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La Habana.- DESDE hace poco más de dos años la actividad científica “pisa” fuerte en el ámbito del deporte cubano.
Aunque queda mucho por hacer al decir de los propios protagonistas, vale destacar que el 2018 fue un año de logros significativos.
La realización de un estudio sicosocial de la población atlética cubana, en colaboración con el Centro de Estudios de la Juventud, es un ejemplo de ello.
La investigación involucró a mil 440 atletas de las escuelas superiores de formación Cerro Pelado y Giraldo Córdova Cardín, y a mil 280 de las de iniciación deportiva (Eide).
El estudio permitió ajustar las estrategias de intervención educativa en cada centro y disciplina, según los grupos etarios involucrados.
Igualmente tuvieron lugar otros aportes desde los principales centros del polo científico del deporte, léase el IMD, el CIDC, el CRIDC y el CINID, todo lo cual sustentó la preparación cubana hacia los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla.
Eso se traduce en el perfeccionamiento del control médico de nuestros atletas, la realización de estudios biomecánicos para la elevación de la eficiencia en las ejecuciones técnicas, así como la aplicación de metodologías de preparación especial y el análisis de contrarios, entre otros.
La generalización en la población deportiva del país del uso de la bebida isotónica Ergoplus, resultado aportado por el IMD y la empresa mixta Coracán, ahorró alrededor de 100 mil dólares, y se estima recaude cerca de cinco veces esa cifra una vez se comercialice en el exterior.
La Ergoplus representa una respuesta eficaz a los efectos causados por las pérdidas hídricas ante la elevación de la temperatura ambiente.
Y no todo queda ahí, pues como parte del proyecto de desarrollo de bebidas de ese tipo se evalúan otras formas de presentación y su extensión a la población de practicantes sistemáticos.
En ese mismo sentido, el Inder firmó con Biocubafarma un convenio para trabajar en la búsqueda de nuevos suplementos dietéticos y nutricionales para la población atlética, lo que obviamente redundará en la sustitución de importaciones.
También se labora en la consecución de bloqueadores solares para los atletas y practicantes de actividad física que no se realicen bajo techo.
Importante fue el nombramiento del presidente del Inder, Dr. C. Antonio Becali Garrido, como académico de honor de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC).
Igualmente destaca la constitución de una comisión de trabajo para el desarrollo de acciones conjuntas con esa institución, que dará inicio este 20 de diciembre con el día de las puertas abiertas en el Paraninfo de la ACC, con la intervención del Dr. Sc. Iván Román Suárez “De certeras y falsas creencias. Rompiendo mitos y tabúes en los gimnasios de cultura física”.
El hito se debe a su gestión científica con la organización deportiva cubana.
El reconocimiento al quehacer de aquellos que han dedicado su vida a la ciencia se extendió con la entrega de la Orden Carlos Juan Finlay a Gladys Bequer Díaz, vicepresidenta de la institución.
La tercera edición de los Premios Anuales de la Ciencia en el Inder José Yáñez Ordaz fue oportunidad ideal para reconocer al eminente sicólogo Dr. C. Francisco García Ucha con el galardón a la Obra de la Vida.
Igualmente se alzaron con los máximos lauros a la investigación de mayor impacto social la matancera Dra. C. María Elena Guardo; en publicaciones el Dr. C. Ardy Rafael Rodríguez y en innovación el otrora pelotero villaclareño Francisco Javier Carbonell. El premio al joven investigador lo obtuvo el santiaguero Dr. C. Manuel Alejandro Romero.
Para el venidero 2019 quedó como prioridad la rúbrica de un convenio de trabajo con Biofísica Médica y con el Instituto de Neurociencias, para la colaboración en proyectos de investigación, estudios biomecánicos y neurológicos, con el fin de enriquecer los criterios de selección deportiva y el diseño y producción de tecnologías.
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