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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
SÁBADO 18
ENERO, 2020

La Habana
Año 62 de la Revolución
  • Matanzas es el nuevo campeón de la pelota cubana!!!
Oscar Pupo Cortina
«El deporte me aportó vida»

Siendo un joven el deporte llegó a su vida y todo cambió. Comenzó a practicar el atletismo y aprendió a ser diferente.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
miércoles, 20 de noviembre de 2019

Trayectoria...

Campeón paralímpico en los 800 metros y subtitular de los 400 en Barcelona 1992. Monarca en torneos panamericanos y latinoamericanos, y rey nacional en múltiples ocasiones.

En la actualidad...

Vicepresidente de la Anci en Holguín.


Holguín.- NO EXISTEN dudas de que la vida busca compensarte, encuentra los caminos para ofrecerte de alguna misteriosa manera la felicidad que quizás imaginabas arrebatada.

Son disímiles los ejemplos y uno tiene como protagonista al holguinero Oscar Pupo Cortina, a quien una debilidad visual de nacimiento le transformó en una persona introvertida, con miedo a relacionarse y salir a la calle.

Sin embargo, siendo un joven el deporte llegó a su vida y todo cambió. Comenzó a practicar el atletismo y aprendió a ser diferente. Dejó de sentir temor a mostrarse tal como era, tanto que se convirtió en campeón paralímpico de los 800 metros en Barcelona 1992.

«El deporte me dio vida, me hizo cambiar, porque en realidad tuve otros horizontes», asegura 27 años después de disfrutar la gloria entre los primeros premiados del movimiento paralímpico en Cuba, que desde esa fecha ha sumado repetidos títulos.

La evolución de su enfermedad le convirtió en ciego total, pero eso no ha sido inconveniente para lograr metas en la vida y el deporte. Ganador también de la medalla de plata en los 400 metros de Barcelona, fue jefe de brigada en un taller de labores manuales y en la actualidad funge como vicepresidente de la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (Anci) en Holguín.

Casado, con hijas y una nieta, Pupo disfruta la música romántica y jugar al dominó, y repite que optaría por el atletismo si volviera a nacer.

Para conversar sobre estas y otras historias, JIT le convocó a un encuentro vivido en uno de los parques de esta ciudad, seguido por la atenta mirada de su esposa, su eterna acompañante para complementar una vida feliz.

¿Pensaste alguna vez ser corredor? 

Nunca había practicado deportes, mi dificultad visual es de nacimiento, pero veía un poco de día. Luego fue progresando y quedé ciego total. Me gustaba mucho la pelota, pero estaba claro que no podía practicarla… Al iniciarme en la Anci en 1982-83 me comentaron de actividades para la personas con discapacidad y me incorporé a los primeros juegos provinciales.

El deporte fue una ayuda para desenvolvernos en las calles y la sociedad en general.

Eres de Sagua de Tánamo… ¿Se te complicaba entrenar y competir estando los equipos nacionales en La Habana?

Era complicado. Solo entrenaba en La Habana cuando integraba los equipos Cuba. Recuerdo que luego de los Panamericanos de 1991 asistí a un evento nacional y gané cuatro medallas de oro. Fui el más destacado. Sin embargo, a los 15 días hubo una lid internacional y no me llamaron. Regresé a Holguín decepcionado y sin querer entrenar más.

Pero… Un año después fuiste elegido para los Juegos Paralímpicos de Barcelona.

También fue un camino difícil, pues todos entrenábamos en provincia. Vinieron a hacer pruebas a los atletas con perspectivas y me escogieron para la preselección. Entrené cerca de 70 días previos a los Juegos, en La Habana. Nos hacían test para la eliminación, ya que de 15 escogidos solo ocho harían el equipo.

En esa época estaban Enrique Cepeda, Omar Turro, quienes junto conmigo salimos campeones. También entrenaba ahí Pablo Frómeta, Jorge Jay y Gustavo Ariosa, entre otros... Ese grupo inició la participación de Cuba en juegos paralímpicos.

