HORA DE CUBA: 03:13 PM

Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
LUNES 18
DICIEMBRE, 2017

La Habana
Año 59 de la Revolución
DALIA HENRY HERNÁNDEZ
De capitana a comisionada
Por: Roberto Méndez
(robemen@inder.cu)
domingo, 03 de diciembre de 2017 02:29 PM



Foto: Roberto Morejón

La Habana.- CON ELLA concluyó la etapa dorada del baloncesto para féminas en Cuba.

Se retiró tras sus terceros juegos olímpicos, en Sydney 2000, cuando ya sumaba 19 años en la selección nacional, 15 de ellos como capitana.

Aportar a logros importantes como el bronce del Campeonato Mundial de Malasia 1990 y el cuarto lugar en la cita bajo los cinco aros de Barcelona 1992 la colocaron en la historia de ese deporte junto a otras estrellas de su generación.

Su palmarés tiene brillo en el ámbito regional gracias a oros en cinco juegos centroamericanos y del Caribe y en cuatro panamericanos.

En la lid múltiple continental de Winnipeg 1999 vivió un título inolvidable sobre las archirrivales de Brasil.

A Dalia Henry Hernández desde su época de atleta le acompaña un aura de gentileza y sencillez que mantiene ahora, cuando se desempeña como comisionada nacional y debe dirigir a personas que fueron sus entrenadores o compañeras de equipo.

Quien formó parte de la nómina campeona del preolímpico de La Habana 1999, último torneo de alto rango aquí, no puede dejar de recordar la memorable victoria sobre las brasileñas por 90-87 en el coliseo de la Ciudad Deportiva.

En esa propia sede, durante los preparativos para las eliminatorias mundialistas en la categoría masculina, se puso a disposición de JIT para una conversación pactada hace mucho pero siempre pospuesta por ese mismo carácter de quien no pondera su gloria.

¿Qué recuerdas de aquella última vez aquí?

Sensacional. Siempre me gustó mucho jugar ante nuestro público y más con las demostraciones ofrecidas cuando quedamos invictas. Creo que cumplí mis misiones en cada salida, pues aunque anoté solo 20 puntos en cinco juegos fui la tercera con más minutos en cancha.

Además fue muy grande desquitarnos de haber perdido el oro en los panamericanos celebrados aquí en 1991.

¿Crees que los partidos de la ventana mundialista tributen  un impulso necesario?

Sin dudas ver jugar a elencos importantes de Estados Unidos, Puerto Rico y México es una gran atracción y oportunidad de crecer. Una opción de ver a nuestros jugadores y los visitantes en un coliseo con todas sus galas.

Siempre las competencias de gran nivel atraen a los practicantes sistemáticos y eso es muy bueno, sobre todo para los de menor edad, que como es lógico tratarán de imitarlos y soñar ser como ellos.

Así es como se desarrollan los atletas, además de jugar cada uno a su nivel. En cada etapa se adquiere oficio, se corrigen errores y se pulen habilidades.

Estos partidos van a ser espectaculares.

¿Cómo te ligaste a este deporte?

Fue en mi barrio Luyanó, del municipio 10 de Octubre, pues soy capitalina. Ya practicaba gimnasia y el profesor Omar Lozano trató de hacerme entender que tendría más oportunidades en el baloncesto.

Iba a esperar a mi hermana Barbarita y él se fijó en mí. Cuando acababa el entrenamiento me daba una pelota para que se la guardara, entonces me iba driblando y así comenzó a gustarme.

Ya en 1977 entré en la EIDE Mártires de Barbados y dos años después a la ESPA Nacional Giraldo Córdova Cardín.

¿El debut internacional?

En 1979 en el Torneo Esperanzas Olímpicas, en la República Popular de Corea, donde fui seleccionada en el Todos Estrellas. En esa categoría juvenil en 1980 participé también en el torneo panamericano y el Campeonato Mundial, los dos en Estados Unidos.

¿Y el salto a la selección grande?

En 1981 fui llamada a la preselección y ya en 1982 pasé a ser matrícula oficial de la escuela Cerro Pelado. No me seleccionaron para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana, en ese último año, y debuté en los Juegos Panamericanos de Caracas 1983.

En un juego complicado contra Canadá Matilde Charro salió debido a cinco faltas y me enviaron a la cancha. Hice algunas acciones positivas y lo ganamos. Se retiró Matilde y me quedé como regular.

¿Qué recuerdas más de tus encuentros con el Deportista Mayor, Fidel?

Aunque hace un año no lo tenemos físicamente siempre estará en nuestra memoria y en el deporte cubano. Tuve la gran dicha de que nos encontráramos varias veces, principalmente cuando acudía a nuestro regreso de los eventos.

Significó mucho para mí su preocupación cuando retorné con una lesión en la cervical de los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999. Me operaron en el hospital Frank País y el día que me sentaron y pude comer tuve su grata visita.

Antes, en una recepción ofrecida por el presidente de Cabo Verde, comenzamos una conversación, siempre interesado por el baloncesto en la rama femenina y sus resultados.

Me preguntó qué pasaba con el baloncesto femenino y yo le respondí que estábamos en un buen momento y que solo faltaba un poco de fogueo.

Me respondió: “Entiendo muy bien lo que tú me dices, pero no estoy de acuerdo contigo porque años atrás no se hablaba de fogueo y de preparación. Eso lo dejamos pendiente”.

Entonces esa tarde, cuando nos volvimos a ver, reinició la conversación.

Fue otra muestra de su grandeza, de sus detalles con cada uno de nuestros atletas. Así siempre fue con todos. Ese día hablamos mucho, de mi vida, del deporte, del baloncesto, y hasta vimos el Noticiero Deportivo.

En toda mi carrera pude recibir siempre el agasajo de Fidel en las llegadas, cargadas o no de lauros, o en las despedidas. Además tuve el privilegio de esos momentos y de invitaciones suyas a recepciones y cenas, siempre interesado en detalles y hasta gustos de mi vida personal, la familia.

Él hasta me preguntó en el hospital por qué no estaba mi mamá, pues no se le escapaba nada. Ese día se me olvidó que era Fidel y más parecía mi padre en los momentos más duros de mi vida.

Tras toda esa trayectoria, ¿cómo asumes la responsabilidad de comisionada?

Yo tenía que ser enlace entre jugadores y dirigentes, ser ejemplo. Creo que cumplí y fue una satisfacción en todos esos años.

Las dos tareas son muy difíciles. Ahora tenía la experiencia como atleta y alguna anterior en estas tareas, pues trabajaba como metodóloga. Es una labor complicada por los retos y las condiciones actuales de nuestro deporte, pero le ponemos toda la atención y preocupación.

Hay que buscar soluciones con inteligencia para sacar del “bache” al baloncesto. Ahora mismo las muchachas perdieron otra vez la clasificación al Campeonato Mundial, es decir, hemos retrocedido en el ámbito internacional y tenemos que recuperar terreno.

Localmente buscamos los talentos en edades tempranas, tratamos de mejorar los torneos principales y también desde la base, pero llevará algún tiempo volver a planos estelares.

Es como la carrera de atleta: paso a paso buscando hacer realidad los sueños.

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José Antonio Guerra Oliva
 
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