Foto: Calixto N. Llanes
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La Habana.- EL CAMAGÜEYANO Adrián Parra Recio tiene ocho años de edad, es alumno de segundo grado y sumó –en la categoría pioneril- tres medallas de oro y una de plata, conquistadas en el clavados.
«Quiero ser como el chino Aisen Chen, campeón olímpico», dice este niño rubio de baja estatura y unos 30 kilogramos de peso.
Es todo coraje y lo demuestra con sus saltos desde la plataforma de 10 metros, con ejecuciones de gran complejidad para su edad, algo que muchos mayores no osarían intentar.
«Mi mamá y mi papá me llevan al Fajardo de Camagüey, donde está el tanque de clavados en que entreno», dice con voz entrecortada.
Se refiere a la instalación de la Universidad del Deporte en la Ciudad de los Tinajones, donde se forman igualmente los futuros licenciados en Cultura Física y Deportes.
«Por primera vez hablo con un periodista», confiesa nervioso mientras los “flachazos” de las cámaras fotográficas le reconocen como un súper dotado.
En sus manos no caben el trofeo y el ramo de flores, recibidos en medio de aplausos profesados al mejor atleta en la categoría pioneril.
«Yo practico y practico hasta que me sale bien el movimiento. Eso me lo enseñan mis profes», expresó.
Las felicitaciones, con besos y abrazos, hacen intermitente el diálogo en el vestíbulo del teatro América, sede de la ceremonia de premiación de la cita anual, mas el pequeñín lo agradece.
«También fue invitado a participar en la justa escolar, pero no compitió. Si lo hubiera hecho habría ganado medalla de bronce», dice la madre, quien no se aleja de su retoño.
«Él es muy cumplidor con el entrenamiento. Quiere estar en la piscina mucho antes de la hora que le fija su profesor y por nada del mundo falta», argumenta.
Adrián es un talento en bruto de una disciplina que disfrutó con los saltos ornamentales de José Antonio Guerra, mejor exponente cubano.
«No lo vi cuando competía, pero los profes nos hablan de su carrera. Al que sí veo en la televisión es al chino Chen. Cuando sea grande voy a hacer los mismos saltos que él», expresó quien no teme lanzarse de 10 metros, pero sí hablar ante cámaras y grabadoras. «Es más fácil saltar», concluyó con inocente sonrisa.
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