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La Habana.- ¡TIEMPO! La palabra despega con energía, pero no llega como una orden impuesta, sino como una invitación. Ha llegado la hora, de comenzar a sudar.
En una de las instalaciones de la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento Cerro Pelado, en el capitalino municipio de Boyeros, un grupo de mujeres —y un hombre— se preparan para la cita diaria con la exigencia física.
Pero para entender lo que ocurre cada tarde entre estas paredes, hay que remontarse al amanecer del nuevo milenio.
Corría el año 2000 cuando Jorge Velázquez Terry, especialista en medicina tradicional y fisioterapeuta del Instituto de Medicina del Deporte, tuvo una idea tan sencilla como revolucionaria: reunir a un colectivo de mujeres con el propósito de hacer ejercicios.
El proyecto nació con un objetivo muy concreto: atender a la mujer obesa, aquella que necesitaba imperiosamente perder peso para ganar salud. El horario vespertino, pensado estratégicamente, acogía a la mujer trabajadora que, después de su jornada laboral, buscaba un espacio para sí misma.
GUARDIANAS DE UNA IDEA
Con el tiempo, algunas de aquellas primeras alumnas descubrieron una vocación. Comenzó entonces un proceso de superación que las llevaría a convertirse en instructoras de deportes y salud.
Desde el año 2004, son ellas quienes manejan las riendas del proyecto y lo conducen hacia nuevos horizontes.
Karina Fournier Martínez es hoy la instructora, pero su historia se confunde con la del propio gimnasio.
«Siempre hemos tenido una gran motivación porque la matrícula es bastante alta y para mantenerla, hemos ido superándonos a través de cursos en distintos combinados deportivos», explicó a JIT Fournier Martínez.
«Hemos contado, además, con mucho apoyo de profesores de gimnasia musical aerobia. En la actualidad trabajamos con unas 17 modalidades dentro de esa disciplina, lo que nos permite entregar una propuesta diversificada y motivadora a cada alumna», añadió.
Esa matrícula, que ronda las 80 integrantes, ha ido transformando sus aspiraciones con el paso del tiempo, y el proyecto ha sabido adaptarse.
«Con los años, las motivaciones de las mujeres que llegan aquí han ido variando. Tenemos desde mujeres que quieren perder peso a otras que buscan mantener su masa muscular activa. Algunas se presentan por problemas emocionales, como depresión o ansiedad; en este caso trabajamos conjuntamente con áreas de salud de nuestra localidad», afirmó la instructora.
La inclusión es otro de los pilares que sostienen esta experiencia.
«Aunque en un principio teníamos un límite de edad, ahora recibimos mujeres hasta de 70 años. Tenemos alumnas con Síndrome de Down, autistas, débiles visuales, hipoacúsicas, cada una en su proceso y respetando su capacidad», asevera Fournier Martínez.
«Nuestro objeto social es que todos seamos felices y que el ejercicio físico y el deporte revolucionario sea una herramienta más para cada situación, dígase problemas de enfermedades, emocionales o sociales», agregó la preparadora.
Pero el camino no ha estado exento de obstáculos. Muchas veces la falta de locaciones los ha golpeado, aunque aseguran que siempre han contado con el apoyo de la ESFAAR, la cual honran al mantener intacto el nombre del proyecto: Aerobios Cerro Pelado.
Aida Quintela Delgado, también instructora, habla con el corazón en la mano.
«Este proyecto para mí es lo más grande. No se trata solo de bajar de peso para verse bonita, sino de fomentar las relaciones interpersonales y contribuir también con su salud mental, porque somos mujeres que en la vida diaria enfrentamos muchos problemas, y aquí encontramos la manera de despejarnos un rato de ellos, para reír y disfrutar», comentó.
Para Aida, el gimnasio ha trascendido la condición de espacio deportivo convirtiéndose en algo mucho más profundo.
«Lo considero otro hogar, una segunda familia, en la que no hay lugar para las diferencias ni las exclusiones, nos apoyamos entre todas y esa es nuestra esencia», expresó.
Sobre el futuro, ambas profesionales del ejercicio físico se muestran confiadas.
«Trabajamos para que cada día crezcan las iniciativas, las dinámicas y los retos, para que nos mantengamos por muchos más años juntas», alegó Quintela Delgado.
