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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
LUNES 18
DICIEMBRE, 2017

La Habana
Año 59 de la Revolución
José Antonio Guerra Oliva
«Habría sido campeón olímpico»

Convertirse en un preparador exitoso es el desafío para nuestro mejor ornamentalista de todos los tiempos, único con una medalla mundial individual (plata en la plataforma en Montreal 2005), además de ser campeón universitario, panamericano y centrocaribeño, y quinto olímpico en Londres 2012.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
lunes, 20 de noviembre de 2017

Trayectoria...

Plataforma individual: Oro mundial universitario en Palma de Mallorca 1999, plata mundial en Montreal 2005 y campeón panamericano en Río de Janeiro 2007.

Plataforma sincronizada: Plata junto a Erick Fornaris en la Copa Mundial de Sevilla 2002, bronce mundial en Roma 2009 y oro Juegos Panamericanos de Toronto 2015 junto a Jeinkler Aguirre.

En la actualidad...

Jefe de los entrenadores en el equipo nacional. 


RESULTA extraño llegar al Complejo de Piscinas Baraguá y no encontrar a José Antonio Guerra ejecutando saltos desde alguna de las plataformas.

 

Sigue haciendo gestos, punteos y movimientos, pero ahora con el fin de corregir las repeticiones de sus alumnos, como corresponde a sus funciones de jefe de entrenadores del clavados cubano.

Convertirse en un preparador exitoso es el desafío para nuestro mejor ornamentalista de todos los tiempos, único con una medalla mundial individual (plata en la plataforma en Montreal 2005), además de ser campeón universitario, panamericano y centrocaribeño, y quinto olímpico en Londres 2012.

Conversar con Guerra es también un reto, pues los temas se van entrelazando sin necesidad de muchas preguntas. Ofrece sus sensaciones como atleta, un recorrido por lo maravilloso de su deporte y la confirmación de ese lazo que le une a Lino Socorro, artífice de todos sus logros.

Escucharlo permite conocer más sobre sus 22 años en el equipo nacional, desentrañar sus criterios sobre asuntos del pasado, redescubrir la hermandad con Erick Fornaris y confirmar su espera por el merecido retiro oficial.

Muchas veces hemos leído la historia de que llegaste por casualidad al clavados. ¿Cómo fueron esos primeros años?

Muy duros. Vivía en Santiago de Cuba y teníamos problemas con el cloro para las piscinas. Se llenaban muy poco y solo un mes antes de los juegos escolares teníamos que preparar todo lo que debimos hacer en un curso. No había entrenamiento sistemático. Era de cero a 100 en un mes.

Mi suerte fue el maestro, que dicho a lo cubano era un “salvaje”. Carlos Delgado, ya fallecido, tuvo la visión de que yo podía llegar lejos, incluso en el primer año en La Habana me acompañó e hizo un poco más fácil esa transición.

¿Fue drástico ese cambio?

Tremendo. Vine de un Santiago muy caliente para la piscina más fría del mundo. Comenzaba el período especial, había problemas con el combustible para las calderas, estaba lejos de mi mamá, más dificultades con la comidas… Fue una etapa mala y con mi mentalidad de niño todo era por gusto. No fue hasta los 16 años que interioricé lo que podía conseguir, pues salí a mi primera competencia internacional en Brasil y obtuve resultados.

¿Antes de llegar a Lino contaste con buenos entrenadores?

Viví una etapa muy positiva con Raúl Pérez Ruiz, quien me hizo pasar de la plataforma de cinco metros a la de 10. Hizo un trabajo magnífico conmigo, pero luego se desanimó, tuvimos problemas, pedí cambio de entrenador y fui a buscar a Lino a Matanzas.

¿Entonces tú elegiste a Lino?

Me monté en el tren de Hersey, fui a Matanzas, le dije que quería ser campeón mundial y que él era el hombre que podía conducirme a eso. Me pidió un mes para pensarlo y hablar con su familia. Venir hacia La Habana significaba hacer vida de becado, pero accedió con la única condición de ser plantilla fija del equipo nacional. Quería tener voz y voto en las decisiones.

Eso ocurrió en 1998 y apenas un año después ganaste oro en la Universiada de Palma de Mallorca…

Lino provocó un “hambre” de clavados. Me enganchó con números de potencial rendimiento y otras cosas. Logró que no desperdiciara tiempo ni energías en asuntos no esenciales. Fue muy puntual y limó todos mis errores técnicos en directo: me agarraba en el defecto y no soltaba hasta que lo erradicara.