¿Cómo recuerda luego de tanto tiempo aquella participación?

Imagínese, fue mi primer evento fuera de Cuba. Salí nervioso a la carrera inicial, pero cuando constaté que estaba al nivel del resto me relajé, aunque igual tenía que correr fuerte.

Corriste primero los 400…

Sí. Tuve que correr tres veces: en la eliminatoria estuve bien, el récord para entonces era de 53.16 segundos e hice 53.17. En semifinales fui más suave, sobre todo en los últimos 50 metros porque me sabía clasificado. En la final tiré con todo y obtuve plata con 52.64 segundos. El ganador hizo 52.60, así que ambos tiempos representaban límites mundiales.

Notable antesala para el título en los 800

Esa prueba se corrió diferente, no salimos por carrileras, sino libres desde el comienzo. Comencé rápido, me acomodé, y aunque luego uno me pasó, en los últimos 200 metros me escapé y clasifiqué sin problemas.

En la final ya conocía a los contrarios. Volví a salir fuerte, pero me superó un italiano y el guía me dijo: «normal, que fue el italiano». Luego, nos pasó el inglés campeón del mundo y ahí sí me apretó para ir a buscarlo. La primera vuelta la pasamos pegados y en la segunda el guía me dijo, antes de entrar a la recta, «dale que nos vamos…».

A 40 metros del final no podía más, apenas lograba levantar las rodillas. Entregué todas las reservas del cuerpo. En la vuelta de celebración no podía levantar ni los brazos.

¿Qué se siente al ganar un oro así?

(Risas) Recuerdo que en la premiación estaba mal, sin fuerzas. Luego fui al hotel, me bañé y no pude comer. Asistimos a una recepción en la sede del Partido Comunista Catalán, donde todo el mundo comía, pero yo no podía. Vine a recuperarme al otro día. Esa fue la carrera más fuerte de mi vida.

Aunque el atleta es el protagonista… ¿Cuán importantes son los guías?

Mucho. El entrenamiento, el diario, genera la empatía para todo. En Cuba pasaba el día junto a mi guía. No era solo entrenar, sino ir al comedor y hasta acompañarme a casa en la noche.

El guía va orientando y tienes que poner toda la concentración, pues avisa cómo vas, si delante o retrasado. Eso es parte de la estrategia de la carrera.

¿Alguna vez sucedió algo malo por esa causa?

En el Mundial de 1994 sufrí un accidente porque no llevamos guía. Estaba muy bien en cuanto a tiempos, pero viví la desdicha de chocar contra una cámara de televisión. El guía asignado no reaccionó bien a las voces de mando y me salí de la pista.

En Atlanta 1996 no pude correr y eso fue peor. Me pusieron un guía muy joven y no aguantó el ritmo. Tampoco nos entendíamos, pues no hablaba español. Eso me disgustó mucho y seguí activo hasta el campeonato nacional de 1997.

Estaba en plena forma: gané en Barcelona con 2:04.57 minutos, en Atlanta se hizo 2:05.70 y me retiré corriendo 2:01 y fracción. Habría podido ser doble campeón paralímpico sin problemas.

¿Imaginabas lograr un oro paralímpico?

Nunca estuvo en mis planes, llegué al deporte por salud y para rehabilitarme. Después entré a la preselección y comencé a creer que podía, aunque sin pensar en ser campeón. Cuando gané la medalla de oro lloré. El guía me preguntaba por qué y la verdad es que para un cubano, con tantos problemas por delante, no es fácil convertirse en campeón. Menos para un guajiro del monte…

¿La vida cambió luego de ese premio?

Cambió todo. Gocé de más reconocimiento del público y los dirigentes del Inder. Luego de eso comenzó un nuevo camino en el deporte para discapacitados, empecé a sentir el estímulo de la sociedad.

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