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La Habana.- AQUELLOS que han disfrutado de un buen partido en el Centro Nacional de Tenis 19 de Noviembre, ubicado al este de la capital, conocen que hay un sitio privilegiado para apreciar el espectáculo y —de paso— “entrenar” el cuello de izquierda a derecha, o viceversa.
Se trata de las amplias terrazas dispuestas al norte, este y oeste del edificio central del Complejo, inaugurado en 1990 para acoger el torneo de los Juegos Deportivos Panamericanos de La Habana 1991.
Sin embargo, durante varios años la imagen panorámica que desde allí se observaba no conseguía enamorar, pues más de cinco lustros de constante uso, sin la posibilidad de ejecutar una reparación capital, habían restado brillo a una instalación acogedora en la que predomina el color verde de árboles y canchas.
Ahora la realidad es muy diferente, tanto que al asomarnos desde el segundo piso podemos comprender, sin demasiada imaginación, cómo era el lugar el día que cortaron la cinta de su inauguración.
PROYECTO FECUNDO
Hace aproximadamente tres años la Comisión Nacional de Tenis recibió una comunicación del Centro de Estudios Martianos, en la que se expresaba el interés de un grupo estadounidense por acercarse a la realidad de ese deporte en el país.
Al poco tiempo comenzaron las visitas, coordinadas a través de la Universidad de Vermont, y al ritmo de los provechosos intercambios surgió la idea de llevar adelante la restauración del Centro, de conjunto con el INDER.
El anuncio del restablecimiento de los vínculos diplomáticos entre Cuba y EE. UU., ocurrido el 17 de diciembre del 2014, favoreció las labores que muchos consideraban una quimera.
«Descubrimos a personas serias, responsables, interesadas en ayudar, lideradas por Jake Agna, quien ha desarrollado proyectos similares en su nación y otras», comentó Alexander Ferrales González, comisionado nacional de tenis.
La planificación de la obra quedó dispuesta en tres etapas: la primera, ya concluida, devolvió la vitalidad a las diez canchas de superficie rápida; la segunda consistirá en reparar los trazados de arcilla y colocar luminarias LED a base de paneles fotovoltaicos; y la tercera dejará rejuvenecido el edificio administrativo.
«Aquí se trabajó casi un mes a toda hora, y no solo en las acciones constructivas, sino también en la protección de los recursos. La guardia obrera fue fundamental, pues el Complejo no posee cerca perimetral y el vandalismo le acosa desde hace tiempo», narró el directivo.
Lo hecho en la fase inicial puede describirse en pocas líneas, pero implicó gran esfuerzo y una complejidad tecnológica jamás vista en la isla:
Con máquinas especializadas se retiró la vieja superficie hasta dejar las canchas en la fundición de concreto. Después, mediante un soplador, se retiraron el polvo y la basura. Y para emparejar cada plato se empleó una mezcla de arena, resinas y cemento.
Luego se ubicó un sistema de carpetas similar al presente en los trazados del Torneo Abierto de Estados Unidos (Grand Slam), adherido con un pegamento especial y martillos mecánicos de gran potencia y precisión. El siguiente paso fue aplicar pintura negra con arena de sílice, y a continuación la tintura definitiva en tonos verdes claro y oscuro.
Pero la amplia “sabana”, para estar totalmente lista, necesitaba aún de postes, nets y anchos de banda, así como la restauración del cercado divisorio entre cada uno de los segmentos. Esos recursos también fueron garantizados por la acción mancomunada de cubanos y estadounidenses.
Francisco Menéndez Pérez, director de la instalación, aseguró que la verja exterior está en fase de producción, y que la poda de la primera línea de la cortina rompevientos casi finaliza. Esta última se hace muy necesaria, pese al fuerte embate del viento en el lugar, ya que los frutos y hojas que caen manchan y humedecen la nueva superficie.
El directivo afirmó además que implementan medidas para planificar y controlar el acceso del personal foráneo, sobre todo los fines de semana, cuando la cifra crece marcadamente.
¡QUÉ AMBIENTE!
Marta Domínguez González, especialista en Sicología del Deporte y entrenadora de tenis en silla de ruedas, dialogó con JIT sin poder despojarse de sus sonrisas.
«Estas canchas renovadas son un factor de motivación extrínseca. La sede donde se entrena y compite es parte del ritual de automotivación. No lo es todo, pero significa un mayor estímulo. Hemos empezado el año súper arriba.
«Puedes venir cualquier día y descubrir una verdadera fiesta del tenis. No se prohíbe el uso de la instalación, sino que se insiste en su cuidado, por tanto se ha configurado un ambiente de alegría e inclusión», sostuvo la profesora.
Para Wilfredo Henry, capitán de la selección cubana de Copa Davis, el renovado recinto beneficia la calidad de la preparación y eleva el compromiso de los jugadores con mejores resultados.
«Podemos individualizar el trabajo y en un mismo horario entrenar todas las situaciones de juego», expresó.
Su principal discípulo, William Dorantes, se refirió a que «la mayoría de los muchachos del equipo son jóvenes y se sienten contentos y muy estimulados. Las sesiones son ahora más fluidas y realistas, porque cada tenista dispone de una cancha para su rutina».
Salvador Casanilla, profesor de base vinculado al Centro desde 1994, ponderó la influencia que estas reparaciones tendrán en la salud de los atletas, al evitarse lesiones, y estimó que la masividad crecerá todavía más.
Un homólogo suyo del combinado Ferroviario, en el municipio 10 de Octubre, resaltó el hecho de que sus niñas pudieran practicarse muy cerca de donde lo hace el conjunto élite cubano, lo cual fija aspiraciones y amplía el universo de figuras a seguir.
Fabio Hernández Asencio, un niño de 11 años, se mostró sorprendido por la transformación del Complejo. Dijo estar inspirado en ser tenista y señaló su meta (extendiendo el brazo) en el sitio donde en ese momento “tiraban” los mejores jugadores de Cuba.
Nuestro último testimonio lo ofreció la exjugadora Yamilé Fors, corta de palabras, pero exacta en lo que a sentimientos se refiere: «Estoy muy agradecida de todos los que hicieron posible esta reparación».
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