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VIERNES 12
ABRIL, 2024
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La Habana
Año 66 de la Revolución
Sigfredo Banderas Rodríguez
«Ser entrenador genera una tremenda gratitud»

Con sus sabias enseñanzas se han formado otros muchos triplistas, algunos de los cuales son ahora prestigiosos entrenadores.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleen.rios@inder.gob.cu)
martes, 1 de julio de 2014

Trayectoria...

Es uno de los imprescindibles dentro de la escuela de salto cubana. Llevó al estrellato al triplista Yoelbi Quesada.

En la actualidad...

Entrenador del equipo nacional.


La Habana.- A SIGFREDO Banderas se le reconoce como uno de los imprescindibles en el atletismo cubano, especialmente de su escuela de salto, y no solo por la exitosa combinación que logró con Yoelbi Quesada.

Aunque esa sería una razón más que suficiente, se conoce que con sus sabias enseñanzas se han formado otros muchos triplistas, algunos de los cuales son ahora prestigiosos entrenadores.

El fútbol y el baloncesto forjaron sus primeras relaciones con el mundo del deporte, y fue la garrocha la especialidad que practicó dentro del equipo nacional, más para “librarse” de otras tareas que por vocación.

Al menos era lo que pensaba entonces, porque en la actualidad no duda para declararse un hombre satisfecho y feliz por cada alumno que tuvo a su lado.

Nació en Santiago de Cuba, ya cumplió 66 años, la vida le ha premiado con muchas cosas, incluida la distinción de “Mago del triple salto” que muchos le asignan.

Pero también ha enfrentado retos, uno de ellos vinculados a la salud, que no siempre le acompaña en los últimos tiempos. 

Nos recibió en su casa sin muchos protocolos, se mostró como es, y quizás por eso de que el paso del tiempo nos hace más sentimentales cambiamos el rumbo de la conversación alguna que otra vez para evitarle emociones llegadas con los recuerdos.

Comprobamos lo que es un secreto a voces: Yoelbi fue su preferido, con él cumplió casi todos los sueños, aunque el oro olímpico nunca llegó.

Sobre esa relación, su encanto para el éxito y puntos de vista sobre otros temas versó el diálogo con JIT.

¿Por qué la garrocha?

Creo que era el año 1966 e iba a jugar baloncesto al Instituto Cuqui Bosch, en Santiago de Cuba, y me encontré con Juan Morales, quien me pregunta si no me interesaba saltar con garrocha, porque ellos estaban en una base de entrenamiento allá. Fui y me presentó al entrenador, que era un soviético, le gustaron mis condiciones y así llego al atletismo. Poco después pasé a la ESPA nacional y comencé a entrenar con el profesor Arístides Ramírez.

¿Tuvo buenos resultados?

Estuve hasta el 70 como atleta y tuve como marca máxima 4,50 metros. Incluso en el 69 participé en algunas competencias en Europa, principalmente en Alemania, pero al regreso caí dos veces fuera del colchón y tuve que operarme de unas hernias que me llevaron a retirarme.

¿Se había imaginado entrenador?

Ahí mismo me enteré de un curso en el Fajardo y me gradué de profesor de Educación Física. Luego pasé un año trabajando en la pértiga del equipo nacional y no seguí porque falleció José Hernández, que fue campeón nacional de triple y era entrenador de esa área. Entonces Lázaro Betancourt, que era el comisionado, habló conmigo y me dijo «Tú eres un libro abierto, acabas de graduarte, ahora viene un soviético y hace falta que te incorpores con él para aprender del triple salto». Gracias a Dios eso sucedió así y he podido ayudar a formar el prestigio del triple en Cuba.

Pero eso sucede sobre el año 1975 y ya había antecedentes...

Sí, con el caso de Pedro Pérez Dueñas, que había tenido el récord mundial, pero el resto estaba muy pobre y en el femenino ni siquiera había nada de desarrollo. Yo había tenido la garrocha como una salvación de no irme al Servicio Militar y realmente no sé qué rumbo hubiera tenido mi vida, pero empezó a gustarme mucho el triple. Saqué grandes experiencias de los asesores soviéticos que adaptamos mucho al trabajo de fuerza, que es la característica nuestra, y eso nos dio grandes resultados.

¿Qué se necesita para ser un buen triplista?

Además de las condiciones físicas requiere disciplina y mucha entrega. Físicamente tiene que poseer rapidez y saltabilidad, que valen mucho, y disposición para sobresalir.

¿Y para encumbrarse como técnico?

Mantener muy buenas relaciones con el atleta, y es súper importante el conocimiento, estar siempre aprendiendo, adquirir toda la experiencia posible para guiar el proceso. Hay que respetar mucho a tus alumnos y cuidarlos, buscar el punto exacto para todo: las cargas, los ejercicios... porque tan malos son los excesos como las faltas.

¿Se va modificando ese proceso?

Todos los días aprendes algo, nunca terminas de ver y analizar cosas nuevas. Por ejemplo, lo que logró Yoelbi en cinco años Alexis Copello lo hizo en tres y Pedro Pablo Pichardo logró 17,69 en uno, lo que entre otras cosas resulta muestra de cómo se han ido perfeccionando los métodos, vamos aprendiendo a organizar mejor la preparación.

