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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
LUNES 10
DICIEMBRE, 2018

La Habana
Año 60 de la Revolución
Juan Carlos Perdomo Menéndez
Hijo de médicos prefirió el voleibol

Opina que quien juega playa no lo hace más en la sala, a pesar de las condiciones adversas del sol, aire y lo difícil de esta modalidad, pues es colectiva y a la vez individual.


Por: Lisset Isabel Ricardo
(guajira@inder.cu)
jueves, 29 de noviembre de 2018

Trayectoria...

En 1980 promovió al equipo nacional juvenil de sala. Se convirtió en uno de los fundadores en Cuba del voleibol de playa desde que en 1987 se integraron las primeras cuatro parejas e intervino en varios eventos internacionales.

En la actualidad...

Director de la Academia Provincial de La Habana desde 1996 y atiende organizativamente a los alumnos en la Eide Mártires de Barbados.


QUIZÁS este hombre alto y delgado anduviera hoy con su bata blanca por alguna unidad de salud en su natal Cienfuegos o en La Habana, pero durante más de tres décadas se le ha visto con ropa deportiva, salpicado de arena y con la piel tostada por el sol.

Proveniente de una familia ligada a la medicina, incluidos sus padres Oilda y René, Juan Carlos Perdomo Menéndez se deslumbró por el voleibol desde la misma adolescencia.

Por su altura y perseverancia lo seleccionaron para la Eide Jorge Agostini Villazón y representó a la Perla del Sur en los Juegos Escolares Nacionales como parte del equipo 11-12 años. Después del curso 1979-1980 fue promovido al equipo nacional juvenil de sala, cuando radicaba en el hoy Club Habana.

Juan Carlos reconoce que llegó tarde a esta disciplina y no consiguió lo que soñaba, pero atesora algo especial: ser uno de los fundadores del voleibol de playa en la Isla, a partir del año 1987 en que se integraron las primeras cuatro parejas.

Para algunos especialistas, el espigado atleta de 1,94 metros aprovechó la nueva modalidad en su condición de pasador y gracias a un poder de salto ascendente a los 368 centímetros.

Todo eso le permitía destacarse en el bloqueo y acomodarle balones perfectos a su compañero para el remate.

¿Cuándo te insertas en la playa?

En 1986 estaba en la preselección nacional y el difunto Ernesto Martínez, capitán durante muchos años, me comentó que se había perdido mucho tiempo conmigo, pero que había visto la modalidad de playa en Estados Unidos y tenía condiciones para jugarla. Seguí su consejo y “hasta el sol de hoy”.

Comencé a aglutinar a otros retirados de la sala y formamos cuatro parejas para eliminarnos con vistas al primer Campeonato Mundial de Río de Janeiro 1988. Asistimos Roberto Sotolongo-Eugenio Ortiz y Carlos Sánchez junto a mí. Fue el presidente de la Federación Cubana de Voleibol (FCV) en aquel momento, Inocente Cuesta, “Yoyo”, quien gestionó la participación.

¿Por qué afirmas que comenzaste tarde en la sala?

Iba a cumplir 12 años de edad y en este deporte se debe iniciar a los siete u ocho, para adquirir todas las habilidades y la coordinación. Cienfuegos ha sido una potencia, con atletas muy técnicos en ambos sexos. Me hice un jugador universal, dominaba todos los elementos del pase, bloqueo, ataque y la defensa. Llegué a incursionar como atacador auxiliar.

Volvamos a la playa…

Al principio aquello era una locura. No conocíamos prácticamente nada. Por eso digo que el verdadero iniciador fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Te hago la historia: en 1987 el equipo campeón olímpico de Estados Unidos perdió el Torneo Norceca contra Cuba, en la Ciudad Deportiva. Fidel se interesó por la forma física de los norteños y su capitán, Karch Kiraly, primer oro olímpico en sala y playa, le comentó que jugaban en la arena y se comprometió a enviarnos videos. Cuando llegaron me los dieron a mí y esa fue nuestra primera escuela. Poco a poco, haciendo pruebas, fuimos creciendo. No es lo mismo el tabloncillo que la arena.

¿Cómo se organizó el trabajo?

El primer técnico fue Justo Morales, pero cumplía otras funciones y se designó a Juan Díaz. En Brasil jugamos un 6×6, esa nación contra el resto del mundo, y tuve el honor de incluirme. Participaban todos los atletas de sala, algo que en  Cuba no se hace. Hemos perdido tiempo en eso. Desde la mitad de la década de 1980 los extranjeros terminaban sus ligas y continuaban en la playa. Esa estrategia forma atletas universales, potencia todos los elementos técnicos.

¿Qué debe caracterizar a una buena pareja de playa?

Ser inteligente y tener altos niveles de conocimientos y vivencias, pues se trata de un juego muy técnico-táctico. Es más difícil conformar un dúo de playa que un equipo de sala.

