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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
JUEVES 23
NOVIEMBRE, 2017

La Habana
Año 59 de la Revolución
ENRIQUE FIGUEROLA CAMUÉ
«El atletismo es mi vida»

Orgulloso de la época que le tocó vivir, guarda recuerdos de la Delegación del Cerro Pelado, de cada encuentro con Fidel, y se siente feliz cuando luego de tantos años es todavía reconocido en las calles por sus triunfos.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
miércoles, 13 de septiembre de 2017 09:58 PM



Foto: Armando Hernandez

La Habana.- FUE EL iniciador de todo. De él partieron las historias que ahora tenemos en el atletismo revolucionario cubano. No porque haya sido el primero en practicarlo, claro que no, pero sí porque colocó a la Isla en el medallero olímpico.

Su plata en Tokio 1964 fue el punto de inicio para lo mucho que vino después. Enrique Figuerola (15 de julio de 1938) es la obligada referencia cuando queremos adentrarnos en el campo y pista que se fortaleció tras el triunfo de 1959.

Pelotero antes que corredor, santiaguero de nacimiento y de corazón, dueño de un físico que no impresionaba para la velocidad, pero rápido como pocos en la arrancada, “El Fígaro” fue todo tesón sobre las pistas.

«No fue fácil, necesité mucha perseverancia, corregir elementos y eso me llevó tiempo», asegura ahora en retrospectiva este hombre que en más de 20 ocasiones sobrepasó el récord nacional de los 100 metros y en 1967 igualó la marca mundial de 10 segundos flat.

Orgulloso de la época que le tocó vivir, guarda recuerdos de la Delegación del Cerro Pelado, de cada encuentro con Fidel, y se siente feliz cuando luego de tantos años es todavía reconocido en las calles por sus triunfos.

Este diálogo con JIT sucedió hace un tiempo. Las gradas de la Ciudad Deportiva, en las que recibió su distinción como uno de los 100 atletas del siglo XX en Cuba, fueron testigo del encuentro en que recordó parte de su vida y aseguró que no variaría nada de lo hecho.

¿Por qué el cambio del béisbol para el atletismo?

Por mi velocidad, pero también me embullaron porque en esa época ya estaba en declive Rafael Fortún, y se me hizo la conciencia de que podía sustituirlo. Sin embargo, tenía muchas lagunas técnicas, había cumplido los 18 años y debí hacer muchos cambios para correr en el atletismo.

¿Fue esa la parte más difícil?

Creo que sí. Necesité mucha perseverancia y corregir elementos técnicos, en lo cual el entrenador polaco fue fundamental. Tuve que aprender los movimientos correctos a una edad que no es la adecuada. Recuerdo que el braceo, algo fundamental para mantener la velocidad, lo ejecutaba como los peloteros. Debí repetir mucho los ejercicios con brazos delante del espejo, llevándolos a la altura adecuada, para poder corregir el defecto.

También me tocó fortalecer la preparación física, pues con mi fuerza natural corría hasta los 60-70 metros, pero decaía en el final.

La plata de los 100 metros en Tokio… ¿Cómo recuerda ese momento ahora?

Era un compromiso grande conseguir una medalla olímpica. Era el de más posibilidades en ese momento, sabía que tenía que ganarla y eso me comprometió a dar más. Desde los Juegos Panamericanos de 1959, con un bronce, enseñé lo que podía hacer y luego tuve la mejor de las atenciones desde el punto de vista metodológico y del entrenamiento.

Siempre añoré el oro, lamento no haberlo ganado porque estaba en el número uno del ranking. Aunque se cumplió la meta de una medalla, yo sé que pudo ser de oro.

Los atletas de su generación vivieron muchos momentos históricos. Ustedes fueron los iniciadores de muchas cosas que hoy tenemos. ¿Qué se siente?

Me considero un privilegiado por la época en que me tocó vivir. Estoy feliz por todo lo que hice y lo volvería a hacer de nuevo. Asumimos todas las tareas que iban más allá del deporte, pero que las necesitaba el país para su economía. Fuimos a cortar caña, a recoger café y otras cosas… Fueron años de sacrificios que nos formaron como personas de bien.

La Delegación del Cerro Pelado es histórica por la dignidad que demostró, pese a que éramos jóvenes que empezábamos a constituir el movimiento deportivo cubano. La pujanza fue extraordinaria y eso se lo debemos a nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien nos educó en ese sentido. Desde entonces el mundo comprendió cuál sería nuestro futuro, esto que hoy tenemos comenzó desde allí.

¿Cuál es la mayor satisfacción de su carrera?

Tuve muchas satisfacciones. Lógicamente, la más grande fue la medalla olímpica. También la sentí cuando igualé el récord del mundo, pero es indiscutible que lo hecho en Tokio 1964 fue lo más importante porque el pueblo la disfrutó en ese momento y todavía es un referente.

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