un buen resultado en la prueba masculina", sentenció desde su experiencia.
De voz pausada y sonrisa fácil, la avesada entrenadora se manifiesta complacida de su travesía dentro del movimiento deportivo cubano.
Su legado no se mide solo en medallas o en la proeza de haber sido pionera del patinaje artístico en la Isla; sino en la voluntad forjada en sus alumnos y en la certeza de haber formado más que deportistas: personas de bien.
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