|
Habana.- «AQUELLA delegación no era solo talento deportivo. Era familia, era futuro. Muchos de ellos eran como hermanos», dice a JIT, a 49 años del crimen de Barbados, Jesús Ortiz, gloria del deporte.
Este 6 de octubre la Isla rememora y pide justicia por el abominable crimen de Barbados, sobre cuyas costas la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos y sus sicarios hicieron explotar en pleno vuelo una nave de Cubana de Aviación.
El vuelo CU-455 llevaba a bordo 73 personas, incluidos 24 jóvenes esgrimistas cubanos, campeones de un certamen regional, 11 ciudadanos guyaneses, en su mayoría estudiantes de Medicina, y cinco norcoreanos, junto a 25 miembros de la tripulación.
«Vivíamos juntos cada entrenamiento, cada sacrificio. Su entrega era total, su alegría contagiosa, su sueño olímpico intacto.
Yo participé en su formación, en sus primeros pasos. Vi cómo crecían, cómo se convertían en símbolos de la esgrima cubana», abunda. Ortiz.
«Su pérdida fue como una amputación: nos arrancaron una generación entera de atletas, de seres humanos excepcionales. La noticia del sabotaje nos paralizó. Fue un golpe brutal, no solo para el deporte, sino para toda Cuba», añade.
Desde entonces, cada 6 de octubre es un día de luto en Cuba y en hogares foráneos, de rabia contenida y de preguntas sin respuestas.
«Esos muchachos representaban lo mejor de nuestra juventud. Eran embajadores de dignidad, del esfuerzo, del talento cubano. Su legado vive en cada pista, en cada joven que empuña un arma con honor y disciplina.
«A los nuevos esgrimistas les digo: conozcan esta historia, háganla suya. Que cada toque sea también un acto de memoria. Y nunca olviden que el deporte cubano también ha sido víctima del odio. Barbados es una cicatriz que exige justicia», concluyó.
|