Quien mire desde afuera hacia los resultados de Cuba puede pensar que es más fácil lograr un buen triplista que otros especialistas…

Mira, esa pregunta me gusta mucho porque a nivel de los técnicos algunos dicen que cualquiera es entrenador de triple salto y tiene resultados, pero creo que eso responde a la forma en que ha expandido nuestra escuela en toda Cuba, a que se practica y se compite mucho, y salen las figuras. Aunque también considero que tenemos una gracia, un “don” que hay que saberlo desarrollar y adecuar al momento.

Ha tenido alumnos hombres como mujeres, ¿cuáles prefiere?

Con las mujeres se obtienen más rápido los resultados, pero también se pierden más rápido, porque hay “enemigos” muy poderosos como el amor, el celo y la melancolía. He tenido atletas que en su mejor momento se han peleado con el novio y todo se ha derrumbado. Como sin darme cuenta he saludado a una con deferencia y se ha generado un celo que en ocasiones casi me busca problemas... Eso hay que tenerlo muy presente para entrenar mujeres.

Vamos a un tema obligado en esta conversación: Yoelbi.

Yo nací para Yoelbi y él para mí, tuvimos una correspondencia total desde un mes de diciembre en que lo vi en una competencia en Pinar del Río. Tenía 13 o 14 años y me pareció estar viendo a Pérez Dueñas. Hablé con él y le pregunté si le gustaría ir para La Habana al año siguiente, levantó los ojos, me dijo que sí y así pasó. Coincidió con Iván Pedroso en el equipo e hicieron una “yunta” intachable. Transitó todo el tiempo como mi alumno y es mi mayor orgullo. Aliecer Urrutia hizo récord mundial, pero en ese momento estaba con Julio Bécquer, pero en el trabajo con Yoelbi hubo un solo cerebro.

¿Qué lo distinguió como atleta?

Era muy disciplinado y muy respetuoso, aunque tenía sus cosas de muchacho, y recuerdo que a veces se me escondía en el clóset cuando debíamos entrenar en el Parque Lenin, porque el trabajo era muy duro, loma arriba y loma abajo...  Todavía mantenemos las mejores relaciones y gracias a él logré muchas cosas, me pude sentir realizado como entrenador porque consiguió todos los premios posibles.

¿Cuál considera el momento cumbre que le regaló?

Fueron muchos, pero el mejor fue en los Juegos Olímpicos de Atlanta’96…

Sin embargo allí terminó en bronce, y nunca fue campeón.

Yoelbi pudo ser campeón olímpico, pero no era Atlanta el momento. Allí estaban el británico Jonathan Edwards y los norteamericanos, y uno sabe a dónde puede llegar… Sin embargo, creo que en Sydney sí se le escapó, porque él no era fácil en las competencias, se crecía y tenía su resultado fundamental en el momento más importante. Pero llegó con mucho déficit de trabajo y pese a eso el nulo del penúltimo salto fue muy pegadito y le hubiera dado el oro. A Yoel García le salió un buen 17,47 con que aseguró plata y le dejó cuarto. 

¿Entonces se siente en deuda con el oro olímpico?

Solo en parte, porque tengo dos con Enrique Cepeda, aunque en su momento no se valoró igual. Antes a los atletas discapacitados no se les daba el valor que tenían, no era como ahora, cuando tienen un colectivo diferente. Incluso recuerdo en mi evaluación en el año 96 no me dieron la calificación máxima basándose en que llevé a Atlanta a cinco atletas y solo uno alcanzó medalla... Como si clasificar a cinco para unos Juegos Olímpicos no fuera suficiente para considerarlo bueno. Pero, como dicen, la justicia tarda pero llega... Me siento realizado con él y con los demás que he tenido, porque cuando se hable de triple en Cuba Banderas no puede quedar olvidado.

¿Coincide con quienes consideran más difícil ser entrenador porque no todo depende de la gestión propia?

Es muy duro manejar los momentos en que los atletas no hacen lo que uno sabe que tienen potencialidades para lograr, tanto que en una ocasión me sacó de pasó uno que no era mío y me lo dieron porque su entrenador tampoco pudo. Aunque por ética no diré el nombre cuando él lea esto sabrá a quién me estoy refiriendo. Claro, al paso de los años uno se va calmando, explota menos ante las cosas que suceden. Yo era muy exigente para la disciplina, no era “gritón”, pero sí exigía mucho, a las muchachas les pedía que vinieran a los entrenamientos como si fueran a una fiesta, que se arreglaran, porque eso hace más agradable lo que tienes que hacer. Con el tiempo uno se va opacando un poco, creo. Ya voy a cumplir 40 años como entrenador y aunque se dice fácil hay que recorrer camino…

¿Cómo es el antes de una competencia importante?

Hay que pasar por eso para saber lo que se experimenta. Lo que más me limita es no demostrarle al atleta lo que siento, tengo que aguantar mucho, fingir, sonreír sin deseos, pero se sufre mucho.

¿Vale la pena?

Claro que sí, por eso siempre volvería a dedicarme al atletismo y al triple salto, porque me encanta ser entrenador, soy un hombre realizado y me complace cuando me tratan con respeto porque reconocen lo que he hecho. Ser entrenador genera una tremenda gratitud.

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