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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
MIÉRCOLES 22
NOVIEMBRE, 2017

La Habana
Año 59 de la Revolución
COLUMNA DEL EXPERTO
Propiocepción

Regula la dirección y rango del movimiento, propicia reacciones y respuestas automáticas; interviene en el funcionamiento del esquema corporal y en la relación de éste con el espacio, apuntalando la acción motora preconcebida.


Por Wilfredo Díaz García*
lunes, 16 de octubre de 2017 08:31 AM



Foto: Roberto Morejón

La Habana.- LA PROPIOCEPCIÓN es el sentido que alerta al organismo sobre la ubicación de los músculos. Puede decirse que es la capacidad de percibir la posición relativa de segmentos corporales contiguos.

Regula la dirección y rango del movimiento, propicia reacciones y respuestas automáticas; interviene en el funcionamiento del esquema corporal y en la relación de éste con el espacio, apuntalando la acción motora preconcebida.

Otras funciones en las que actúa son la coordinación de ambos lados del cuerpo, el mantenimiento del nivel de alerta del sistema nervioso, la influencia en el desarrollo emocional y el comportamiento y control del equilibrio.

Nuestro sistema nervioso incluye terminaciones nerviosas o receptores sensoriales que brindan sensibilidad interna o propioceptiva al organismo. Los propioceptores se encuentran en los músculos, articulaciones y tendones. A través de su estimulación se puede precisar la ubicación o la aceleración y rapidez relacionada a los movimientos del cuerpo.

De tal manera, los propioceptores son considerados por expertos como un subsistema de interorreceptores, que además de los vinculados al equilibrio y el movimiento corporal, incluye los sensibles a la presión sanguínea, a la concentración de oxígeno y a la de dióxido de carbono.

Se consideran también interorreceptores los que permiten percibir la temperatura corporal y las sensaciones de hambre, dolor, llenado de la vejiga, deseo de defecar y sed, etc.

De forma concreta, los propiorreceptores incluyen al sistema o aparato vestibular del oído (en relación con la percepción del equilibrio y los movimientos corporales) y al grupo de receptores articulares (huso muscular y órgano tendinoso de Golgi), que miden el estado de tensión y el nivel de estiramiento de los músculos, ligamentos y tendones. En otro sentido los propiorreceptores son mecanorreceptore, pues se activan como resultado de la tracción o presión mecánicas.

Según el doctor Diego Miñambres, profesor de la Universidad Europea de Madrid y líder en la investigación del tema, mediante el sistema propioceptivo el cerebro recibe la información sobre la ubicación y el movimiento de las partes del cuerpo entre sí y en relación a su base de soporte.

Esto ocurre a través de un grupo de receptores ubicados por todo el cuerpo. La sensibilidad propioceptiva es enormemente importante en la vida de relación del ser humano. Esta información es muy precisa acerca de los movimientos rápidos y ayuda a mantener el tono muscular, desencadenando la mayor parte de los reflejos que condicionan el equilibrio

En colaboración con la vista, la sensibilidad propioceptiva cobra gran importancia en la coordinación del movimiento: acción de músculos agonistas-antagonistas, sinérgicos y fijadores, de forma que el resultado ulterior sea un desplazamiento del cuerpo, o de una extremidad con las siguientes características: recorrido exacto; perfecta relación de trabajo entre músculos; ausencia del temblor kinésico; ejecución de la acción pedida o deseada y la ejecución de las contracciones musculares.

La Propiocepción es, en esencia, la comunicación que se da desde el sistema nervioso central hasta los músculos, ligamentos y articulaciones, dando instrucciones de cómo actuar. De esta manera nuestros movimientos son más coherentes y eficaces.

Realizar ejercicios específicos que nos proporcionen una mayor solicitación muscular o ligamentosa es recomendable para que el organismo elabore respuestas automáticas a situaciones emergentes que puedan aparecer durante el entrenamiento o en los periodos de competencias.

Esta respuesta consiste en un movimiento preventivo que evita dañarnos más allá del propio golpe o torsión que sufra nuestra articulación. Se trata de un mecanismo eficaz que permite a esta regresar a su posición inicial sin sufrir ninguna lesión.

El ejemplo más común es que algunas veces, al correr, nuestro tobillo se tuerce al tropezar o introducir el pie en un hueco. Sin embargo, de forma inconsciente nuestro cuerpo produce una respuesta nerviosa que equilibra el peso y propicia que la articulación no sufra daños. Esto es algo que se puede trabajar elaborando una rutina de fortalecimiento para los tobillos, y en general para cualquier articulación.

*Especialista en Psicología y campeón mundial de retrorunning. 

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