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La Habana.- RONDANDO los límites entre el popular barrio capitalino del Vedado y el municipio Playa existe una instalación que, salvo para quienes alguna vez se hayan ejercitado allí, suele pasar inadvertida.
El Campo de Tiro 26 de Julio está situado al final de la céntrica calle 23, a escasos metros del puente sobre el río Almendares, y cuesta imaginar que ahí se practique el atletismo.
No tiene pista, como otros centros, ni es suficientemente grande el espacio del que disponen los profesores Lien Gay y Geikel Cabrera para desarrollar allí a los talentos deportivos.
Sin embargo, su trabajo ha rendido frutos desde hace más de una década. De este sitio surgió una de las principales sensaciones del atletismo cubano en la actualidad: el saltador de triple Jordan Díaz.
«De Jordan nos hablaron cuando era un niñito. Nos dijeron que tenía un talento tremendo y fuimos hasta su escuela a conocerlo… Desde entonces hemos estado ligados a él», recuerda Lien, que como buena representante femenina toma la iniciativa en la conversación con JIT.
La joven vallista Keily Pérez es otro de los “descubrimientos” con el sello de esta área. Actualmente integra la preselección nacional, sueño que ahora persigue la treintena de niños que durante este curso crecen ante la atenta mirada de estos especialistas.
Entre los de mayores opciones para brillar en los próximos juegos escolares están las jimaguas Dianelis y Diana Alacán, sobresalientes en la velocidad y el salto.
«Una de ellas tiene que regresar con medalla, son las mejores en La Habana», interviene ahora Geikel, quien desde el silencio disfruta el diálogo con su compañera también de la vida desde hace 15 años, y madre de sus pequeños Leikel y Lekiel.
Además de la pasión por el atletismo, ambos comparten el orgullo de ser entrenadores de base, esos responsables de ayudar a dar los primeros pasos, fundir los cimientos de la técnica en las edades tempranas y verlos luego crecer como campeones.
«Estamos orgullosos de formar deportistas. Hemos tenido resultados durante años y disfrutamos trabajar con niños, pese a lo difícil que suele ser en ocasiones», aseguran conocedores de lo complejo de la vida en el alto rendimiento, pues fueron atletas de ese nivel.
«Me encanta mi trabajo, pero es difícil. Hay que luchar contra las pocas condiciones y el desencanto de los muchachos. A veces les molesta que no tienen ni un diploma cuando ganan una competencia», agrega Lien sobre una realidad que puede mejorar.
El terreno es pequeño y la mayoría de los medios salieron de sus propias manos o del empeño de los padres, pero eso no impide el trabajo día a día para preparar a niños que ahora compiten en seis eventos de las categorías escolares, incluso con adecuaciones porque se incluyó el cross para este curso.
«Hemos tenido que adecuar el entrenamiento al cross y no todos lo hacen bien, pues en la pista es diferente. El resultado lo veremos este año, si es efectivo o no lo que estamos planificando. Creo que es un cambio que hace más integrales a los atletas», asegura ella.
La técnica de pista y el salto de longitud se practican en el Pedro Marrero, instalación relativamente cercana y a la que acuden dos días a la semana para completar el trabajo.
Sobre la manera de captar a los niños, Geikel aporta más detalles: «Vamos a las escuelas buscando los talentos, pero en ocasiones los propios padres traen a los niños o ellos se acercan porque les gusta… Les hacemos pruebas para ver si tienen condiciones o no».
Como dato significativo, ambos coincidieron al mencionar que la mayoría de los interesados en ese deporte son varones. «Cuesta mucho más trabajo motivar a las niñas y luego mantenerlas entrenando. Incluso algunas cambian el perfil y se pasan al baile», dicen.
Otra de las aristas complicadas de su labor es el empeño con los más chiquitos, lograr que a los de ocho y nueve años les guste el deporte y no les parezca excesiva la preparación.
«Requiere mucha paciencia, sobre todo en esa categoría de iniciación, de ahí que todo tenga que hacerse con juegos, incluso ellos compiten así y es fundamental para la motivación», añaden.
«Se vinculan a las cosas técnicas de esa forma todo el tiempo, las capacidades físicas también se las desarrollamos de esa manera», explica Lien.
«En la categoría 11-12 el trabajo se vuelve más serio, por así decirlo, en el sentido de que se va asemejando a la preparación que tendrán en los años venideros», apunta como parte de un diálogo en que fue fácil comprobar la pasión que sienten por su labor.
Destacados en varias ocasiones a nivel municipal y provincial, Lien y Geikel son ejemplos de cuánto se puede hacer en el eslabón de base. Son maestros de referencia para los que se empeñen en seguir sus pasos, pero sobre todo dignifican ese importante movimiento formador de las nuevas generaciones de atletas que tanto necesita el deporte cubano.
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