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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
LUNES 25
OCTUBRE, 2021

La Habana
Año 63 de la Revolución
Yoleisy Lois González
La disciplina hizo al tirador y al entrenador

Le fue imposible asistir como atleta a unos juegos olímpicos, pero cumplió ese sueño en Tokio 2020 en la función de entrenador.


Por: Roberto Méndez
(robemen@inder.cu)
domingo, 12 de septiembre de 2021

Trayectoria...

Medallista de plata individual y por equipos en el fusil tendido 50 metros en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014, cita en la que ganó otra plata y un bronce por equipos en el fusil tres posiciones 50 m y en el rifle de aire 10 m, respectivamente. Participante en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y Toronto 2015.

 

En la actualidad...

Jefe del colectivo técnico de los equipos nacionales de tiro deportivo.


LAS BALAS y fusiles le llegaron por primera vez en su Santa Clara natal. Poco a poco escaló en la difícil modalidad, y aunque le fue imposible asistir como atleta a unos juegos olímpicos, cumplió ese sueño en Tokio 2020 en la función de entrenador.

Yoleisy Lois González (22 de diciembre de 1981) transitó por la pirámide del alto rendimiento y obtuvo medallas de plata en las modalidades de fusil de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y los Centrocaribes de Veracruz 2014.

No puede olvidar que estuvo a décimas de ganar su primer título individual de rango internacional durante la final del fusil tendido 50 metros en la cita veracruzana. Son momentos tristes en la vida de un atleta.

Confiesa que le faltó talento para ascender entre las principales figuras del país. Sin embargo, le sobró disciplina para mantenerse desde 2004 a 2015 en el equipo nacional. Ese empeño de luchar contra las adversidades le acompaña hasta hoy en su labor de entrenador.

Tras acogerse a la noble profesión de enseñar le llegó una complicada tarea: preparar a la ya afamada Eglys de la Cruz. Y desde finales de 2018 tomó el mando del colectivo técnico, integrado por varios de sus profesores, hacia quienes profesa todo el respeto por sus resultados.

En medio de la covid-19, la familia del tiro ha visto mermadas sus posibilidades de entrenamiento y competencia, al tiempo que se acentúa la carencia de municiones por el impacto del Bloqueo Económico, Comercial y Financiero de Estados Unidos.

¿Cómo llega a un deporte poco escogido por los niños?

Vivía en las inmediaciones del Arcoiris, un centro recreativo de Santa Clara. El campo de tiro de la provincia me quedaba muy cerca. Es decir, casi por comodidad comencé a practicarlo, pero fue amor a primera vista. Este ha sido mi único deporte, desde que estaba en quinto grado.

Eres zurdo y podía ser un problema…

Exacto, pero el profesor Buján me hizo cambiar a la derecha por la escasez de armas. Gané los eventos provinciales a las dos manos y entré a la Eide Héctor Ruiz en sexto grado.

Siempre fui sacrificado y me dedicaba a los entrenamientos. Por eso pude obtener buenos resultados desde mis primeros juegos escolares nacionales, en 1997. Ya al año siguiente, tras ganar el campeonato juvenil, pasé al equipo nacional de esa categoría y en 2004 al de mayores.

¿Pudo llegar más lejos? ¿Qué faltó?

Pedí la baja del equipo nacional en 2015 debido a problemas personales con la atención a la familia. Estando en los Juegos Panamericanos de Toronto nació mi segunda hija. No creo que hubiera obtenido mucho más en cuanto a medallas. Quizás algo de mayor calidad, pero nada relevante. Solo mis intenciones de superarme me llevaron a lo logrado.

Las carencias atentan también contra los resultados…

En mi época ya había problemas con el transporte para ir de la Esfaar Cerro Pelado al campo de tiro, faltaban municiones y demás medios. Por eso digo que a los tiradores cubanos les distingue la disciplina, la entrega, los sentimientos de pertenencia y el amor, todo formado a través de generaciones de atletas y entrenadores.

La valentía y la capacidad de sobreponerse a las limitaciones también nos caracterizan. Hemos creado nuestros métodos de entrenamiento, de los cuales muchos se asombran en el mundo, pero así lo hemos logrado todo.

¿Pensó alguna vez en ser entrenador?

Sí. Mis inquietudes por mejorar y aprender trajeron el “bichito” del entrenador. Por eso decidí tomar la carrera de Licenciatura en Cultura Física y Deportes, y a poco de concluir Toronto 2015, en septiembre, comencé como profesor en la Eide donde me inicié. Esos dos años me ayudaron mucho para la labor actual.

Pero no se veía de regreso al equipo nacional…

La vida tiene sus ciclos, así que 20 años después de resultar el atleta más destacado de los juegos escolares nacionales, en 2017, me eligieron como mejor entrenador de tiro deportivo. Eso me permitió aspirar a más y que me tuvieran en cuenta.

Entrenar a Eglys y mantener sus resultados…

Todos me conocían y al retiro de nuestro entrenador Ignacio Cruz pasé las pruebas para ocupar el cargo. Ha sido un reto grande y lo asumí aprendiendo unos de otros, porque también tenemos otras muchachas en el equipo.

Con Eglys se han mantenido los resultados porque diseñamos las cargas de acuerdo con sus años disparando y gracias a la inteligencia colectiva, para que asimilara la preparación. En ella destaca además su disciplina.

El compromiso como jefe del colectivo técnico nacional…

Relevar a Delfín Gómez en un puesto que llevó por 22 años es muy exigente. Hasta el momento no ha sido tan complicado porque estoy rodeado de atletas y entrenadores muy unidos. Nos ayudamos mutuamente, nos damos consejos y eso hace fluir las relaciones y el trabajo.

¿Tokio 2020?

Nos preparamos con muchas adversidades, con casi dos años sin competir, pero sin perder las esperanzas. Nos tildaban de locos, pero esperábamos convertir los sueños en realidad. La base de preparación en España nos vino muy bien y dio  confianza para buenos resultados. La medalla de plata de Leuris Pupo coronó todo el esfuerzo realizado.

¿Qué tal la salud del tiro cubano?

Esa es la pregunta más complicada. Nos queda un ciclo con atletas como Eglys, Pupo y otros de la actualidad, pero los siguientes serán más difíciles porque en los eventos de base no se dispara con balas. Eso dificulta la captación de talentos y falta desarrollo desde las edades tempranas.

A los deportistas establecidos les damos algunas condiciones y eso aporta competitividad. A los nuevos nos cuesta desarrollarlos y eso compromete el futuro. De todas formas, los entrenadores, directivos y demás trabajadores estamos empeñados en mantener la mejor salud posible.

El tiro es más que un deporte…

Además de muchas alegrías, y de constituir algo importante en la vida, me permitió conocer a mi esposa Lisbet, cuando estudiábamos en la Espa. Hoy tenemos dos hijos y ella funge como entrenadora de tiro con arco. Ese fue otro disparo muy acertado.

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