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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
LUNES 17
JUNIO, 2019

La Habana
Año 61 de la Revolución
ENTREVISTA
Lauret: el serio "artistaje" de un pesista

Fue su padre, profesor de halterofilia en el municipio de Regla, quien siempre le vio condiciones para su disciplina y lo encarriló definitivamente.


Por: Rudens Tembrás Arcia
(jit@inder.cu)
miércoles, 22 de mayo de 2019 08:15 AM



Foto: Marcelino Vázquez

La Habana.- SENTADO entre discos y barras luce como “pez en el agua”. Joven, fuerte, alegre, conversador, natural… Así es Luis Manuel Lauret Rodríguez, uno de los actuales referentes de las pesas en Cuba.

Con apenas 22 años de edad tiene logros de qué presumir, mas su mirada se pierde en la prometida gloria del futuro. Sabe que hay mucho por conquistar y poco tiempo para la vanidad que podría emerger de algunas medallas ganadas en buena lid.

Practicó taekwondo y judo en la infancia, pero era “bruto” para la técnica y se alejó consciente de que la fuerza sola no basta. Tampoco funcionaron las experiencias en béisbol y fútbol.

Su padre, profesor de halterofilia en el municipio de Regla, siempre le vio condiciones para su disciplina y lo encarriló definitivamente.

Sobre ese trayecto y a pocas semanas del reto de los Juegos Panamericanos de Lima, le invitamos a dialogar con JIT, con el rechinar de los hierros como “música de fondo”.              

El levantamiento de pesas es un deporte bastante distinto a los de combate y los colectivos. ¿Por qué te atrapó?

Desde el principio lo hallé fácil, aprendí la técnica mirando a los atletas del Cerro Pelado, pues mi papá me traía al gimnasio. No hay otra explicación.

¿Los discos no meten un poco de miedo?

A mí no. Nunca le he temido al peso. Me gusta saltar varios “kilos” y sentir la adrenalina en el cuerpo.

¿Qué tal fue el paso por la Eide Mártires de Barbados?

Eso fue candela, en la parte del deporte muy disciplinado, pero en la docente difícil. Era Luis Manuel pa’ acá y Luis Manuel pa’ allá. Mi entrenador Ernesto Quiroga me fue guiando hasta que promoví al equipo nacional.

Sin embargo, reinaste en las categorías hasta los juveniles…

En mi primer Nacional 15-16 pude ganar varias medallas, pero me cogió el nerviosismo y acabé cuarto. Llegué a la casa, miré a mi papá y me sentí decepcionado. Le prometí que no perdía más.

Al otro año rompí los récords nacionales del 15-16 en los 85 kg. Después pasé al juvenil y en el Manuel Suárez in Memóriam, en 94 kg, puse como cinco o seis marcas sub-17. En la siguiente temporada logré todos los récords nacionales juveniles, de los cuales el arranque sigue vigente.

¿Cómo sentiste el ascenso a la ESFAAR Cerro Pelado?

Era de los más jóvenes, pero con deseos de ser el primero de mi peso. En 2015 viajé a Colombia al Campeonato Panamericano en 94 kg. Logré el cuarto lugar y no me gustó. Sentí molestias en la rodilla, por el cambio de preparación, pero eso no importaba.

En 2016 hice las marcas y me convertí en la primera figura. Fui de nuevo al Panamericano, esa vez en Estados Unidos, donde me fui en blanco en el arranque y conseguí bronce en el envión.

Después vino el Centroamericano clasificatorio para Barranquilla y allí me llevé las tres de oro. En 2018 ya no quería estar solo a nivel del área, sino buscar algo más. Por eso ya soy campeón panamericano y ando entre los tres mejores del continente en +109 kg.

Un día inolvidable el de los Centrocaribes de Barranquilla 2018…

Llegué en espléndida forma y el día de la competencia me sentía muy bien. No gané el arranque por una equivocación en la estrategia. Eso me molestó mucho, no me gustó. Entonces le entré al envión con tremenda furia y cuando aseguré el oro le dije al entrenador que pusiera el récord (221 kg). Ahí fue que saltamos los 11 kilogramos.

¿Esperabas concretarlo?

Desde el año anterior tenía la meta de hacer 180 de arranque y 220 de envión, algo ambicioso porque debía adelantar desde 170 y 206. Pero entrené y entrené hasta sentirme listo. Se lo dije al profesor Félix Machín, mi entrenador, y él seguramente lo corroboró en los entrenamientos. Subí a la plataforma y salió.

Hay imágenes inolvidables de esos momentos. Incluso algunas en que pareces provocar al público…

Se trata de algo natural, como un “artistaje” mío. Cuando estaba en el escenario el público me gritaba cosas, miraba hacia delante y veía gente haciéndome muecas. Por eso me dije: «están locos, no saben lo que viene».

Sorprendió tu derrota del envión en el reciente Panamericano de Guatemala, sobre todo porque alzaste solo 217 kg…

Allí hubo un buen resultado, pues dominé el arranque con 183 kg, pero no salí conforme. Llevaba cuatro meses entrenando y no estaba al ciento porciento, pero podía haber ganado el envión. Sucedió que la barra se me resbaló a causa del sudor en el último intento, con 220 kg. Yo iba hacia arriba y el implemento para abajo. ¡Imposible! Esas cosas pasan en el deporte.

¿Qué experiencia te deja ese suceso?

A partir de ahora me pondré un pulóver para el envión… (risas)

¿Cómo imaginas la competencia de este verano en Lima?

Va a existir gran rivalidad. En todas las categorías hay varios medallistas mundiales y olímpicos. Mi pronóstico es plata, ya que el primer hombre de América, el brasileño Fernando Reis, se ubica cuarto en el mundo. Por lo demás, ya le dije a Machín que el estadounidense con que perdí el envión en Guatemala, Caine Morgan Wilkes, no me vuelve a derrotar.

Tuviste una experiencia mundialista no muy feliz en 2018…

Obtuve el lugar 13 del arranque y no logré envión. Me sentía bien, había competido fuerte todo el año, pero era la primera vez en un Mundial. Al fallar el primer intento me bloqueé. No entendí aquello. No hice los siguientes intentos.

Cuando regresé a Cuba la sicóloga habló conmigo y me explicó que debía rebasar esa barrera. Hasta ahora todo marcha en positivo. Mi mente está en los Panamericanos, aunque después quiero ir al Mundial y cerrar entre los diez primeros de la división.

¿Qué ha sucedido con tus marcas desde que entraste al equipo?

Cuando llegué había hecho 150 de arranque y 180 de envión, pero este último en el gimnasio, no de forma oficial. Ahora tengo 183 y 221. No veo límites, con mente positiva eso no existe.

La dinámica con el profesor Machín…

(Se ríe) Yo soy un poco malcriado y a veces me regaña, pero nos queremos, me apoya y se preocupa como un padre.

¿Cómo ves al actual equipo cubano?

Bastante bien, lo que hace falta es tiempo. Somos muy jóvenes. Pienso que en el ciclo próximo será diferente la cosa. Colombia no se va a pasear por el área como ahora. Espero que sigamos poniendo interés y sacrificándonos, pues condiciones tenemos.

¿Igual las muchachas?

Avanzan muy rápido. Varias están en los ránquines centrocaribeño y panamericano. Y tenemos a Marina Rodríguez, finalista olímpica y con buenos resultados en los mundiales.

¿Miras a Tokio 2020?

A ese sueño me dedicaré completamente esta temporada y la que viene. Quiero participar en esos juegos olímpicos. 

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