Foto: Calixto N. Llanes
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Por Rudens Tembrás Arcia, enviado especial
Barranquilla.- IMPARTIR justicia en una cita multideportiva no convierte a los árbitros en personas sin nacionalidad, sin pasiones, sin sentimientos. Claro que tienen un favorito, claro que preferirían un campeón a otro.
Sin embargo, en esa lucha interna entre el deseo y el deber casi siempre se imponen la profesionalidad, la ética, el honor. De ahí la justeza de tantos campeones.
Así piensa la cubana Delmis Rodríguez Palgaz, árbitro internacional de pesas que ofició durante los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, en una lid de alto vuelo celebrada en el Coliseo Chelo del Castro de la Universidad del Atlántico.
Desde las gradas, durante los cinco días de competencias, se le vio parada muy cerca del lugar por donde ascendían a la plataforma los atletas en concurso. Rara vez hablaba o hacía gestos. Lo suyo era, sobre todo, observar, como un “ventilador giratorio”.
Motivado por ello la invité a un diálogo que transcurrió tan ágil como un levante de arranque, aunque recorrió buena parte de su vida.
«Fui atleta de judo y me vinculé a las pesas porque soy la esposa de Jorge Luis Barcelán, entrenador de esta disciplina y su actual comisionado nacional. Cuando se inició la práctica en el sector femenino pidieron ayuda a las personas más cercanas y ahí entre yo», contó en una racha fugaz.
«Siempre me gustó la halterofilia, pero como hobbie debido a que la tenía “dentro de la casa”. Nunca para practicarla como tal», aclaró.
«Lo primero fue superarnos en el tema de las reglas y protocolos, hasta que se nos hizo la calificación como árbitro nacional. Después fuimos escalando y obtuvimos la categoría internacional», expresó satisfecha por un título que le permitió pensar en otros horizontes.
«He participado en competencias provinciales y nacionales de todo tipo, en los controles pedagógicos de la ESFAAR Cerro Pelado y en diez torneos internacionales Manuel Suárez in Memoriam, lo cual ofrece una amplia experiencia», reconoció.
Su debut allende los mares se produjo el pasado año en el certamen centroamericano de Guatemala, y ahora «tengo el orgullo de estar acá, lo que agradezco a todas las personas e instituciones que lo han hecho posible», dijo sonriente.
«Mi función ha sido la de controladora técnica, quien tiene que ver con todo lo que ocurre en el área de competencia: cronómetros, pizarras, cargado de las pesas, votación de los jueces y demás. Por eso me ves atenta a cada detalle», esclareció mientras un llamado a través del audio advertía de la próxima lidia entre forzudos.
«Por supuesto que todos los cubanos y cubanas me pasaron por delante, pero no pude siquiera emocionarme, eso no cabe en nuestra labor. Ellos brincaban a mi lado y yo seguía parada ahí como una “tablita”. Ni siquiera podía felicitarlos», comentó con brillo en la mirada.
«Los jueces somos como una familia, nos apoyamos y tratamos de mantener una buena imagen. Nos auxiliamos ante dudas y sabemos que la clave del éxito es estudiar y amar el trabajo», consideró.
«Técnicamente no puedo ir muy lejos, pero como árbitro y aficionada puedo decir que las pesas cubanas se están recuperando en general, y que los avances de las mujeres son ostensibles. Confío en el futuro», concluyó justo cuando la fanfarria anunciaba el desfile de sus compañeros hacia las posiciones establecidas. Ella avanzó segura hacia la suya.
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