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Publicación del Instituto Nacional de
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MARTES 15
OCTUBRE, 2019

La Habana
Año 61 de la Revolución
ENTREVISTA
Servilio: la puntería que heredó Guillermo Alfredo Torres

Integrante por más de 12 años de la selección nacional de tiro al plato, este hombre figura entre los padres fundadores del tiro en la Cuba revolucionaria.


Por: Tony Díaz Susavila
(susavila@inder.cu)
sábado, 21 de septiembre de 2019 04:54 AM



Foto: Radio Ariguanabo

La Habana.- NI EN su natal San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa, le reconocen por su nombre: Pascual Servilio Torres Pérez.   

«Ya hasta aquí, generalmente, los más jóvenes me llaman el papá de Guillermo Alfredo Torres, el campeón del skeet», afirma a JIT jocosamente este hombre pequeño de estatura y casi octogenario, mientras sigue un torneo de escopeta en su pueblo precisamente.

Integrante durante más de 12 años de la selección nacional de tiro al plato, Servilio figura entre los padres fundadores del tiro en la Cuba revolucionaria. No obstante, disfruta que le reconozcan por la obra de su descendiente, pues en definitiva influyó como pocos para que se convirtiera en un multicampeón.

¿Cómo llegó al tiro deportivo?

Viene en el ADN de la familia. Mi padre me llevaba a sus cacerías para que le buscara y cargara las presas. Un día decidió darme la escopeta que le pedía reiteradamente, y desde entonces hemos estado juntos. Mi esposa por más de 60 años, Graciela Rodríguez Carballo, siente sus “celos” a veces.

Igual hice con mis tres hijos… Les enseñé lo que sabía y me he visto superado por ellos con gran beneplácito. ¡Y mira qué interesante! Antes de llegar al tiro organizado tuve que apretar el gatillo en la guerra…

¿Cuándo? ¿Cómo?

No había estado en la guerra como tal, pero sí en la clandestinidad contra el gobierno de Batista. Algo sabía de escopetas y otros tipos de armas. Pero después, al triunfo de la Revolución, hacíamos patrullas para evitar los sabotajes y también me involucré en las Milicias Nacionales Revolucionarias para combatir el bandidismo.

Ya habían nacido los muchachos cuando los mercenarios invadieron Girón, pero eso no me limitó y con el Batallón 164 de San Antonio de los Baños defendí la Patria. Estuve destacado cerca del aserrío de Cayo Ramona, con una ametralladora 7.92. Cuidaba los helicópteros.

Estaba de guardia cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz detuvo el carro cerca de nosotros. Le dije a mis compañeros: ¡Coño, miren quién está ahí, el Caballo! Eso salió de la emoción, pues lo respetaba mucho. Él soltó una amplia carcajada y acto seguido me preguntó qué hacíamos allí.

Le expliqué la misión y tras breve conversación con el grupo nos dijo: «está bien y mucha suerte». Dejó una estela de optimismo en la victoria antes de seguir rumbo a Cayo Ramona.

Nos volvimos a ver, ya siendo deportista, cuando regresamos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá 1970. Era un gigante en toda la dimensión de la palabra. No creo que me recordara, pero me saludó de tal manera que volví a aquellos días de Girón.

Entonces… ¿Al regreso de la guerra comenzó como atleta?

Tiempo después, en 1966. Unos cazadores mayores me invitaron a tirar skeet y asistí por embullo. Sin embargo, tenía hijos, el dinero era para la casa y debía comprar los platillos.

De todas formas pagué una ronda y de 25 rompí solo ocho. Era la primera vez que tiraba aquello. A la semana siguiente volvimos a una competencia municipal y le di a 23. Entonces me pidieron ir a la segunda ronda y les dije que no, porque carecía de dinero para costear los platos. Te cuento que hicieron una ponina y quedé campeón.

Eso sucedió en el campo de tiro Jorge Agostini, adonde volví para la segunda y primera categorías. De ahí entré al equipo nacional. Nicolás Rodríguez era el presidente de la federación cubana.

Su primera competencia internacional le dejó malos recuerdos…

Fuimos a la República Democrática de Alemania y aquello resultó un desastre para nosotros, pues teníamos armas muy viejas. Aun así, acabé en el lugar 16 contra tiradores de Checoslovaquia, Rumanía y los locales.  

Luego mejoraron las cosas para usted y sus compañeros…

Exacto. Asistí a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá 1970, en que Roberto Castrillo ganó el oro, yo la plata y Delfín Gómez el bronce. Además nos llevamos el título por equipos. En esa época cada país podía presentar tres atletas, a diferencia de hoy en que la federación internacional lo prohíbe.

En los Juegos Panamericanos de Cali 1971 ganamos la plata por equipos y me hice del bronce individual. Y en los Centrocaribes de Santo Domingo 1974 repetimos la victoria colectiva y además conquisté el tercer lugar individual.

Los únicos juegos olímpicos en que participé fueron los de Múnich 1972. Estábamos tensos por lo que representaba una competencia en la República Federal de Alemania. Cerré en el escaño 18, muy bueno si se toma en cuenta que asistieron los mejores del planeta con las más adelantadas armas del momento.

También estuve en los Juegos Panamericanos de México 1975, donde obtuvimos el primer lugar por equipos. Ahí hice un gran aporte: 98 puntos de 100 posibles. Integraban el grupo además Castrillo, Rubén Vega e Ignacio Huguet, ya con Delfín como entrenador.

Se habla de un tremendo duelo con su hijo Guillermo…

Sucedió en Rumanía, en el Gran Premio Cárpatos. Él era un juvenil de 17 años, pero mostraba condiciones. Nos batimos en la final y aunque lo quería mucho éramos atletas y se compite para ganar.

Tuve que tirar muy fino aquel día… Le vencí con récord para el torneo de 197 platos rotos de 200. Andábamos contentísimos y sé que aprendió la lección.

Guillermo es el mayor orgullo de la familia…

La más notable descendencia de la familia creada por Graciela y este servidor. Pero Orlando, Ricardo (murió en un accidente de tránsito), él y los nietos han sido todo para nosotros.

¿Cómo llegó el retiro?

Mi último evento internacional fueron los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Medellín 1978. Ya no estaba como antes. También la edad y la necesidad de dedicarme más a la crianza de los muchachos, a la familia en general, me llevaron a la decisión.

Después fui entrenador y ahora asesoro a los cazadores deportivos, pues soy miembro de esa federación. Disfruto del deporte en general, pero en especial del skeet. Mi hijo es de los más longevos tiradores en activo de todos los tiempos. Y si va a Tokio 2020 será de los más veteranos allí también.

¿Todavía tiene puntería?

No la de un francotirador, pero lo que bien se aprende no se olvida. Ahora mismo tomaría un arma para defender a Cuba si se atreven a invadirnos, como hace 58 años. ¡Ah! Y tengo la certeza de que tendré conmigo a Orlando y Guillermo.

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