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Por Rudens Tembrás Arcia, enviado especial
Barranquilla.- USTED quizá no lo notará, pero le cuento que en la tarde de hoy varios de los relatos periodísticos sobre los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe se escribieron a oscuras, en un ambiente como de discoteca, más o menos.
De manera insólita, a los organizadores no les quedó otra alternativa que apagar las luces de la sala principal de prensa, ubicada en el Centro de Convenciones Puerta de Oro, para responder a las exigencias del espectáculo de la esgrima, básicamente de los combates finales.
Justo a las 6:20 pm, las luminarias del enorme salón que acoge el área de prensa y la instalación de esgrima quedaron totalmente desconectadas, salvo las siete lámparas directas que daban "vida" a la pista principal de competencia.
Los reporteros y fotógrafos quedaron atónitos y a merced de las pantallas de los televisores, laptops y celulares, pero asimismo continuaron la faena al conocer que hasta tanto no finalizaran los repartos de oro no se "haría la luz". Nunca menos de una hora.
El ambiente tenía otro ingrediente adicional, la música, que en decibeles desorbitantes lo inundaba todo. Allí quedaba, como mejor opción, imaginar que habías llegado a una discoteca y ponerse a bailar.
Días antes, a igual hora, los especialistas del recinto realizaron las pruebas correspondientes de los sistemas de luces, y muchos esperaban que surgiera una solución para ambas demandas. Imposible.
Ahora, la pregunta es si esto ocurrirá cada tarde-noche hasta el 2 de agosto, fecha en que concluye la lid de los espadistas, floretistas y sablistas.
De lo contrario, en medio de la euforia por marcar pautas en temas de organización, los barranquilleros habrán implantado un oscuro récord para la historia de estas citas.
Mientras tanto, perdone usted cualquier suerte de barbarismo o errata publicada. Piense que pudo ser escrita a oscuras, en una suerte de "discoprensa".
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