Sucedió que algunos voleibolistas cumplieron sanciones en la modalidad de playa, y cuando volvían al tabloncillo eran mejores. Ahí están los casos de Lázaro Beltrán, quien llegó a ser el más completo de la Liga Mundial; y Osvaldo Hernández, elegido el mejor atacador en ese propio evento.

¿Cuba tiene jugadores con condiciones naturales?

En el mundo, los cubanos son los que más juegan. También son de los más cotizados desde hace rato.

Sin embargo, como no hay tantos eventos, se pierden los talentos. En la academia provincial radicada en el Círculo Social Gerardo Abreu Fontán efectuamos desde hace años dos torneos anuales denominados Rey de la Playa, al cual asisten más de 100 jugadores de toda Cuba. Apreciamos mucha calidad.

¿Es más difícil jugar en la arena?

Es muy atractivo, quien lo juega no regresa a la sala pese a las condiciones adversas del sol, el aire y la lluvia. Tiene la ventaja de que es colectivo y a la vez individual. Soy un convencido de que todos los jugadores deben pasar por la arena.    

Tuviste la oportunidad de asistir a los Olímpicos de Barcelona 1992…

Así mismo. Eugenio Ortiz y Osvaldo Abreu finalizaron quintos, y Wilfredo García y yo octavos. A pesar de que la lid era de exhibición atrajo la mayor cantidad de público y no tengo dudas de la calidad de ese espectáculo hasta hoy.

Hubo otras participaciones importantes…

Junto a Wilfredo intervine en el Mundial de Italia 1992 y terminamos séptimos. Ya como primera pareja del país ocupamos ese mismo lugar en la versión de 1993, otra vez en Río de Janeiro, donde logramos vencer a Garrido y Moreira, primer binomio brasileño en el ranking.

Antes había sido onceno puesto en el certamen del orbe de 1991, también en Brasil; bronce en el Norceca de 1987 en Puerto Rico, donde además conseguí los escaños tres y seis en otros torneos internacionales. En aquella época aún no existían los circuitos universales.

Cerré mi carrera con bronce en un tope en México contra seis duplas de Estados Unidos.

¿Jugaste contra Kiraly?

En 1991, en el debut mundial de Wilfredo, actuamos con unas gradas muy altas. Nos tocó contra Estados Unidos y sabíamos que era casi imposible vencer a la mejor pareja del mundo, pero nos propusimos no regalar nada. Cuando perdimos, Kiraly nos dio la mano y expresó en español que la mejor dupla del planeta era cubano-americana, por la potencia, entrega y garra.

Después muchos se nos acercaron para preguntar qué habíamos hecho para exhibir aquel salto cualitativo de un año a otro. En 1993 jugamos un 4×4 contra los norteños: perdimos el set 14-16 en una hora de lucha.

¿Después del retiro qué hiciste?

Estoy en la academia provincial habanera desde 1996, de la cual soy director, y además atiendo a los alumnos de la Eide Mártires de Barbados. Solo me ausenté cuando cumplí misión por cinco años en República Dominicana, como director del proyecto de playa, y luego en la dirección del equipo nacional masculino que asistió a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena 2006.

Se te ve muy activo en las fases de Varadero…

Tenemos un grupo de ocho personas que hacemos como por 40 y ahí están los resultados en la preparación de los terrenos. Ponemos hasta nuestros propios recursos para que el escenario quede bonito y con las condiciones técnicas establecidas. Somos los primeros en llegar y los últimos en irnos.

¿Cómo Cuba puede seguir mejorando?

Mucho ha hecho la FCV y Mireya Luis en particular, pero requerimos más unidad y ganar tiempo y espacios a pesar de las situaciones económicas. Esta modalidad ayuda a que todos los jugadores sean más técnicos y evita lesiones puesto que la arena es un medio terapéutico.

Merece entonces más atención. No basta con ocho plazas en la Escuela Nacional de Voleibol y urge rescatar la cantera juvenil que asista a las justas por edades. Eso mantiene la escalera del alto rendimiento y los mayores necesitan tener al menos dos parejas de cada sexo en el Circuito Mundial.

Volvamos al legado de tus padres…

Hoy son casi octogenarios. Tenían el concepto de que los atletas no estudiaban y su nivel intelectual era inadecuado, pero me enamoré del voleibol y estudié muy seriamente la licenciatura en deportes con términos médicos. Siento que un profesor debe tener esos conocimientos, pues las familias nos entregan sus hijos y hay que cuidar de su salud ante todo. Por exceso podemos ocasionar una lesión. Tengo hijos y una nieta, y me pongo en esa situación todos los días.

Tomar este camino fue complicado, hasta mis abuelos eran enfermeros y me inculcaron ser alguien en la vida. He dedicado 32 años a esta profesión y fui el primer campeón nacional de playa junto a Ihosvany Chambers. Mis padres saben que soy un fanático, no fumo, no tomo, mi único vicio y para siempre es el voleibol.

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