¿Después de tantos años juntos qué le admiras más?

Es sumamente inteligente, está muy actualizado y en cambio constante. Evoluciona con los tiempos, no es el típico entrenador que se acomoda a lo que conoce. Su aprendizaje es permanente. Trabaja sobre el potencial del atleta, sabe hasta dónde llevarte y sacar el máximo.

Una cosa me ayudó en particular: posee una forma de enseñar que le convierte en el típico maestro. Corrige la técnica a la vez que te educa. En el mismo instante en que pide hacer algo, te explica los porqués de ello y ya estás recibiendo una clase increíble.

¿Crees que haber sido atleta facilita la labor de entrenador?

Va a ayudar mucho, pero puede convertirse en un arma de doble filo. No me aferro a la idea de que cumplan exactamente con lo que yo hice. Hay ciertas experiencias que no tuve como clavadista. Por ejemplo, gozaba de buena saltabilidad, me era muy fácil llegarle a los clavados, pero hacerlos pegados no. Pocas veces tuve la oportunidad de que me quedaran muy apretados. Las instrucciones para lograr un buen ejercicio en esas condiciones son distintas. Ahora las tengo que adquirir escuchando a los atletas, observando, preguntando a otros entrenadores.

¿Qué tuviste malo?

Le tenía mucho miedo a los golpes y eso hacía que modificara la técnica, para no arriesgar demasiado cerca de la plataforma. Sin embargo, hay clavados que lo requieren. No obstante, debido a mi saltabilidad disponía de más espacio y podía alejarme un poco. ¿Cuál fue tu mejor etapa?

Los años 2002 y 2005. Esas dos temporadas significaron mi mejor momento, en cuanto a números, competencias y estabilidad. En el segundo era más consciente, había pasado por algo traumático, me habían sancionado, comprendí que no estaba enfocado y necesitaba cambiar la forma de encarar las cosas. Fue una etapa de madurez.

En el 2005 obtuviste la plata mundial…

Más importante que esa medalla fue terminar primero del ranking mundial. Imagina hasta qué punto el “hambre” de éxitos hizo que llegara hasta lo máximo. Figuré por encima de los chinos, los rusos, de todo el mundo. Salía a competir con una agresividad que nadie tiene idea. Actuaba como si estuviera en un ring de boxeo, tenía incluso un mal humor perenne (risas). No respetaba a los rivales por muchos títulos que tuvieran. Ansiaba ganarles y me concentraba de forma agresiva.

¿Cuánto sacrificio hay en el alto rendimiento?

Va más allá de los límites saludables. Lo más difícil es la constancia. Mantenerse tanto tiempo en un nivel de intensidad, de exigencias, violenta mucho al ser humano. Los triunfos solo los puede lograr una persona que esté sumamente comprometida con sus metas.

¿Satisfacciones?

Muchísimas, pero en mi deporte necesitamos que los muchachos nuevos sientan que somos tenidos en cuenta, que somos reconocidos por lo que estamos haciendo. En eso estamos flojos.

Por ejemplo, a mí no me han hecho el retiro oficial y mi familia, mis amigos, mi mamá no entienden eso. En lo personal no me interesa, pero hay tantas personas que me quieren, que han estado todo este tiempo conmigo y se preguntan por qué no ha ocurrido. Eso deja un mal ejemplo para los que vienen detrás.

Tu historia con Erick…

Nos unimos en octavo grado y como tantos muchachos al principio nos quisimos fajar un par de veces. Con el tiempo y el roce nos hicimos grandes amigos. Ambos éramos muy competitivos. Él es el clavadista más habilidoso que ha pasado por aquí, capaz de hacer una ejecución hacia un lado y luego girar al contrario de igual manera. Era difícil que se diera un golpe, fue muy versátil, hizo buenas puntuaciones lo mismo en trampolín que en plataforma.

¿Cuál fue el momento más trascendental de tu carrera?

El día que tomé la decisión de ir a buscar a Lino. Sin eso no hubiera logrado nada.

¿Y el más complicado?

Lidiar con el retiro. Saber que debía irme, que mi cuerpo estaba pidiendo el final. Entender que de protagonista iba a pasar a un escalón más bajo dentro del deporte.

¿Si regresaras en el tiempo cambiarías algo?

Sí, pero no te lo puedo decir...

¿Con mejores condiciones, en otra época, hubieras tenido mejores resultados?

Habría sido campeón olímpico, aunque siempre junto a Lino.

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