«En el futuro tenemos que seguir aquí, mientras se pueda y exista convicción y disciplina, estaremos», certificó su compañera de fórmula.
EL RESPALDO INSTITUCIONAL
Detrás de esta iniciativa comunitaria, existe una voluntad política que la respalda y la impulsa.
Sobre el tema, JIT conversó con Emilia Rebeca Hernández Mesonet, doctora en Ciencias Pedagógicas, coordinadora del programa nacional para el Adelanto de la mujer en el Inder, y quien dirige, igualmente, el programa sectorial género, deporte y sociedad en un entorno de inclusión social.
«Nuestro objetivo es no ver al deporte solo desde la parte competitiva, sino también al ser biosicosocial, histórico-cultural con sus complejidades, en un entorno de comunidad y familiar, en el cual la vida cotidiana y los problemas económicos y financieros que hay en el país tienen un impacto sobre ellos», explicó.
Sobre esa base, se trabaja en función de aplicar el enfoque de género a todo el sistema de decisiones y trabajo del organismo.
«Para poder lograr que la persona no se sienta excluida ni discriminada, tenemos que aplicar políticas que sean asertivas, afirmativas, que reafirmen sus convicciones y consigan sentirse bien como seres humanos. En busca de eso, el Inder se trazó una estrategia de género que ha venido implementando desde el año 2023», detalló.
La institución ha entendido que el deporte puede y debe ser una herramienta de transformación social.
«Como organismo existe hoy una voluntad política para desarrollar proyectos comunitarios y de investigación que pondera la temática de género en un entorno de inclusión que abarca a todas y todos, independientemente de su color de piel, su edad o discapacidad física», argumentó Hernández Mesonet.
Pero el compromiso va más allá de la promoción del deporte. Desde el Inder se trabaja con el protocolo de actuación contra la violencia y la discriminación en el entorno laboral y comunitario.
Emilia Rebeca lo resume con claridad: «El Inder hoy está en un momento distinto en relación con la implementación del programa para el Adelanto de la mujer, con una política pública aprobada por la Revolución. Seguiremos estimulando y potenciando a las féminas profesoras, árbitros, entrenadoras, federativas, científicas, para continuar avanzando en función de la mujer», concluyó.
VOCES QUE CONFIRMAN EL IMPACTO
Yetzy Oliset, oftalmóloga de 30 años, y Rodney Rodríguez, estudiante de Licenciatura en Cultura Física de 27, representan dos caras del mismo fenómeno: cómo un proyecto pensado inicialmente para mujeres, ha terminado por convertirse en un espacio de crecimiento personal y comunitario.
Yetzy encontró en el gimnasio mucho más que un lugar para ponerse en forma.
«Me siento feliz con este proyecto porque mejora nuestro estilo de vida y la salud, une a la comunidad, a todo tipo de mujeres. En lo personal, como mamá, me ha ayudado mucho, he adquirido agilidad, fuerza, habilidades que me ayudan a la hora de atender a mi niño y hacer actividades que antes de entrar aquí, no podía», cuenta la joven.
Rodney, por su parte, no duda al considerar su llegada al proyecto como una de las mejores decisiones de su vida. Ser el único hombre en un grupo mayoritariamente femenino podría ser un desafío, pero el muchacho lo ha sorteado con naturalidad.
«Es una tarea algo compleja porque todas poseen disímiles caracteres, pero no es una situación imposible de manejar, siempre desde el respeto mutuo», certificó.
Muchos son los beneficios que lo mantienen leal al proyecto.
«Siento que ha repercutido en la calidad de mi salud. Tengo mayor rendimiento en mi día a día, mayor fortaleza, agilidad y desde el punto de vista social también aporta muchísimo, puesto que las relaciones personales aumentan. Pienso seguir, espero que por un buen tiempo», confesó Rodríguez.
Cuando la clase se acerca a su fin y los cuerpos fatigados intentan recuperar el ritmo de su respiración habitual, llega una frase esperada: "Ha sido todo por hoy”.
Acto seguido, un aplauso colectivo, cálido y sincero, llena el espacio. En cada palmada va implícito el compromiso de regresar al día siguiente al reencuentro con ese otro hogar que se ha construido entre bailes y rutinas de ejercicios.
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